23 de septiembre de 2007

Ironías


El 21 y 22 de septiembre estuve sumida en el auditorio de la facultad durante aproximadamete 21 horas (11 horas el primer día, 10 horas el segundo), disfrutando del I Congreso Internacional de Innovación Tecnológica en la Medicina Moderna.

Este congreso fue... digamos, interesante. Como en todo buen congreso (de cualquier índole) no podía faltar el tedio y hastío (al menos en este porque fue maratónico), pero sinceramente se trataron temas bastantes interesantes como los colgajos en la cirugía plástica, prótesis, mapeo cerebral, RCP, imagenología, y algunas otras buenas conferencias.

Cada ponencia la daba un diferente expositor. Me gustaba analizarlos, observar cuales eran sus técnicas para atraer la atención de un numeroso grupo de estudiantes de medicina. Era difícil. Algunos lo hicieron muy bien, a otros les faltó técnica. Pero independientemente de esto, cada uno dio a conocer lo que se propuso expresar, fueron todos amables y brillaban con sus posgrados.

El primer día pasó algo curioso. Llegamos a las 4 pm para entrar a la conferencia inicial después del receso para comer, estábamos temerosos de que fuese alguien que terminara hastiándonos, acababamos de comer y la digestión hacía su trabajo produciéndonos un sueño que nos gritaba que quería su siesta.

Pero se para un hombre en el estrado, alto, con una abundante cabellera rizada, una nariz afilada y una atractiva sonrisa. Las mujeres estábamos codeandonos por el semejante ser que teníamos enfrente, pero todo empezó cuando habló: ese acento, era argentino. Algunas mujeres se cambiaron para adelante para observarlo mejor, una que estaba sentada justo delante mío sacó su cámara digital y empezó a tomarle fotos, yo no podía contenerme la risa, aunque yo también cuchicheaba con Polvo preguntándome como diría mi nombre con ese acento (¡esa Y fue genial!).

La ponencia estuvo bien, no fue perfecta ni excelente, no aburrió pero tampoco emocionó, fue simplemente una más pero con un ser humano que deleitaba la vista. El maestro (sí, tiene maestría y está próximo a tener doctorado) fue muy amable, sonreía siempre (y eso le daba puntos a favor), sabía bastante, tenía gracia. Cuando terminó su exposición se le aplaudió fuerte y mucho, se le hicieron preguntas, incluso fui con Polvo, pues ella quería preguntar algo acerca de no sé que rayos de las proteínas, pero sabía que ella quería verlo mejor, aunque he de decir que tiene un mejor lejos.

Pues después de ese maestrito, ya no queríamos a nadie más, era un argentino guapo, que impactaba con su acento, sabía mucho, ¿qué podríamos esperar del siguiente? "Bah! Mejor vámonos", y sí muchos se fueron.

Y ahora llega el siguiente, un hombre más o menos alto, vestido de traje (el argentino estuvo más informal en su vestir) pulcramente planchado, y con una sonrisa en su facie. Nos dijimos "por favor no fastidie". El presentador lo anuncia, un doctor (sí, con doctorado, no médico) con posgrados en España, Alemania y EUA, pero orgullosamente mexicano, nacido en Aguascalientes y que ha venido a darnos una conferencia más que de la tecnología, de la vida.

Empezaba la emoción con este hombre, se oían los cuchicheos del público. El hombre relativamente joven, alrededor de 40 años sonreía todo el tiempo, nos dijo que era hiperactivo y que le gustaba caminar por todo el estrado. Nosotros escuchábamos con atención. Poco a poco este hombre nos explicaba como fundó una empresa farmaceútica mexicana con el fin de mejorar la calidad de vida de los habitantes. Como fue que su hijo tuvo una enfermedad muy extraña y de difícil diagnóstico y él se prometió a sí mismo ayudarlo. Nos dijo con suma sencillez que se había codeado con una ganadora del Premio Nobel de Medicina y ella había sido quien le había ayudado a financiar su proyecto de abrir la empresa farmaceútica en México. Mencionó también que cuando hacía su posgrado en EUA, él tenía todas las oportunidades de tomar una rama que le dejara dinero, que fuese más fácil, más prestigiosa, pero que no lo había aceptado porque no podría aplicarlo en su país, puesto que en México no se apoya mucho la investigación. Él decidió mejor entrar en un aspecto que podría ayudar a la sociedad mexicana, que tanto lo necesita: la nutrición.

No temió hablarnos de su vida privada, de sus fracasos, de sus logros con extrema modestia. Nos alentó que la medicina y cualquier otra carrera son hermosas y son fáciles de ejercer cuando se hace con pasión, por ganas, por ayudar a los demás y no por fines egoístas. Este hombre derrochaba inteligencia, derrochaba sencillez, derrochaba todo lo que un ponente y científico debe poseer...

Este hombre simplemente me fascinó... A él no se le aplaudió ni fuerte ni mucho, se le ovacionó. No hablaba, platicaba; no aburría, emocionaba; hacía reir, enseñaba...

Y aquí es dónde nos damos cuenta de que los mexicanos vemos muuy arriba a todos los extranjeros (independientemente del país que sean), creemos que siempre estaremos abajo de ellos, que no tenemos oportunidad de competir, que para ser mejores hay que estudiar en una universidad gringa o europea y que en México las cosas no se hacen bien.

Los que se fueron y no vieron la última conferencia, se quedaron empalagados con el argentinito guapo, medio sabihondo. Nos deslumbramos con un argentino que venía de la Universidad de Dubraska, cuando aquí en México teníamos a un doctor joven, con una excelente habilidad para enseñar, para captar la atención de su público, sumamente inteligente, que ayuda a mexicanos a salir a adelante, a curar la desnutrición, con posgrados en el extranjero, con un hijo enfermo, no tan agraciado físicamente, pero que es orgullosamente nacido en Aguascalientes. Definitivamente me quedo con éste último.

¿Qué ironías no?

Más que tecnología, este congreso me enseñó que no debemos subestimar lo nuestro. Tantas cosas que han sido hechas por mexicanos y son reconocidas mundialmente, pero son desconocidas en nuestro país, como por ser un producto mexicano lo desechamos al instante, pero si tiene un sello extranjero (y más si es gringo) inmediatamente lo adquirimos sin siquiera estar concientes de su calidad.

México está lleno de inteligencia, de buenas personas, sólo nos falta cultura. Sin ella, somos los mismos ignorantes que desde hace 6 siglos...

Cultura de ganas de salir adelante, de vencer obstáculos, de no darse por vencido y de venir a agradecer y apoyar nuestra patria.

México, a pesar de sus decadencias, tanta gente que quisiera conocerlo... y nosotros que aquí lo tenemos.


¿Qué ironía no?







"Si supiera lo que estoy haciendo no lo llamaría investigación, ¿verdad?" - Albert Einstein




Listening to: "Melody Fair" - Bee Gees

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Malinchista

Sophia dijo...

Perdóname, pero este post es todo lo contrario al malinchismo. No sé si lo leíste bien, o quisiste entender lo que hayas querido entender. Aquí trato de expresarle a esa gente que se deslumbra por extranjeros, cuando en México tenemos cosas realmente buenas.

Debemos aprender a querernos un poquito más...

Lástima que hayas pensado tal cosa.

Anónimo dijo...

Si pero hasta antes de eso no te habias dado cuenta, por lo tanto eras malinchista

Anku dijo...

HOLA!..pus nosoy de Mexico la verdad.-..pero es increiblemente cierto sino somos Malinchistas..somos alienados..sino ya le toman otra palabra..epor siemrpe entre hgente del mismo pueblo nos miramos peor q pero y gato... xq??? ...
en fin..y sabes parece q ese sentimeinto de sentirse menos es a nivel sudamericano.. nos tienen hasta el compete con eso de paises tercermundistas..q hasta llegamosa creernoslo...pero no nos damos cuenta q tenemos cosas q provocarian guerras..pero no las apreciamos..hasta q las perdemos o nos las quitan y luego si...ahi aparece el "nacionalismo" entre comillas... comosea... no nso queda mas q cambiar nosotras...no sera mucho..epro pcoa poco de ahi q hacemos la diferencia... Adios..por cierto muy lindo Blog!! XaUxAu.

Sophia dijo...

Muy ciertamente, no puedo hablar por los otros países latinoamricanos, pero si tú me lo dices siendo originaria de alguno de ellos, tomaré en cuenta que aplica a toda América Latina. Alguna gente es malinchista, es tonto. Ni siquiera nos esforzamos por conocer un poco más nuestra patria y aún así empezamos a juzgarla. Cada país tiene su belleza, su encanto y sus talentos...su Historia.

Pero como has dicho, no queda más que cambiar nosotras individualmente, pero conjuntamente es dudoso que resulte.

Te agradezco que hayas tomado un tiempo para leer estas líneas, muchas gracias por el comentarios, ¡y sabes que eres bienvenida de nuevo!

Saludos =)