29 de junio de 2009

Brutalmente cursi

29 de junio de 2009

Creo que siento que ya no te quiero.


Nah, es porque no te he visto. Cuando vuelva a verte te apretaré tan fuerte que te sacaré las vísceras y las usaré de bufanda.


El corazón actuará de peluche en mi cama.


Es que me gusta explotarte.



He dicho.





"Es cierto que no te quiero tanto como cuando éramos novios, pero es que a mí nunca me han gustado las mujeres casadas"
- Proverbio Americano

28 de junio de 2009

Comodín

28 de junio de 2009




Tema: Cruz de Navajas
Intérprete: Mecano
Álbum: Entre el cielo y el suelo
Compositor: José María Cano
Año de lanzamiento: 1986


Según la Sra. Wikipedia:

La canción habla sobre el tema de la infidelidad, cuenta la historia de una pareja envuelta en la monotonía y el hastío en la que a veces caen las personas sin darse cuenta, el descuido y la falta de atención del uno en el otro, y la necesidad imperante de llenar ese vacío emocional y salir en busca de nuevas sensaciones. La canción termina trágicamente con la traición infraganti que sufre Mario a manos de su esposa María seguida de la muerte de Mario de una estocada en el pecho a manos del amante y la mentira de la esposa, indicando que murió al ser asaltado por dos drogadictos.


En realidad todo lo descrito anteriormente es pura palabrería. Las canciones, como todas las cosas, pueden tomar la interpretación, el sentido y la importancia que uno les de. Nosotros podemos convertirlas en un almacén de recuerdos, en una lágrima, en una sonrisa, en un ahnelo, en todo lo que se te pueda ocurrir.

Pues bien, esta canción es una parte importante de mi repertorio musical. La conocí hace muchos años, cuando era una niña y la radio vieja tocaba mi estación ahora favorita. Confieso que antes no la comprendí, tardé mucho para desmenuzarla y encontrarle un sentido, pero ahora que la entiendo a la perfección, puedo permitirme decir con orgullo que conozco a una pareja que vive en el cuece de su amor, que sigue sazonándolo y se dicen ligeros te quieros antes de dormir.

Se seducen quedamente no con lujuria y avidez, sino con experiencia y sutileza, abonándose con ternura y rocío. Se sirven con ahínco, se gozan, se necesitan. Sus apapachos llegan a ser melosamente cursis, pero no dejan de ser bellos, y cuando se sonríen honestamente es como si se mostrara frente a mí la verdad de un amor sincero. Es saber que aunque pasen los años aún pueden decir "¿qué haría yo sin él?".

Dos años después de lanzada esa canción, se conocieron y convirtieron a ésta en su himno. No por su letra, sino por su candencia, sus recuerdos jóvenes, el resultado de lo forjado en tanto tiempo.

Se encontraron, adularon y amaron, para que hoy, 21 años después, celebren la venida de algo que no tiene planes de concluir.


Nadie más que quien ha estado y está enamorado puede enseñarme qué significa vivir rodeada de amor. Gracias por dejarme ser parte de su aldea, de su mundo.



Me gustaría quedarme a vivir 21 años, tan sólo para saber qué se siente celebrar eso y así...




"Pinta tu aldea y pintarás el mundo" - León Tolstoi

25 de junio de 2009

Una verdad incómoda

25 de junio de 2009

A diario nos topamos con informes externos, nos enteramos de cosas que tal vez no queríamos saber, nos comunican una tragedia o alguna alegría. La relatividad está presente aquí, ya que lo que para algunos lo que le comunican es una dicha, para otros es la mayor catástrofe de su vida.

Sin embargo, hay aspectos del ser humano en los que la relatividad -considerando el ejemplo anterior- no entra. Me refiero a cuando hablamos a la humanidad en general y no como personas individuales. Aquello que nos define como la especie que somos, las características en común, los hábitos propios de nuestro existir, el lugar donde habitamos; son aspectos de nuestra especie que no podemos permitirnos el modificar ni moldear a nuestro gusto y capricho, pues eso significaría aparte de arrogancia, el acabar con la adaptación que la evolución nos ha ofrecido a lo largo de millones de años.

El lugar donde habitamos es uno y único: el planeta Tierra. Caemos en la ambigüedad de no creer en la eternidad porque no conocemos nada eterno, pues todo lo que observamos a lo largo de nuestra vida notamos que tiene ese ciclo clásico que desde pequeños nos enseñan: naces, creces, te reproduces y mueres. Sin embargo, cuando no nos conviene creer que algo tan importante y que nosotros no podemos moderar –como este planeta- pueda llegar a acabarse, terminar su ciclo, morir, tendemos a elegir la opción de que éste sí es eterno.

Hemos visto cambios muy a menudo y últimamente. Fenómenos naturales extremadamente agresivos que nuestras generaciones anteriores tuvieron la oportunidad de presenciar si acaso, en raras ocasiones. En la actualidad, el escuchar de un nuevo huracán, un tornado o un posible tsunami es el pan de cada día, lo que los noticieros tratan de vender cada vez que encendemos la televisión y nos sentamos a comer.

Pero hay un enorme pero: algo sucede con nosotros, algo malo, quiero decir. Los seres vivos tenemos la facultad de responder ante el peligro y la amenaza de manera instintiva. Los animales lo hacen cuando sospechan que serán atacados, nosotros mismos quitamos el dedo cuando sentimos que algo nos está quemando, pero parece que en lo que se requiere un gran impulso de respuesta nos quedamos paralizados, o tal vez nos da flojera, o tal vez sólo estamos acostumbrados a responder cuando la muerte, el sufrimiento y el dolor están justo frente a nuestras narices.

Pero hay algo peor que morir repentina y bruscamente: morir lenta y dolorosamente. Incluso puede ser aún peor el ver morir de esta misma manera a las personas que amamos, a nuestros semejantes, pensando que mañana nos puede suceder a nosotros.

Y sin embargo, cuando seguramente se lean estas líneas serán ignoradas, como a diario solemos ignorar lo que aquellos que tratan de avisarnos que un problema ecológico real está afectando al mundo: el calentamiento global.

Este problema representa el agente causal de la muerte que no queremos experimentar: la que se sufre y no se olvida. Poco a poco mataremos a las especies animales y vegetales, a nosotros mismos, sólo por ser el castigo que merecemos por cometer el máximo crimen ecológico de todos: asesinar a nuestro planeta.

La Tierra no es eterna, debemos aprender eso, pero cuando uno aprende algo se comprende también, y cuando se comprende se lleva a la práctica lo aprendido. Es un ciclo vicioso pero muy bonito y beneficioso, como una retroalimentación positiva. Y si nosotros no estamos haciendo nada por ayudar aunque sea un poco a nuestro hábitat natural significa que somos unos completos ignorantes en lo que concierne a su materia.

La ignorancia es la madre de todos los males. Cuando algo no lo sabemos actuamos como creemos es lo correcto sin reparar si estamos perjudicando a terceros. Pero la ignorancia se resuelve muy fácilmente: aprendiendo, conociendo, experimentando, practicando, haciendo. Todo lo que implique la adquisición de nuevos conocimientos, pero además, el aplicarlos.

Pero existe algo peor que la ignorancia, aunque no lo creamos: la indiferencia. Cuando sabemos que algo sucede, que algo va mal, que hay algún problema y se necesita de nuestra ayuda, pero aún así no cooperamos en la resolución del mismo, nos convertimos en lo más bajo y ruin de la condición humana. Ser indiferente a algo que podemos evitar, que podemos mejorar es una muestra de incapacidad básica de amar.

Y hablando del calentamiento global, y como cada día y cada noche nos bombardean con información, no podemos llamarnos ignorantes del tema, sino indiferentes, lo que se traduce en vileza. ¿Acaso cuántos de nosotros hemos aprendido la cultura de depositar la basura en su lugar, de consumir la menor energía posible, de caminar en vez de usar el automóvil si es posible, de apagar la luz eléctrica si no la ocupas, de al menos sentarte a hablar de esto con tus conocidos, concientizarlos y fomentar un proyecto de mejora del ambiente? ¿Acaso nos dormiremos en nuestros laureles, para que cuando despertemos nos encontremos con sólo el recuerdo de lo que nuestro bello planeta fue?

Dirás tal vez que para cuando eso suceda tú ya estarás muerto, que no tendrás porque sufrir esas catástrofes y tragedias, pero, ¿y tus hijos? ¿dónde vivirán? ¿acaso no te importa el mundo que les dejarás como herencia? Si no te importa, lástima por ti, que ellos en un futuro seguramente se preguntarán qué clase de padre haría una cosa tan cruel.

No tengamos miedo a rebelarnos. Hemos hecho guerras de independencia, las mujeres ya podemos votar, el acceso a la información está al alcance de unas cuantas tecleadas, la tecnología cada día avanza para generar más instrumentos médicos que te curen cuando padezcas una terrible enfermedad. Todos ellos están haciendo algo por ti.


El mundo está haciendo algo por ti.


Pero, ¿tú estás haciendo algo por él?


Ojalá el día de nuestra muerte sigamos sin creer en la eternidad, así tal vez podríamos comprender lo que nuestro planeta está agonizando hoy.



Justo como agonizarás tú.



"No se puede dar marcha atrás al reloj, pero sí se le puede dar cuerda nuevamente" - Anónimo




22 de junio de 2009

Empezando la eternidad

22 de junio de 2009

A veces pasa que uno se pregunta si el amor es algo que realmente existe o es sólo una ilusión. Un asunto mercadotécnico sólo con fines lucrativos. Una máquina generadora de dinero, de placer, de sexo. Palabras bonitas, películas domingueras, sexo conciliador, nada más.

Y es que vemos el mundo infestado de sentimientos negativos que lo más común es adaptarse para sobrevivir de acuerdo a la maraña de gente que te rodea. Y que, cuando crees tener un crush no sabes a ciencia cierta si es algo real y presente, o algo ficticio y una necesidad de tu propio subconsciente de la compañía de alguien, de amarle, de tener un objeto por el cual vivir, un algo que te impulse a hacer cosas nuevas, a llegar más allá.

Sin embargo, nadie está exento de caer en ese estado de miseria mental, como lo llamó José Ortega y Gasset. Y aún después de subir y revolotear con maripositas a los lados, caer y darte el golpazo de tu vida. Muchos no suelen -ni saben- reponerse a un fracaso amoroso.

En mi opinión muy particular, el amor y el enamoramiento son dos perspectivas diferentes, que si bien pueden ir aunadas, también son independientes una de la otra. A mi corta vida ignoro por cual de las dos facetas -o por ambas, o ninguna- he pasado, sólo sé que he sentido cosas, pero ninguna como la que me embarga hoy.

Sólo puedo limitarme a sonreír, a gritar a los cuatros vientos que algo existe dentro de mí, positivo y agradable, fantástico y maravilloso; que renueva dichas escondidas y me muestra el panorama de este planeta de otra manera.

Esas ilusiones dejaron de convertirse en sueños para adoptar el nombre de metas. Creo que estoy avanzando, creo que estoy adoptando nuevos sueños, más difíciles pero más saboreables. Es delicioso sentir el disfrute de lo desconocido en otra persona, ir acompañada ahora y sin temores personales que sólo te arrinconan y no te dejan salir a la avenida, para irte a pasear junto a los botes de basura.

Es grandioso el calor que despiden las tardes lluviosas, con el ambiente fresco de la brisa aromática propia del verano, con palabras dulces embriagando mi ser, con respuestas positivas dibujadas en una sonrisa. Alguien tocó la puerta, pero ahora ya no me pregunto quién.


Ojalá todos los días fueran 21.



No importa, todos los días son y serán ochos dormidos.




"La vida comienza cuando la fantasía muere" - Anónimo

14 de junio de 2009

Binomio anual

14 de junio de 2009

Ah sí, se me olvidaba.


Hace unos días esta cosa cumplió 2 años.


Y para celebrar, les agradezco a aquellos enfermos que siguen pasando por aquí, leyendo o simplemente observando por curiosidad.

A los que ya no vienen, me alegra que hayan encontrado un lugar mejor.



Creo que comenzaré a hacer lo mismo, por mi propia salud mental.





"Decir la verdad cuando sabemos que nos pesará es la mejor prueba de honradez" - Dave Weinbaum

7 de junio de 2009

"Semana" Cultural

7 de junio de 2009

Son las 10.30 de un domingo cualquiera y yo debería estar haciendo un ensayo acerca de una materia sin importancia, pero como tengo fiebre y una terrible faringitis, he decidido cumplir mis caprichos de enferma y aventar al tajo el dichoso ensayo, que muy probablemente ni será empezado.

Y como no encontré otra forma de perder el tiempo además de jugar Pacman, estoy escribiendo aquí, en este blog abandonado y con telarañas.

Aunque en realidad sé que ya no es extraño que no vean actualizaciones continuas en este horrendo lugar, una razón importante por la que esta semana me desaparecí en este espacio es porque tuve mi semana cultural. Hace más o menos un año les comentaba que medio participé en ciertas actividades y no por voluntad propia, sino porque mis agraciados compañeros me inscribieron sin mi autorización. Que igual aunque no fue un éxito, me divertí muchísimo.

Este año fue, digamos, extraño. Mi grupo no se ha caracterizado por ser uno organizado, ni por su unidad o por ofrecer apoyo a algún integrante que lo necesite. Siempre que alguien toma la iniciativa de hacer algo, y le pide al grupo que aporte dinero (para fiestas, pistos, posadas) o mínimo una opinión (graduación, congresos) suele recibir una negativa, indiferencia o un muy claro 'no me importa lo que hagas'.

Pues bien, este año todo pintaba para que la semana cultural pasara como han pasado los otros dos anteriores, sin ton ni son, cada quien ensimismado en sus cosas, ñoñeando, preocupándose por sus quehaceres o simplemente ignorando la pachanga que hubiera fuera del aula. Sin embargo, hubo quien dijo "podemos entrar a los concursos simplemente para divertirnos, sin aspirar a nada o, en cambio, entrar, divertirnos, hacerlo bien y además, ganar". Eso parece que nos caló, ya que mi generación se destaca por ser en exceso competitiva, por lo que cada quien se identificó en lo que se consideraba aceptablemente bueno y se registró en alguna actividad.

Yo realmente creí que quedaría sólo en la palabrería y que nadie se preocuparía por inscribirse en algo, mucho menos en ganarlo, puesto que teníamos un par de exámenes esa misma semana (sí, a diferencia de otras facultades, aquí se alternan los eventos con las clases -y los exámenes-). Yo terminé inscrita en el torneo de futbol, volibol y en un concursillo de "si te la sabes cántala" (según tengo habilidad en eso de reconocer las canciones en los primeros segundos de escucharlas, mas no en cantarlas).

¿Queréis saber el resultado? Primero el recuento semanal.

Lunes.- El primer concurso fue temático. Cada grupo debía elegir un tema del cual adoptaría un vestuario y adornaría sus autos al mismo estilo para realizar una caravana que se pasearía por las calles de nuestro prejuicioso Tepic. Se calificaba la originalidad, la estética y no sé qué otras cosas. Elegimos vestirnos de vagabundos y, en vez de adornar nuestros autos (ya que los vagabundos no tienen carro, ja!) optamos por rentar un camión de esos que usan para cargar y transportar el cemento (ignoro como se llamen). Yo recorté una playera vieja, haciéndola tiritas; rompí mi pantalón, porté mis Converse gastados, me pinté el atuendo y la cara con carbón y salí a la calle a interpretar mi personaje (que no distaba mucho de como suelo vestirme, salvo por el carbón). Éramos 20 tipejos trepados en un camión de la basura, con escenografía compuesta por periódicos en el suelo, botes, cartones y jabas. Lo mejor de todo fue que no gastamos casi nada, y ¡ah sí! Ganamos ambos: vestuario y caravana.

Martes.- Iniciaba el torneo de volibol, mas yo no jugué en este partido. Ganamos, no porque fuéramos buenas, sino porque las otras eran realmente malas. El primer partido de futbol varonil también fue ganado por nuestro grupo.

En la tarde hubo el concurso de canto (que sustituyó al "si te la sabes cántala", al cual yo me había inscrito; a este obviamente no lo hice) y baile. En el primero, participaron dos compañeros de mi grupo, que aunque no ganaron, recibimos puntos por la participación (con sólo inscribirte en cualquier cosa recibías puntos). Y en el segundo, según los jueces nosotros habíamos ganado, pero resultó un desacuerdo del público en que no debíamos ganar porque no respetamos las reglas de la convocatoria, por lo que nos quitaron el primer lugar. Aclaro que realmente no había nada que pudiera quitarnos el triunfo en la convocatoria, pero así lo decidieron y así comenzó el primero de varios ataques a nuestro grupo.

Miércoles.- Ni me acuerdo qué pasó. Ah sí, primer partido de fucho, que fue un fracaso total ya que perdimos y además terminé lastimada de un pie. Fue también el segundo partido de volibol que terminamos ganando por default porque las monas contrarias jamás se presentaron.

Obtuvimos más puntos por poner un puestito de dulces en la kermés, por participar en el rally (el cual ganamos, junto con el vestuario más original -¿albañiles?-). Más tarde se hizo un concurso de divas -trasvestis simpáticos y encantadores pues- y el Jeopardy. A ninguno de los dos asistí, puesto que estaba muy cansada y lastimada por el partido, pero tengo entendido que en las divas no la hicimos (salvo los puntos de la inscripción por participante), pero en el Jeopardy sí ganamos (y cómo no, si están los dos mejores promedios de la generación).

Jueves.- En la mañana tuve mi examen de Urgencias Médicas (ya se habían olvidado de la escuela ¿verdad?), en el cual me fue muy bien. En la tarde fue la piscinada donde se jugaron los siguientes partidos de voli y futbol, así como otros concursillos en donde se enseña carne, pero como no fui porque la hueva me afloró, me perdí de estos eventos y por ende, de los resultados. Aunque por ahí me enteré que de nuevo atacaron a mi grupo por que había sido éste quien había ganado los concursillo enseñadores de carne, por lo que al final se decidió en que no hubieran ganadores.

Al final, en la noche me llamaron para informarme que íbamos empatados con otro grupo y que el puntaje definitivo nos lo daba la última actividad: un bizarro concurso en el que se disputaban la corona los hombres más feos de la facultad. Aunque había jurado, también influían las porras, por lo que me pedían asistir a un antro a gritar como loca que ganara el muchacho feo de mi salón (sí... fui a un antro...).

¿Y qué creen? Mi muchachote feo resultó ser el más feo de la escuela, es decir, ganamos.

Y como ya les había mencionado que hubo varios ataques a mi pobre y desorganizado equipo, esta vez de nuevo resultó la protesta por que ganamos este último concurso y con él toda la semana cultural, querían arrebatarnos nuestra preciada victoria. Ja! A nosotros que nos caracterizamos por no participar en nada, por ñoñear siempre y por ser los menos sociables de toda la facultad. Querían robarnos ese trozito de felicidad, ese rayito de luz que nos hacía creer que no somos tan malos socialmente hablando (bah, a quien engañamos, somos muy malos en eso de la cuestión social).

En fin, mientras afinan sus ataques e intentan quitarnos el triunfo, nosotros nos vamos a playa a disfrutar el premio que ganamos por obtener el máximo de puntos en esta semana cultural.

Fue rara, porque en esta sí me inscribí voluntariamente, porque la ganamos, y porque nos iremos a la playa con ciertos gastos pagados de manera grupal.



Ja! ¿Quién lo diría? De todos modos, para no perder la tradición, yo no iré a la graduación.





"La victoria fácil es sin sabor, no deja huella en nuestro corazón, ni deja satisfacción alguna" - Gualberto Alcántara Olalde

5 de junio de 2009

5 de junio de 2009
I don't wanna be here.



Who wants to take me out?



I promise I'll pay.



How much?
 
~ Me & Nothing ~ © 2008. Design by Pocket