Es intoxicante estar con alguien tan lleno de vida.
-Susan Orlean
-Susan Orlean
Han pasado muchas cosas en los últimos días, todas dignas de contarse y de ser arrumbadas sin comentárselas a nadie, salvo a ti mismo.
Me dieron ganas de volver a esas epoquitas en las que cualquier cosita me emocionaba, la convertía en lírica y ¡pam! al minuto siguiente ya tenía hojas llenas de letritas con su descripción a mi muy peculiar manera.
Aunque eso es sólo un ejemplo de todo lo que implica la idea, ya que a veces en realidad dan ganas de volver a hacer esas cositas que solías hacer, regresar a aquellos hobbies, tener un flashback de tu vida pasada. Pero lo feo es cuando, por más que quieras, nomás no lo consigues.
Sabes que eres bueno haciéndolo, incluso algunos te alientan al retorno, tu propio cerebro te impulsa a seguir con aquello que alguna vez iniciaste pero que jamás finalizaste, tus ganas y ansias de comerte al mundo entero vivo es prácticamente descriptible.
Pero no lo haces, ni lo logras, te subestimas, decepcionas a los que esperaban algo grande de ti, te decepcionas de ti mismo, te sumes en la depresión que te produce tener una idea estancada en la mente, ves como otros con tan sólo intentarlo lo consiguen, incluso lo hacen mal, ¡tú sabes que lo harías muchísimo mejor! Sin embargo ahí estás, postrado en una cama, en un sillón, esperando a que por fin decidas levantarte y empezar a desdoblar tu proyecto, moverte; ves el éxito allá a lo lejos, sabes que estás a sólo unos cuantos pasos de alcanzarlo, siempre has caminado por ese sendero, nada más te falta atravesarlo.
Pero te preguntas si tienes distimia o qué sé yo, pues al cabo de un rato estás feliz con la negra intención de cumplir tu objetivo, pero después no soportas el oscuro velo que te impide reaccionar, moverte, pensar, crear, lograr.
Es cuando, incluso puedes llegar a darte cuenta de que eso no está hecho para ti, que es imposible lograrlo, que por más que te esfuerces terminarás haciendo una tontería y no lo que el público ni tú mismo se merecen. -No-, te dices. Te introduces en un negativismo que te impide avanzar, te encierras en tu cuarto y comienzas a expresar tus frutraciones de la manera más inesperada -y repulsiva- posible. Ya no sabes qué hacer, ya no sabes a quién acudir, ni siquiera tienes una idea tangible de quién demonios eres.
Luego comprendes que eso no es imposible, pero sí muy difícil, y que si llegases a lograrlo serías el héroe, el ejemplo a seguir, un objeto de admiración.
Mas cuando te dispones a hacerlo caes en la cuenta que lo difícil no es hacerlo, ni que la felicidad está cuando tienes tu trabajo finalizado, ni que la parte más valiente de crear algo no es lo creado, sino,
cuando te decides a empezarlo. Todo por lo que tuviste que pasar, lo que tuviste que sufrir y lo que tuviste que matar para darle vida a otra cosa más.
¿Cuál es la clave?
Mover el primer dedo.
Tú eres lo que amas, no lo que te ama.
-Donald Kaufman
"Si puedes hacer una cosa con los ojos cerrados, es hora de que busques algo nuevo" - Kathie Lee Gifford





