26 de abril de 2009

De Nayarito para Judencia

26 de abril de 2009

1.- Airbag
2.- Anyone can play guitar
3.- Creep
4.- Everything in its right place
5.- Exit music (For a film)
6.- Fake plastic trees
7.- How to disappear completely
8.- Idioteque
9.- Karma Police
10.- Knives out
11.- Like spinning plates
12.- Morning bell
13.- My iron lung
14.- No surprises
15.- Paranoid android
16.- Pyramid song
17.- The tourist

*18.- Street spirit (Fade out)



Pasó un martes. Eran como las cuatro de la tarde y me disponía a tomar un baño porque tenía contemplado salir. Como siempre, busqué algo de música para amenizar el rato que anduviera a prisa duchándome y vistiéndome.

La computadora estaba muy lejos y sentí una inmensa flojera mover mis dedos para encenderla y buscar en mi biblioteca musical, por lo que hurgué en los discos que tenía a la vista y a la mano para reproducir cualquiera, pues no tenía la intención de escuchar alguno en especial.

Entonces recordé que tenía más discos olvidados del otro lado del mueble donde los guardamos, allá a lo lejos se veía una pila de discos sin caja y si nombre, esos que siempre abandono y me da flojera tocar porque no sé cuales son y para enterarme, necesito verificarlo en el estéreo.

Pero esta vez fue diferente, busqué un poco, sólo un poco porque la flojera estaba presente, hasta que me topé con un disco compacto rosa, con un montón de rayones, dibujos y adornos propios de un chiquillo que estaba aburrido y no encontró otra cosa con la cual entretenerse. Recordé que había sido un regalo de cuando yo tenía 14 años de parte de un muy buen amigo que ahora tengo mucho sin ver.

Recuerdo que íbamos en el camión camino a nuestras respectivas casas un sábado al mediodía:

- ¿Has escuchado a Nirvana?
- Claro.
- A mí me gusta Polly.
- A mí me gusta Come as you are. Pero lo malo es que yo no tengo su música, a veces los escucho en la escuela, con mis amigos que sí las tienen.
- Espérame el próximo sábado. Ya verás.

Para ese entonces el internet no era un tan fácil acceso para mí, como lo es hoy.

Y el siguiente sábado llegó. Lo volví a ver, volví a reírme a su lado y justo cuando íbamos en el camión, me entregó un disco con la cubierta rosa, rayoneado, con flores dibujadas y curvas psicodélicas.

- ¿Y esto?
- Para que luego no sufras por la música de Nirvana.
- ¡Ah! ¡Muchas gracias!
- Por cierto, también te agregué algunas canciones que me gustan, espero que a ti también te agraden.
- ¡Muchas gracias menso! No debiste haberte molestado.
- Sabes que no es ninguna molestia.

Entonces llegué y puse el disco en formato mp3 que me habían regalado. No sin antes ver algún partido de la liga española.

Empezaba con las prometidas canciones de Nirvana, algunas veces se entrometían entre ellas algunas rolas pop que llegaba a escuchar en la televisión. Conforme lo iba escuchando, me topaba con grupos que no conocía para ese entonces, y algunos otros que sólo oía pero sucedía el mismo problema: no me preocupaba por conseguir su música.

Entonces me topé con una larga lista de un grupo que hacía mucho había escuchado y que, tenía cierto significado para mí. Él no lo sabía, pero Radiohead había sido, a mis catorce años, un acompañante en ocasiones muy particulares y especiales.

Los escuché por cierto tiempo. Después los dejé. Y gracias a este amigo volvieron.

Pero sucedió lo mismo otra vez. Decidí olvidarlos un rato por ser la banda sonora de algunos acontecimientos que son imposibles de olvidar, tanto buenos como malos.

Y ahora, que volví a toparme con el disco de nuevo, 6 años después, lo volví a escuchar, específicamente a las canciones de Radiohead, volvieron a ser la banda sonora de tan desagradable tarde.

Comenzando con la primer canción del disco que llegué a escuchar mucho alguna vez, iniciando el clímax con No surprises, llegándolo con Paranoid Android y terminándolo con Pyramid Song.

The Tourist fue para llorar tranquilamente.

Y me atrevo a agregar ahora, con permiso de él, una canción que no incluyó en su lista pero que me ayudó a secar las lágrimas previamente derramadas.




Mi viejo amigo:
El asterisco del 18 te la dirá.





"Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer" - Sir Francis Bacon

19 de abril de 2009

Familias vacacionales

19 de abril de 2009

Mi familia es como cualquier otra familia mexicana. Pequeña, compuesta de 4 integrantes, con sus respectivos padre y madre con 2 hijas muy diferentes.

No tenemos excentricidades locas, somos lo que se dice, convencionales. Peleamos, nos enojamos, nos burlamos entre sí, bromeamos, lloramos, pero he de confesar que somos bastante unidos.

Al finalizar la primer semana de vacaciones emprendimos un viaje como pocos. De hecho, son contadas las escapadas que nos damos a algún lugar ajeno a nuestra ciudad. Y cuando lo hacemos, no pasan de 3 días fuera. Somos de esos que nos encanta el calor hogareño, disfrutamos los desayunos sabatinos y domingueros donde nos actualizamos de los eventos que ocurrieron en la semana, nos gusta sentarnos a ver una película juntos aún cuando nuestros gustos sean realmente divergentes. Somos casi una familia ermitaña, por eso es un poco extraño el decidirnos a aventurarnos a algún viaje en algún lugar desconocido.

El viaje que realizamos estas vacaciones fue con el objeto de visitar a mi abuelo. Él vive en un pueblo lejano y no tan arrinconado de Amatlán de Cañas. Tenía bastantes años sin verlo, y por ende, sin visitar a su familia y su casa. Quedamos en que ya habrá otra ocasión para visitar a mi abuela, quien fue la privilegiada en tenernos en nuestro viaje pasado. No podíamos negarlo, era turno del varón.

Enfilamos la partida muy temprano en la mañana. El frío es un gran amigo, pero cuando se enoja suele ser fastidioso. Me acuchillaba colándose por entre mis poros disminuyendo mi temperatura corporal. Sufrí bastante pero no dejaba de ser rico, simplemente por que era la única que sufría.

Cuando llegamos, el jardín un poco descuidado ya, nos saludó. He de decir que me gusta mucho, como todos los jardínes, pero éste tiene un poco de especial: es natural (aunque se lea redundate), es decir, no está impregnado del aire urbanizado con el que te topas en una ciudad. Olía a pueblo, a gente simple y sin tantas preocupaciones, a señores con experiencia y con enormes cosas que contar, a tierra suelta, a un cielo soleado y sin nubes grises. Todo era claro. Además, ya había olvidado el enorme reloj que está sobre una torre que está a 3 ¿cuadras? de la casa que anuncia la hora cada 15 minutos. Tampoco recordaba que tiene luces neón adornando su circunferencia en la mitad nocturna. Se puede ver desde cualquier azotea, desde cualquier lugar del pueblo.

Las paredes de piedra me recordaron cuanto me gusta la arquitectura de esa casa. Es extraño, casi no voy por lo tanto me siento un tanto incómoda. Pero esa vez me sentí realmente bien, la madrastra de mi madre nos atendió muy amablemente; y mi tía de 15 años nos saludó jovialmente. Era extraño, me pareció que había crecido muchísimo todos estos años: la última vez que la ví era una puberta de 12 años.

Es un pueblo, hay mucho y nada que ver. Todo depende a lo que estés acostumbrado. Si eres un ser atado a la tecnología, que gusta de ver carros de aquí para allá y de visitar antros cada fin de semana, este lugar no es para ti. Pero el atractivo principal y por lo que primordialmente íbamos a causa de las ansias de mi padre, era visitar un balneario de aguas termales que estaban a 10 minutos en automóvil.

Y cumpliendo el capricho de mi padre llegamos allí. Confieso que no son muy de mi agrado: el sol estaba en su máximo esplendor e introducirme en un caldero de agua hirviendo no sonaba una idea muy tentadora. Disfruté poco realmente, el agua caliente me dio sueño y casi quedo dormida en la mesa, lo bueno es que me llevé a Demian de Hesse, aunque si acaso alcancé a leer unas cuantas páginas. Patético.

Se hacía tarde, era hora de volver. Mi madre propuso una visita rápida al centro del municipio (no del pueblo en el que nos hospedábamos). En el trayecto, mi madre nos iba contando de los lugares que visitaba cuando era adolescente, pues creo no he mencionado que ella es originaria de allá.

El centro consta de una plaza mediana, con un kiosko en el centro y muchas bancas regadas por doquier; además de tiendas, una neveria, la presidencia municipal, puestos de comida, restaurantes de comida variada y casas y más casas viejas, con calles empedradas estilo Guanajuato. Cuando nos dirígamos del auto a la plaza, me encontré con una fuente de aguas cristalinas, por lo que ya sabía que debía hacer: los 3 buques que simbolizan mi felicidad ya navegaban en medio de un lejano atardecer.

Primero rondamos un rato por las tiendas. Como siempre, no compré nada. Luego propuse ir a la plaza y sentarnos para ver el ocaso. Mi petición fue aprobada y ahí estábamos los 4 aplastados en una banca, yo recostando la cabeza en el regazo de mi padre, mientras la jefa de la casa nos contaba anécdotas pasadas, viejos recuerdos, antiguas experiencias. Fue una tarde realmente exquisita, convivimos puramente como una familia que no tiene nada mejor que hacer.

Cuando íbamos de regreso a la casa de mi abuelo, visualicé todo el panorama de tierras diferentes a mi residencia original. El cielo parecía un lago lejano y las nubes sus límites, incluso habían algunas que asemejaban árboles reflejados en el agua falsa. O tal vez tengo mucha imaginación, o tal vez no.

No he contado mucho sobre el padre de mi madre. Es un hombre hiperactivo y con claras tendencias a la locura. No puede estar quieto ni un sólo momento, ni siquiera cuando come. No se está más de 1 hora en un sólo lugar porque ya tiene sabe cuantas cosas qué hacer. Es médico y aunque tiene su consultorio, no suele estar ahí porque como ya he dicho, le encanta vagar por aquí y por allá. Realmente, por mi falta de convivencia con él, desconocía muchas cosas, pero gracias a este viaje le he preguntado unas cuantas y esto es lo que pude obtener:

- En septiembre cumplirá 70 años.
- Es graduado de la UNAM.
- Presiente que tiene más hijos (y yo por lo tanto más tíos), pero realmente no lo sabe.
- Era propietario de varios restaurantes de la zona.
- Tuvo el Síndrome de Guillain-Barré hace como 2 años, y la única secuela que le quedó fue una disminución permanente de la fuerza.
- Está más loco de lo que creí.


La herencia.
Ahora sí ya no me preocuparé al preguntarme de dónde demonios viene mi nata locura.




"La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo" - Jean-Louis Barrault

18 de abril de 2009

Para la posteridad

18 de abril de 2009

Grabado lo que está debajo del título y por encima de la imagen.



Por si las dudas.




"Los adultos siempre caen"
- Eduardo Havid Zúñiga



Actualización:
¡Ah! Y también la frase. Nos la dijo un niño de 5 años. Es para atesorarse.

16 de abril de 2009

Will you please be there for me?

16 de abril de 2009





If I gave you my heart,
would you give yours to me?
If I made a proper start,
would you take me seriously?
If I wait for the right moment,
would you say yes to me?
If all my friends desert me,
would you be there for me?
Will you please be there for me?



Sonó el despertador, o al menos eso creí. Y efectivamente, no era la alarma de mi celular, sino éste titilando de vibraciones en el suelo junto a mi cama. Eran las 12 de la madrugada en punto cuando abrí la tapita de mi móvil para visualizar lo que era un mensaje que dibujó una sonrisa en la sonrisa que ya estaba dibujada en mi rostro al leer el remitente.

Cuando volví a dormir, soñé que el autor de ese mensaje se difuminaba paulatinamente hasta finalmente, convertirse en polvo.

Cuando desperté decidí que me tomaría el día en cuanto a responsabilidades laborales. Era dedicado a mí y a construir mi felicidad. Eso incluía el levantarme con la mayor parsimonia del mundo, ducharme y vestirme como usualmente no lo hago. Había una mujer escondida en algún recóndito espacio de mi ser, y era hora de que la sacara a pasear un rato.

El mundo me daba la bienvenida: hacía un hermoso día primaveral: radiante, cálido, el sol cumbre y con maravillosas nubes queriendo jugar con él; los árboles desprendían delicioso oxígeno que alimentaba mis pulmones, eran tan verdes y frondosos como para dibujarles manzanitas en su copa y sacudirlos hasta que cayeran las ficticias frutas de papel.

Aunque el ambiente era perfecto, había algo que no encajaba bien. Me sentí frustrada por planes frustrados, renegaba interiormente por aquello que no podía evitar pero que realmente deseaba mandar al carajo. No me sirvió de nada, pues nada pude remediar.

Entonces me senté en una banca a esperar.

No esperaba a que llegara la solución al problema, ni que me cayeran hojas del cielo con las respuestas a las incógnitas de mi vida. No esperaba eso, más sin embargo, pasó.

Llegó y me recostó en su regazo. Me cerró los ojos con una mirada y comenzó a leerme una bella historia en la que la protagonista era yo. Yo de niña, yo infante, mi yo actual. Yo.

Sonreía exteriormente de vez en vez, pero en realidad mi cerebro no dejaba de hacerlo, mi corazón se apaciguaba a cada momento con pequeños alfileres de felicidad que lo hacían sangrar de alegría, mis ojos se bañaban en lágrimas radiantes de felicidad que escribían en agua las gracias infinitas por haberme creado un mundo en el que yo era yo misma. Su protagonista sin villano, con el decorado perfecto y sin necesidad de ardonos sobrepuestos. Era tan simple que era tan hermoso.

Cuando le abracé para agradecerle me encontré con que nos encontrábamos en un lugar ajeno y desconocido pero no por mí. Era un paradisiaco lugar lleno de pasto verde que flotaba por encima de la tierra sucia que sembraba a las palmeras y árboles que lo habitaban. Habían pequeños montecitos por los que se podía rodar y frutitas frescas que cubrían gran parte de su superficie. Se veían veredas que te marcaban el camino, pero nunca limitándote como para no perderte en tu propio destino. Tú podías elegir: si lo habitual o el cambio. Era una zanja mágica, que desprendía aromas capaces de contagiar de emoción hasta al más amargado tejón que se atreviese a explorarla.

Una tanda de caricias y alientos compartidos y sellamos el trato con nosotros y el lugar mágico. Ya era parte del encanto de nuestra relación. Indiscutiblemente.

Pero era momento de partir. Y nos fuimos. Y me harté de no hacer nada. Veía en sus ojos la tristeza/desesperación por no poder cambiar el modo en el que mi cerebro se había colocado: apático. Sólo quería tomarle de las manos y salir a recorrer el mundo, mi ciudad; aventurarme a la dicha de lo nuevo, de lo creativo: pero nada se me ocurría. Y mi desesperación aumentaba, comenzaba a molestarme. Es molesto estar desesperado en un día radiante y cálido.

Entonces recurrimos al método de emergencia más típico pero efectivo: ya veremos que encontramos. El azar. No deseché la idea, puesto que cualquier cosa era mejor que estar ahí esperando a que me bañara en las necesidades de una paloma, otra vez.

Y llegamos. Y apareció el momento cumbre.

Una fila de pequeñas bolitas dispuestas en círculo lanzaban grandes chorros de agua a una mayor, en el centro. Además de pequeños palitos en medio de las bolitas les acompañaban, arrojando agua también. ¡Hasta ese pequeño ser impotente que alguna vez juzgué se esforzaba por no quedarse atrás y ser parte de este grandioso día! Me tomó de las manos y me condujo al hidroespectáculo que se presentaba sólo para nosotros. Y gratis. Privilegiados.

Aún continuaba con la desesperación recorriendo las venas de mi ser. Pero nunca se detuvo, nunca se cansó: me incitaba a cambiar el humor. Gracias por eso, gracias de verdad. Me tomó de la mano de nuevo y sin decir nada (aunque yo ya lo sospechaba) me colocó en medio de uno de los lados del cuadrado que tenían por tarima las bolitas y palitos arrojadores de agua. Y cuando el viento se aprovechó de nuestra gentil inocencia ¡zaz! Se puso de acuerdo con la brisa para darnos el más tremendo chapuzón de agua fría que he tenido en mi vida. Sí, en mi corta vida.

Y ahí estábamos, bañándonos para el mundo, para la gente insulsa que pasaba y se maravillaba de ver algo que coloreara sus grises vidas, para nosotros. Era vida, era placer, era frescura, era la perfecta demostración de la locura que en conjunto llegamos a ser. Nos miraban entre recelosos, sorprendidos y con la envidia a flor de piel. ¿Porqué? No tengo idea, tan fácil que es hacer lo que te plazca sin importarte lo que el de al lado pueda decir de ti.

Y empapada quedé. Y mojado quedó. Y bañados quedamos. Pero no era agua lo que nos cubría, era la demencia de nuestras ideas infantiles que nos obligaban a demostrarnos a nosotros mismos que las ataduras y los miedos no están en nuestro vocabulario. Era la manera de dibujarnos una sonrisa sincera, un cálido abrazo y un beso honesto no ante nuestros sentires, porque estos por sí solos ya lo son, sino ante la carátula de nuestro ego, ante la capa exterior que todos ven, ante la coraza que nos cubre, ante lo que tú y tú se dicen ver.

Éramos felices. Pura e inocentemente felices. En toda la extensión de la palabra.


Y al final, después de secarnos al sol como iguanas, decidimos correr y conversar con las estrellas que llegaban de invitadas. Cuando nos despedimos de éstas, no sin antes pedirles nuestro eterno deseo, volvimos a la escena del crimen:

Tres buques con dos nombres y una insignia marcaron el final del día.
La Noche y la Luna les guiaban el camino, porque recuerdan que el destino ayuda, pero que no es lo único ni mejor que construir tu propio futuro.



Gracias.
20 años tuve que esperar para esto.


No son nada, no son nada.
Eso es todo...





"He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño" - Joseph Heller

9 de abril de 2009

Cruz de Navajas

9 de abril de 2009

"Magdalenas
del
sexo
convexo.



José María Cano





"Uno aprende a construir todo su camino en el hoy porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes y los futuros tienen una forma de caerse a la mitad" - Jorge Luis Borges



7 de abril de 2009

120 minutos ago

7 de abril de 2009

Extraño el sonido de tu voz vibrando en mis oídos.
Extraño el contacto de tus suaves y ásperos dedos en mi terciopelo.
Extraño el jugueteo de tus manos en la enredadera que tengo por cabello.
Extraño el calor de tus brazos en una noche fría de cándida primavera.
Extraño el intercambio de tus labios con mi aliento.
Extraño el brillo de tu mirada penetrándome.
Extraño esa curva ascendente muy tuya que construye a la mía.


Te extraño a ti.
Te extraño todo.
Me extraño a mí.



Hace mucho que no te veo, que no sé de ti.



Este par de horas se me han hecho eternas...





"El optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa" - Anónimo

1 de abril de 2009

¡Úchala de aquí!

1 de abril de 2009

Ahora resulta que cualquiera puede ser escritor. Ahora resulta que todos son escritores.

Me caen en la punta del pie esos seres (no sé de otra manera como llamarles) que se dicen ser escritores, o peor aún, que aspiran a serlo en un futuro, y redactan como si escribieran con las patas de una cucharacha.

Ya había expresado anteriormente mi molestia a esa aquerosa y terriblemente antiestética manera de escribir (tradúzcase como metrofloguero), pero es el colmo que tengan de verdad la intención de ser literatos en un futuro y hasta publicar algo así como un libro.

¡Bah! ¿Qué no se sienten conformes con haber inundado la internet de blogs y paginillas con fotos horribles de esos garabatos que se dicen ser palabras coherentes? Nomás porque ya abrieron un blog donde tienen la completa libertad de publicar lo que les de su gana y contarle al resto del mundo como les fue con su síndrome premenstrual, en la boda de Paquita o que el corazón les sangra en una copa porque su amante los dejó por el popu del salón, ¡ya se dicen: 'mi blog está re chulo, la gente me busca, me comenta y adula, ¡soy un gran escritor! Tal vez dentro de un par de años redacte un libro, lo publiquen y sea famoso, por lo que filmarán películas de mis historias y seré millonario'!. Puaj, que asco.

Y los tópicos que abordan, ¡por dDios! Hablan de sus uñas, de su perro y de "lo pendejo que está el mundo" como si tuvieran grandísimos encuentros intrapersonales en los que la profundidad de sus pensamientos no puede ser expresada con palabras.


Me desesperan. Váyanse al carajo (¡y tampoco escriban allá!).




¡Ja! ¡Ahora resulta que cualquiera es escritor!

(también aplica para los cantantes).




"¡Un genio! ¡He practicado catorce horas diarias durante treinta y siete años y ahora me llaman genio!" - Pablo Sarasate
 
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