31 de julio de 2009

El ladrón de orquídeas

31 de julio de 2009

Es intoxicante estar con alguien tan lleno de vida.
-Susan Orlean




Han pasado muchas cosas en los últimos días, todas dignas de contarse y de ser arrumbadas sin comentárselas a nadie, salvo a ti mismo.

Me dieron ganas de volver a esas epoquitas en las que cualquier cosita me emocionaba, la convertía en lírica y ¡pam! al minuto siguiente ya tenía hojas llenas de letritas con su descripción a mi muy peculiar manera.

Aunque eso es sólo un ejemplo de todo lo que implica la idea, ya que a veces en realidad dan ganas de volver a hacer esas cositas que solías hacer, regresar a aquellos hobbies, tener un flashback de tu vida pasada. Pero lo feo es cuando, por más que quieras, nomás no lo consigues.

Sabes que eres bueno haciéndolo, incluso algunos te alientan al retorno, tu propio cerebro te impulsa a seguir con aquello que alguna vez iniciaste pero que jamás finalizaste, tus ganas y ansias de comerte al mundo entero vivo es prácticamente descriptible.

Pero no lo haces, ni lo logras, te subestimas, decepcionas a los que esperaban algo grande de ti, te decepcionas de ti mismo, te sumes en la depresión que te produce tener una idea estancada en la mente, ves como otros con tan sólo intentarlo lo consiguen, incluso lo hacen mal, ¡tú sabes que lo harías muchísimo mejor! Sin embargo ahí estás, postrado en una cama, en un sillón, esperando a que por fin decidas levantarte y empezar a desdoblar tu proyecto, moverte; ves el éxito allá a lo lejos, sabes que estás a sólo unos cuantos pasos de alcanzarlo, siempre has caminado por ese sendero, nada más te falta atravesarlo.

Pero te preguntas si tienes distimia o qué sé yo, pues al cabo de un rato estás feliz con la negra intención de cumplir tu objetivo, pero después no soportas el oscuro velo que te impide reaccionar, moverte, pensar, crear, lograr.

Es cuando, incluso puedes llegar a darte cuenta de que eso no está hecho para ti, que es imposible lograrlo, que por más que te esfuerces terminarás haciendo una tontería y no lo que el público ni tú mismo se merecen. -No-, te dices. Te introduces en un negativismo que te impide avanzar, te encierras en tu cuarto y comienzas a expresar tus frutraciones de la manera más inesperada -y repulsiva- posible. Ya no sabes qué hacer, ya no sabes a quién acudir, ni siquiera tienes una idea tangible de quién demonios eres.

Luego comprendes que eso no es imposible, pero sí muy difícil, y que si llegases a lograrlo serías el héroe, el ejemplo a seguir, un objeto de admiración.

Mas cuando te dispones a hacerlo caes en la cuenta que lo difícil no es hacerlo, ni que la felicidad está cuando tienes tu trabajo finalizado, ni que la parte más valiente de crear algo no es lo creado, sino,

cuando te decides a empezarlo. Todo por lo que tuviste que pasar, lo que tuviste que sufrir y lo que tuviste que matar para darle vida a otra cosa más.



¿Cuál es la clave?


Mover el primer dedo.





Tú eres lo que amas, no lo que te ama.

-Donald Kaufman





"Si puedes hacer una cosa con los ojos cerrados, es hora de que busques algo nuevo"
- Kathie Lee Gifford

30 de julio de 2009

So pretexto de

30 de julio de 2009

¡Ptss, ptss!



Hey! Hey!



Estoy pensando en qué postear...



Esperen, esperen.



Ya casi...



¡Lo tengo en la punta de los dedos!




¡Vamos, sólo un poco más!




















Chin, ya se me fue.




Estoy enfermita, comprendan: mi cerebro de teflón no da para más. Bueno sí, para una cosa: Hace rato, mientras subía las escaleras, me imaginaba yo en unos cuantos años, en una bonita casa residencial, con mi guapetón esposo, un par de chiquillos risueños y un chimpancé inteligente y rapado como mascota al cual le preguntaba acerca de mis más enigmáticos problemas existenciales y éste me los resolvía mediante una sesión de terapia psicológica mientras yo tomaba un capuccino frío con pana.



Ya vuelvo, iré a vomitar.




"Lo único inmutable es el cambio" - Budismo Zen

23 de julio de 2009

Y el arcoiris desapareció

23 de julio de 2009

25 de octubre del 2008.



Volteo a todos lados y lo único que veo son motas azuladas por doquier.

El mar viene y va, al compás del viento que lo toma de la mano y le invita a pasear.

Las olas chocan contra las piedras aterciopeladas de lama, producto del exceso de su vanidad. Les encanta verse superficialmente bonitas, les encanta ser halagadas, pero aborrecen que alguien ose siquiera tocarlas.

Sólo sucumben ante una cosa: el mar, el mar azul.

-Pobres- me dije. Ellas sufriendo y yo tan campantemente relajada, escribiendo estas líneas en la terraza de mi cuarto, observando el cielo azul, el mar azul, las albercas azules, mi tristeza azul...

Cualquiera diría que han sido días malgastados, pues debería estar pensando, malgastando precisamente mi mente, ubicándome en la realidad que esta fantasía temporal no me puede ofrecer.


Pero pensar es lo que menos he hecho, y si lo he hecho ha sido tal vez en sólo una cosa (favor de aplicarse como eufemismo).


Beneficio de la duda. Ignoren.



"Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia" - Madame de Maintenon

5 de julio de 2009

Never on S.

5 de julio de 2009

El cielo ha llorado desde ayer.


Las lágrimas no se han detenido.




"Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños"
- Khalil Gibran

3 de julio de 2009

Jornadas tristes

3 de julio de 2009

Me gustan los días templados, con el vaho cubriendo las copas de los árboles, amenzando la lluvia pero sin presentarse, el viento helado golpeando mi rostro, ondeando mis cabellos, la suave brisa lavando mis pesares. Los días templados son como un cielo azucarado, con nubes algodonosas y un aliento cálido y enfermo atravesando los huesos.

Estos días me son útiles. Además de consolarme de la ausencia de la luz solar y vespertina, me recuerdan a la noche abrigante que uso cuando realmente voy a descansar. Es como si estos días tomaran a las ráfagas de viento como si fuesen sus propias manos y abrazaran mi gélido cuerpo, dibujándome sonrisas con una mínima levantada de falda, jugueteando con mis pálidos dedos, casi verdes a causa del frío.

Los árboles se bañan de rocío inusualmente por la tarde, se mueven despacito para cerciorarse de crear el frío perfecto y necesario para un abrazo sincero. El sol está escondido, tomándose sus merecidas vacaciones de verano. Las nubes corren huyendo del soplo del viento, quien se dedica a espantarlas tan sólo para cambiar de fuente a las aguas. Y yo, que me hinco sentada ante la presencia de un día así, abrazando una masa de carne que me proporciona calor, congelando sus penas en fresa, haciendo una fiesta con sus hilos de cabello, uniendo anhelos con palabras dulces y cálidas, contrastantes con el clima anexo.

Me gustan los días templados y nublados, me recuerdan a mí cuando estoy anormalmente feliz. Se transforman en una sensación extraña a veces mortalmente incomprensible, tanto que antes incluso me daban náuseas.

De hecho, los días nublados siempre me han revuelto el estómago: todos los veranos es lo mismo.



Hasta ti.




"La prueba más clara de sabiduría es una alegría continua"
- Montaigne
 
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