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5 de mayo de 2010

Ópera

Acto I

Tiin, tin, titin, titin, titin, titin. Tin. Titin. Tin. Titin. Titin, Tin. La música golpetea suavemente mis oídos. Los perfora con delicadeza para que las ondas lleguen sin perderse hacia mi cerebro. Durante el recorrido danzan con mis neuronas, abrazándolas para enseñarlas a bailar. Hacen el amor mediante la sinapsis rutinaria pero sorpresiva. Se alimentan del azúcar de mi energía, haciendo monitorear mis sentimientos internos, que se desvalagan hacia mi corazón, el cual termina apretujándose cada vez más en el interior de su casita, la caja torácica. Niega que se encuentre triste y herido, pero esa música le genera una nostalgia infantilmente acumulada. Cierra sus pequeños ojitos para dejarse llevar; siente, literalmente, la sangre recorrer todo su pequeño cuerpecito. No puede creer que unas simples notas musicales lo hagan sufrir tanto como un infarto agudo al miocardio. Aunque desconociera tal experiencia.

Eso sólo pasa en mi cuerpo físico. Mi mente simplemente se pierde. Mi alma simplemente se ablanda. Hay muchas tristezas, pero todas me hacen más feliz que nada en el mundo. Mis melancolías ajenas se encuentran para saludarse y recordarse a sí mismas que existen. Las lágrimas danzan por dentro, porque afuera el viento las volatizaría.

Así me pone, Mr. Tiersen.


Acto II

Fui a su concierto con la espera interminable de exactamente 60 días. 2 meses. 8 semanas. Bastante. Ya venía con la idea de que tocaría sus piezas más movidas, más eclécticas, para eso de no encasillarse en el "Pussy Blues". No importaba, yo quería verle, quería escuchar su música como se escucha al agua que cae de la regadera, como si usted fuese mi amigo. Porque lo es.

La espera terminó al fin. Me senté en la segunda fila, encontrándome a sólo unos cuantos metros de usted. Con una simple playera, unos jeans y un par de tenis gastados se paró frente a nosotros, frente a mí y empezó a enloquecer como si un ente interno le estuviese gritando que se encontraba poseído por el mismísimo demonio. Las cuerdas del arco del violín se rasgaron, se hicieron trizas. La guitarra fue imprescindible para cada pieza musical. El teclado que sustituía a mi adorado piano fue utilizado salvaje y peligrosamente. Nos entregó un mundo musical completamente extraño para muchos, completamente ajeno para todos, completamente diferente a su suave simpatía.

Sentí ondas recorrer mi interior. No dejaba de sonreír. A veces atónita, a veces apesumbrada. No había nostalgia, no había tristeza, había algo más. Me hizo sentir rara. Sí, usted que siempre me ha acompañado en los peores/mejores momentos de mi corta juventud, esta vez me dejó con un sabor extraño en la boca. No feo, no malo, pero extraño. Me parecía usted, un completo y total desconocido.

Pero para cuando ya había empezado a agarrarle ritmo a su giro musical, me cae de encima a la cabeza la noticia de que usted ya se había ido.


Acto III

Juntaste mi boca con tus labios, aprendiendo a amar. Me sonreías dudando, como que si con mi aprobación te relajarías un poco más. Tus dedos lentamente en mi espalda caminaban, asomándose por encima de mis escápulas, mientras mis ojos se cerraban al compás de tu camino. Mis dedos en cambio, rozaban el cilindro de tu cuello, para armonizar la textura con lo áspero de nuestros miedos.

Me arrojaste a la cama. Extendí mi planta en las sábanas y mis brazos quedaron en tu cruz. Nuestros ombligos se hablaban, para tranquilizarse y pensar que tal vez, todo en realidad era un juego, como siempre. Mi rodilla flexionada hacía cosquillas a tu ingle, para evitar que me besaras. Tus labios, mis labios, se enaltecían con la oscuridad de nuestros cuerpos. Existíamos, estábamos ahí, vivíamos. Pero todo juntos, siempre unidos, el uno para el otro.

Tus manos se abrireron para tener mi posteridad. Las mías para obtener la curva de tu cuerpo. Me bañaste de algo así como amor, aunque la duda estuviera sembrada. Me hiciste callar de signos positivos, sin duda alguna y sin signos de interrogación.


Y al final, resultó que sí era un juego.

Como siempre.



"De cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa" - Antonio Machado

16 de agosto de 2009

Mi primer concierto de reggaeton


En mi casa se escucha de casi todo tipo de música. Empezando por mi madre con sus gustos de banda y similares, pasando por la guitarra imaginaria que se pone a tocar mi padre cuando escucha a Scorpions, Kiss y todas esas bandas de aquella época, junto con Los Bitles, Creedence Clearwater Revival, Bee Gees y blablá, así como las baladonas en español y en inglés -de aquellos tiempos, claro está-.

Mis gustos han elegido mayormente el camino de los de mi padre, agregándose algunos más; la banda la tolero, pues no me queda de otra cuando mi madre la pone a un volumen considerable o la escucho en fiestas elegantes. Incluso me gusta bailarla -lo poco que sé y sólo si me traen como trapeador-, pero de a ratos, no se emocionen.

No hablaré de la música que me gusta ni sus géneros, ya que no podría, pues desconozco esas etiquetas y repruebo esa tonta manera de clasificarla. Mucha gente dice que si escucho a Mozart y a Beethoven es inaceptable escuchar a Los Terrícolas, que si escucho a John Lennon cómo puedo siquiera osar el poner una canción de Alejandra Guzmán, y etcétera, etcétera, etcétera.

Sólo hay, básicamente, tres tipos -si vamos a catalogar pues- de música que no es precisamente la de mi mayor agrado: la música duranguense, la electrónica punchis-punchis-enfadosa-larga-y-repetitiva, y el reguetón.

Pues resulta que mi única hermana escucha precisamente eso la mayor parte del tiempo, usando el 90% de éste en escuchar exclusivamente reguetón. Como no me quedó de otra que aguantarme, comencé a tolerar los tres como lo hice con la banda.

Y yo, que tengo la fortuna -en este caso, desventaja- de poseer una habilidad muy desarrollada de memorizar textos con sólo darles un repaso, y de aprenderme fechas de nacimiento, direcciones, números telefónicos y correos electrónicos con tan sólo hacer mención de ellos una vez, llegué al punto de aprenderme las canciones reguetoneras que mi querida hermana ponía a diario en su reproductor.

Y ya con este preludio fastidioso pero necesario, podrán entender lo que significó para mí que un buen día mi hermanucha llegara gritando a mi cuarto para decirme que sus artistas favoritos -los únicos que más me agradan- del mundo del reguetón venían a hacer una gira por nuestro país. Obviamente, como respuesta yo sólo le dije un "felicidades" sarcástico y una mirada de indiferencia continuada, como buena hermana mayor.

Pero resulta que siguió insistiendo en su drama de que su felicidad pendía de asistir a uno de los conciertos, me fastidió -y me conmovió, como siempre lo hace- tanto que la ayudé a convencer a mi padre de que la dejara ir. Y para ello tuve que ofrecerme a acompañarla. Oh sí.

No contaba con que mi padre aceptara, pero la dejó y nos pagó los boletos a las dos.

Nos fuimos hasta Guadalajara a ver sus dichosos reguetoneros, el concierto iniciaba a las diez pero las puertas se abrían a las siete, por lo que cuando llegamos a las 4.30 hora de allá, ya había una fila de unas 300 personas esperando. Y yo que creí que ni se iban a vender tantos boletos (ingenua yo, el mundo del reguetón es más poderoso de lo que mi inocente mente creía).

Así que esperamos 3 horas y media para que por fin pudiéramos pasar y correrle para agarrar nuestras mejores localidades. El lugar estaba a reventar, lleno de chiquillas estilo putitas y de chavitos que se sentían grandes porque cargaban gruesas cadenas y vestían una gorra de lado. Algunos me dieron lástima. Mi hermana al menos tiene sentido común y no se viste así.

Pero en fin, sinceramente, ya me estaba emocionando. Odio esperar -por eso siempre llego tarde a cualquier lado, tomen nota- y ya me estaba desesperando. Eran las diez con cinco minutos y no salían, ¡eso era reprobable! ¿qué se creen esos artistillas que salen hasta con una hora de retraso? Ni que qué. Pero bueno, eran las 10 con veinte y que sale un video en una pantallota al fondo del escenario. Eso daba inicio al concierto, salieron los tipos y a mi hermana casi le daba el infarto, por lo que me reí de ella.

He de decir que dieron un muy buen espectáculo, cantan muy bien en vivo -mínimo- y saben como prender al público. Yo estaba requete emocionada. Saltaba y me dejaba empujar por los chamaquitos de mi alrededor. Y como pilón, al final se quitaron la playera y me dejaron echarme mi taquito de ojo a modo de consolación, supongo que para esos a los que no les gusta el reguetón pero que estaban ahí para acompañar a sus hermanos, justo como me sucedía a mí.

Así que, ahora puedo decir que he asistido oficialmente a un concierto de reguetón. Wisin y Yandel fueron los afortunados en tenerme como parte de su público.


Changos, hasta se merecieron una entrada en este blog, ni el de Apocalyptica publiqué. ¿Y saben qué fue lo peor -cof, cof, para salvar mi orgullo-? ¡Qué todas las canciones las canté!



Cielos, estoy en crisis.



"Sólo se educa la cabeza. Si se permitiera a las emociones ser verdaderamente libres, el intelecto se cuidaría a sí mismo" - Alexander S. Neill

23 de julio de 2009

Y el arcoiris desapareció


25 de octubre del 2008.



Volteo a todos lados y lo único que veo son motas azuladas por doquier.

El mar viene y va, al compás del viento que lo toma de la mano y le invita a pasear.

Las olas chocan contra las piedras aterciopeladas de lama, producto del exceso de su vanidad. Les encanta verse superficialmente bonitas, les encanta ser halagadas, pero aborrecen que alguien ose siquiera tocarlas.

Sólo sucumben ante una cosa: el mar, el mar azul.

-Pobres- me dije. Ellas sufriendo y yo tan campantemente relajada, escribiendo estas líneas en la terraza de mi cuarto, observando el cielo azul, el mar azul, las albercas azules, mi tristeza azul...

Cualquiera diría que han sido días malgastados, pues debería estar pensando, malgastando precisamente mi mente, ubicándome en la realidad que esta fantasía temporal no me puede ofrecer.


Pero pensar es lo que menos he hecho, y si lo he hecho ha sido tal vez en sólo una cosa (favor de aplicarse como eufemismo).


Beneficio de la duda. Ignoren.



"Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia" - Madame de Maintenon

19 de abril de 2009

Familias vacacionales


Mi familia es como cualquier otra familia mexicana. Pequeña, compuesta de 4 integrantes, con sus respectivos padre y madre con 2 hijas muy diferentes.

No tenemos excentricidades locas, somos lo que se dice, convencionales. Peleamos, nos enojamos, nos burlamos entre sí, bromeamos, lloramos, pero he de confesar que somos bastante unidos.

Al finalizar la primer semana de vacaciones emprendimos un viaje como pocos. De hecho, son contadas las escapadas que nos damos a algún lugar ajeno a nuestra ciudad. Y cuando lo hacemos, no pasan de 3 días fuera. Somos de esos que nos encanta el calor hogareño, disfrutamos los desayunos sabatinos y domingueros donde nos actualizamos de los eventos que ocurrieron en la semana, nos gusta sentarnos a ver una película juntos aún cuando nuestros gustos sean realmente divergentes. Somos casi una familia ermitaña, por eso es un poco extraño el decidirnos a aventurarnos a algún viaje en algún lugar desconocido.

El viaje que realizamos estas vacaciones fue con el objeto de visitar a mi abuelo. Él vive en un pueblo lejano y no tan arrinconado de Amatlán de Cañas. Tenía bastantes años sin verlo, y por ende, sin visitar a su familia y su casa. Quedamos en que ya habrá otra ocasión para visitar a mi abuela, quien fue la privilegiada en tenernos en nuestro viaje pasado. No podíamos negarlo, era turno del varón.

Enfilamos la partida muy temprano en la mañana. El frío es un gran amigo, pero cuando se enoja suele ser fastidioso. Me acuchillaba colándose por entre mis poros disminuyendo mi temperatura corporal. Sufrí bastante pero no dejaba de ser rico, simplemente por que era la única que sufría.

Cuando llegamos, el jardín un poco descuidado ya, nos saludó. He de decir que me gusta mucho, como todos los jardínes, pero éste tiene un poco de especial: es natural (aunque se lea redundate), es decir, no está impregnado del aire urbanizado con el que te topas en una ciudad. Olía a pueblo, a gente simple y sin tantas preocupaciones, a señores con experiencia y con enormes cosas que contar, a tierra suelta, a un cielo soleado y sin nubes grises. Todo era claro. Además, ya había olvidado el enorme reloj que está sobre una torre que está a 3 ¿cuadras? de la casa que anuncia la hora cada 15 minutos. Tampoco recordaba que tiene luces neón adornando su circunferencia en la mitad nocturna. Se puede ver desde cualquier azotea, desde cualquier lugar del pueblo.

Las paredes de piedra me recordaron cuanto me gusta la arquitectura de esa casa. Es extraño, casi no voy por lo tanto me siento un tanto incómoda. Pero esa vez me sentí realmente bien, la madrastra de mi madre nos atendió muy amablemente; y mi tía de 15 años nos saludó jovialmente. Era extraño, me pareció que había crecido muchísimo todos estos años: la última vez que la ví era una puberta de 12 años.

Es un pueblo, hay mucho y nada que ver. Todo depende a lo que estés acostumbrado. Si eres un ser atado a la tecnología, que gusta de ver carros de aquí para allá y de visitar antros cada fin de semana, este lugar no es para ti. Pero el atractivo principal y por lo que primordialmente íbamos a causa de las ansias de mi padre, era visitar un balneario de aguas termales que estaban a 10 minutos en automóvil.

Y cumpliendo el capricho de mi padre llegamos allí. Confieso que no son muy de mi agrado: el sol estaba en su máximo esplendor e introducirme en un caldero de agua hirviendo no sonaba una idea muy tentadora. Disfruté poco realmente, el agua caliente me dio sueño y casi quedo dormida en la mesa, lo bueno es que me llevé a Demian de Hesse, aunque si acaso alcancé a leer unas cuantas páginas. Patético.

Se hacía tarde, era hora de volver. Mi madre propuso una visita rápida al centro del municipio (no del pueblo en el que nos hospedábamos). En el trayecto, mi madre nos iba contando de los lugares que visitaba cuando era adolescente, pues creo no he mencionado que ella es originaria de allá.

El centro consta de una plaza mediana, con un kiosko en el centro y muchas bancas regadas por doquier; además de tiendas, una neveria, la presidencia municipal, puestos de comida, restaurantes de comida variada y casas y más casas viejas, con calles empedradas estilo Guanajuato. Cuando nos dirígamos del auto a la plaza, me encontré con una fuente de aguas cristalinas, por lo que ya sabía que debía hacer: los 3 buques que simbolizan mi felicidad ya navegaban en medio de un lejano atardecer.

Primero rondamos un rato por las tiendas. Como siempre, no compré nada. Luego propuse ir a la plaza y sentarnos para ver el ocaso. Mi petición fue aprobada y ahí estábamos los 4 aplastados en una banca, yo recostando la cabeza en el regazo de mi padre, mientras la jefa de la casa nos contaba anécdotas pasadas, viejos recuerdos, antiguas experiencias. Fue una tarde realmente exquisita, convivimos puramente como una familia que no tiene nada mejor que hacer.

Cuando íbamos de regreso a la casa de mi abuelo, visualicé todo el panorama de tierras diferentes a mi residencia original. El cielo parecía un lago lejano y las nubes sus límites, incluso habían algunas que asemejaban árboles reflejados en el agua falsa. O tal vez tengo mucha imaginación, o tal vez no.

No he contado mucho sobre el padre de mi madre. Es un hombre hiperactivo y con claras tendencias a la locura. No puede estar quieto ni un sólo momento, ni siquiera cuando come. No se está más de 1 hora en un sólo lugar porque ya tiene sabe cuantas cosas qué hacer. Es médico y aunque tiene su consultorio, no suele estar ahí porque como ya he dicho, le encanta vagar por aquí y por allá. Realmente, por mi falta de convivencia con él, desconocía muchas cosas, pero gracias a este viaje le he preguntado unas cuantas y esto es lo que pude obtener:

- En septiembre cumplirá 70 años.
- Es graduado de la UNAM.
- Presiente que tiene más hijos (y yo por lo tanto más tíos), pero realmente no lo sabe.
- Era propietario de varios restaurantes de la zona.
- Tuvo el Síndrome de Guillain-Barré hace como 2 años, y la única secuela que le quedó fue una disminución permanente de la fuerza.
- Está más loco de lo que creí.


La herencia.
Ahora sí ya no me preocuparé al preguntarme de dónde demonios viene mi nata locura.




"La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo" - Jean-Louis Barrault

15 de enero de 2009

Fuistes a Acapulco y no me dijiste


¿Es el sol o soy yo emanando luz?


Como buena mexicana, comienzo a dormirme temprano y levantarme tarde, a tomar la siesta por las tardes, a hurgar cosas olvidadas y a escribir en el blog justo cuando terminan las vacaciones. Como buen ¿ser humano? hecho en México: dejo todo para el último.

Y dejando todo para el final, ahora sí me dispondré a contarles de mis aventuras desventurosas en mi travesía por Acapulco.

¿¡Qué creen que ya se me había olvidado!? ¡Pues sí! Ya se me había olvidado...

Pero tengo que documentarlo para la posteridad. ¿Quién sabe si después de que termine de redactar estas líneas un tejón mutante viene del Parque Ecológico bramando que porqué no le adopté como hijo, me descuartiza y cena en taquitos? No. Mejor prevengo.

Todo comenzó una noche fría de octubre (¡ya 2 meses y pico!), el 22 para ser exactos. Partí junto con una hermana enfadosa, familiares no nucleares (ellos me invitaron, ¿acaso iba a rechazarlos?) y sin padres. Pasó nada relevante, salvo lo de siempre: me gusta la carretera, el traslado, el viaje en sí. Por supuesto, escucho a Travis de ley y me dediqué a observar lo que más bien desmenuzo en mis adentros. Mis viajes mentales son tan lúcidos como lo que produce una dosis extrema de LSD combinada con mandrágora.

Después de aproximadamente 10 horas de viaje y de mi trasero tieso y entumido llegamos a la Cd. de México. ¿Para qué? Pues para ir a Teotihuacán. ¿Acaso creían que mi principal atracción era ir a las paradisiacas playas de Acapulco a ponerme un bikini diminuto y ligar europeos? Claro, pero también ir a empaparme de una de las cosas que más me gustan: la historia.

Así que como a las 8.30 de la mañana hora de allá, pisé tierras capitalinas. Pese a que me habían anticipado que haría mucho frío, sólo portaba una chamarra simple más bien por costumbre, pues no me caracterizo por ser una chica friolenta. Me encontraba toda despeluchada, con el cabello completamente lacio a causa del viento viajero y con la garganta seca.

Mi tía empezó el día dándonos instrucciones de por donde dirigirnos, donde pagar la entrada, que haríamos si uno se perdía (yo dije que si era mi hermana que ahí la dejáramos), en fin. Cosillas que la familia siempre dice para que se haga más cálido el asunto. Como buen cliché americano.

Como en mi viaje pasado a chilangolandia, de nuevo me resultó la entrada gratis. Oh sí, dDios bendiga a las credenciales escolares; eso me produce satisfacción a saber de los $100 que me costarían recuperarla si llegase a extraviarla. Pero, ¿qué creen? Es la misma desde que comencé la carrera. ¡Sorpréndanse! (¿Qué tal un cheesecake para festejar? ¿No? No pues).

Una mostradita de mi poderosa credencial y ya tenía mi boletito de entrada perforado. Y ahora sí, Teotihuacán me saludaba frente a mí, bien imponente el presumido. De frente estaba la Pirámide del Sol, a mi izquierda la Pirámide de la Luna y a mi derecha algunas otras estructuras de las que no me acomedí a preguntar el nombre.



Pirámide de la Luna


Eran grandiosas las construcciones. A mi ver, era millares de escalones de diminutas dimensiones los que había que recorrer para llegar a la cima, pero vale la pena: es una vista preciosa. Desde ahí se podía ver la Pirámide compañera, más pequeña, estructuras anexas, viviendas y a mi hermana tratando de acomodarse el cabello porque el viento la despelucaba. Me encantó reirme ahí, con primos con los que me llevo excelentemente bien y con quienes puedo llevarme a mi gusto y manera sin que se inmuten.



Los veo desde arriba, mortales


Desgraciadamente me tocó después del equinoccio autumnal y antes del solsticio de invierno, pero no importaba, aún así mis tía nos obligó (a mí no, lo disfruté) a levantar los brazos y respirar el aire que los dioses nos regalaban. Aspiré yo creo smog, pero fue tan rico. Me encantó estar allá arriba, olvidándome de los seres mortales que se encontraban abajo, imaginándome que podría tomar rayos en mis manos y aventárselos a manera de Zeus femenina.



Mi mano sin rayo [un "ahh" de dolor] les saluda


Después de eso, bajamos los minúsculos escalones (yo saltando, pero bien agarrada del pasamanos) para dirigirnos al museo. Éste era exclusivamente de arqueología, exponiendo esculturas de barro, orfebrería, artículos tallados en hueso y hasta esqueletos que yo creo, fueron arrumbados por sus antepasados (éstos últimos los colocaron tan tétricamente en un cuarto oscuro, con sólo luz roja de fondo, como para asustar al turista -con mi hermana lo logró-), me divertí diciéndoles los nombres de los huesos a mis primos -el resultado de no tener mucho que hacer-. También había una maqueta a escala de todo el terreno, la cual podía ser analizada por el visitante desde arriba literalmente, ya que caminaba sobre un piso de vidrio que la cubría por completo. Fue mágico -ptff-.



Mini Teotihuacán



Después de eso, fuimos a visitar el ¿Museo de las mariposas? O algo así nos dijeron, pero yo no vi ninguna mariposa por ningún lado. De hecho, no tuve idea de qué era y olía mal (catástrofe universal). Me compré unas cuantas cositas, como un par pulseras, un arco con flechas hechas con esos palitos con los que hacen las banderitas el día de la Independencia, pero me gustó y me lo traje. Y creo que es todo; estuve tentada a comprarme una caja (no recuerdo como se llama) en la que le jalas una cuerda dura de noséquécosa siguiendo un movimiento definido por unas hojitas donde venían las canciones que desees tocar, pero estaba algo cariñoso y mi codo comenzó a sangrar.

Ya que se terminó nuestra expedición por Teotihuacán, fuimos a visitar las limpias y cristalinas aguas de Xochimilco. Puros olores a fragancia floral y una comida exquisita -nótese el sarcasmo, por favor (lo reitero por lo de la comida)-. Mi hermana como siempre, temerosa a las trajineras -detesta todo lo que se mueva en agua y que pueda contener algún animal exótico que pueda salir y devorársela, lo cual yo opino que no estaría mal-. Pidieron algunas canciones a los mariachis ambulantes -muy caras para mi gusto, pero bueno ¿a mí qué no se me hace caro?- y comí unas quesadillas muy extrañas que supieron más extrañas aún. Pese a todo, estuvo agusto el paseo y ya podré morir diciendo que ya conozco la Venecia mexicana.



Andaba zombie ese día, comprendan



Terminado Xochimilco fuimos a otros lugarcillos, donde cenamos, me tomé un café -imagínenme- e hicimos otras cosas que serían innecesarias detallar.

Ya siendo muy tarde, volvimos a partir pero ahora sí al destino principal: Acapulco. Fueron aproximadamente 6 horas de viaje, pero esta vez dormité casi todo el camino. Pero eso sí, mis audífonos no dejaron de sonar.

Y llegamos:



El Fairmont Princess Acapulco les dice 'hola'


Este fue el hotel en el que nos hospedamos. Casi casi escuché a mi conciencia susurrarme al oído: 'Aprovecha, que quién sabe cuando volverás a estar aquí', y que le doy un manotazo aplastándola como cual mosquito enfadoso. Pero sí, era el máximo lujo en el que yo había estado alguna vez -vamos, no soy rica, y mi Tepic tampoco es un lugar de élite-. Mis tíos cuando me invitaron, parece que me ofrecieron lo mejor.

Esa pirámide que ven es sólo un edificio de los tres que consta el hotel en su totalidad. Tiene albercas por doquier -una de agua salada-, playa privada, como 5 restaurantes de lujo para todo tipo de gustos, bares aquí y allá, un campo de golf más enorme que mi querida Loma, caballos para cabalgar en un romántico atardecer, boutiques, un café, y muchas habitaciones geniales con -lo más importante- camas comodísimas y muchas chucherías más que no puedo enlistar aquí -pero si lo desean, búsquenlo en internet, es casi mágico (por cierto, utilicé el internet en el hotel y cobraban 100 varos la hora, nada más. Ja! Me quedé 15 minutos)-.

Mi tía se registró en el lobby mientras nosotros deambulábamos por aquí y por allá, yo claro, sonriéndole a morenos guapetones.


Lobby



Y que nos dieron la tarjeta para la habitación (es que ya no dan llavesita) y que nos dirigimos para allá. Yo disgustándome con una cosa que a mí no me agrada mucho pero que mi hermana siempre disfruta: los elevadores. Soy un poquitín claustrofóbica -¿poquitín?-.

El cuarto resultó ser como del tamaño de la sala y el comedor de mi casa. Con dos pantallas de plasma, un pequeño anticomedor, tocadores donde guardar las chucherías, dos clósets y una cama hermosamente cómoda (casi casi me enamoraba de ella, sólo le faltó tener tulipanes siendo regados por duendes nocturnos que tocan blues con una armónica vieja y oxidada):



Me gustó la lámpara, pero no formaba parte de las cosas que podrías traerte del hotel :(





Cama exquisita



El baño sí me conquistó. Valoro mucho los baños bien aseados, y éste obviamente no fue la excepción. Me sentí toda una diva bañándose tras puertas de cristal, satisfaciendo ojos voyeuristas. El agua tan deliciosamente disfrutable que duraba horas ahí -me di unas vacaciones en esa campaña de cuidar el agua-.



Ahí se ve mi Sensodyne =P


La luz me hipnotizó


Además, dos terrazas con tremendas vistas: una al mar exclusivamente y la otra al medio mar a la derecha, albercas y gente abajo, los otros dos edificios del hotel enfrente.



Vista al mar desde la terraza pequeña




Vista a las albercas, mar y gente bañándose desde la terraza grande



Y pues, ¿qué se hace en Acapulco? Disfrutar. En esa piscina de arriba -mira a la izquierda- me iba nadar un rato, uno muuy largo. Me gusta mucho el contacto con el agua de manera completa. Me gusta mover todos los músculos de mi cuerpo y me gustó jugar con mis primos y hermana en plena mañana y en pleno atardecer.

Ese primer día fue de instalación, de pedir comida al cuarto y de andar de metiches conociendo el lugar, conociendo gente, bañarse en la alberca, visitar la playa, andar con mi tía siendo presentada a gente importante -para mí no- y ya.

Como la comida era fina y de alta cocina, por supuesto que era carísima. Me puse rojita y me agarré de la almohada para pedir algún platillo. Lo que hicimos para divertirnos fue pedir un platillo diferente cada quien -éramos 4 sin contar a mi tía, ella andaba en los restaurantes re-finos con sus amistades re-finas- y repartirnos de cada uno y así probar variedad. No había otra opción, no si no queríamos desfalcarnos el primer día con comida solamente. Y así quedó nuestro experimento:



Platillo compuesto por tacos de pollo, spaghetti napolitano, pollo ¿empanizado?, papas a la francesa (HD) y lo que parece ser una tostada con frijoles -pa' no perder el amor a la patria-. Me pusieron un montón de cubiertos que mejor opté por hacer a un lado


Me encanta la cocina como es bien sabido. Y me encanta como los chefs de restaurantes de alta cocina adornan sus platillos. Así como las personas que disfrutan y hacen bien su trabajo. Cuando nos llevaron la comida a la habitación, el don del servicio al cuarto nos acomodó la mesa con su mantelito blanco, nos acomodó las servilletas a cada uno el regazo, repartió los platillos, puso los condimentos y aderezos en el centro, y una flor flotando en agua en un recipiente de cristal. Pero bueno, los que están acostumbrados a este tipo de trato seguramente pensarán que si estás pagando, es lo mínimo que deben hacer. Yo no pienso así.

Dormí tan plácidamente ese día que sólo puedo decir que fue una noche épica después de muchas desveladas semestrales.

Al día siguiente -sábado- nos fuimos a la Quebrada. Es hermosa. Y más aún, la vista.



Vista de la Quebrada y gente que sí pagó para ver el espectáculo


Vi a los monos aventarse -hay funciones, como en los circos: me tocó la de la 1 pm-, pero ¡cobran! Por supuesto, mi codo volvió a sangrar y preferí irme a un mirador que está un poco retirado pero que aún así me permite ver el espectáculo sin pagar ni un sólo centavo. Lo que son las mañas del mexicano.



El buen mirador y yo


Visitada la Quebrada, fuimos a conocer el centro de la ciudad. No es la gran cosa, puesto que sólo son negocios para turistas: hoteles de diversa calidad, antros, bares, Oxxos por doquier, centros comerciales, y todas esas cosas pichurrientas que no me interesan. Aunque llegamos a un lugar que si me agradó, un mercadito donde vendían orfebrería, souvenirs, telas y todas esas cosas. Compré unas cuantas cosas para mis padres -dadores de dinero y felicidad, luego dicen que ni me acordé de ellos- y ya.

En la tarde, ya en la habitación, me quedé ahí. Sí, un sábado por la tarde, en Acapulco me quedé en la habitación. Mi hermana y mi primo -los menores- decidieron salir a ligar y hacer sus cosas. Mi prima -3 años mayor que moi- y yo nos quedamos en la habitación como buenas hijas mayores: a huevonear. Yo, quería disfrutar de esa cama para mí solita, king size, con sábanas súper frescas (¡ah! ¡cómo las disfruté!) y un colchón orgásmico. Dormí lo que restaba de la tarde, fui enormemente feliz y para mí esas son mis vacaciones de ensueño: dormir, flojear al máximo, reponer desveladas, hacer nada.

Además, estábamos cuidando a una sobrina de mi prima -pero no mía- de 5 años que parecía estar más loca que yo: como fan de Dora la Exploradora, tenía a su amigo imaginario 'Botas' y lo cuidaba como a alguien existente, ahí. Nos decía que cuando habláramos, también nos dirigiéramos a él, que no nos sentáramos ahí porque podíamos aplastarlo, que le tomáramos de la mano, que le diéramos de comer. Me divertí tanto con esa chiquilla, me recordó a mí y a mis amigos imaginarios (sólo que yo no lo ando divulgando). Y como parecía ser una niña encerrada que no veía más que su programa del cual era fan, decidí presentarle alguna otra caricatura que le quitara de la mente su dichoso tv show. Le mostré al Avatar desde que me quedé dormida hasta que me desperté. La pobre niña tenía los ojos rojos y llorosos de ver la televisión, pero era capaz de contarme todo lo que había sucedido con Aang y sus aventuras. Poor Little Girl. Deben sacarla más seguido.

Me despertó una llamada de mi madre. Conociéndome tan bien me preguntó que si estaba dormida, cuando le dije que sí por supuesto que no se extrañó pero me reprendió diciendo que estaba durmiendo en Acapulco un sábado por la tarde. Que eso era casi una blasfemia y por ende, un pecado. Decidí decirle que me divertiría, pero a mi manera: 'voy a la terraza a escribir un rato y a escuchar el mar'. Me mandó un beso y se despidió. No tengo remedio, seguramente pensó.

Y sí, me senté un rato en un camastro que había en una de las dos terrazas. Me coloqué en la más grande; ya había anochecido y ahora me tocaba ver las luces bañando al hotel, a la luna reflejarse en las aguas de las piscinas y escuchar al mar gritarme sus azuladas melodías, rompiendo olas. Cuando estaba en medio de mi nirvana poético, llega mi prima a decirme 'salgamos, ¿no?', 'va', le contesto. Ya era hora de disfrutar la frase choteada Acapulco en sábado por la noche.

Me vestí como quise y mi hermana -quien ya había llegado con mi primo para prepararse para salir con nosotras- insistió en plancharme el cabello. Así quedé:



Mi cabello lacio y largo =/


Pasé un rato ameno y divertido. Fuimos de antro pero me enfadé y mi prima compartió mi opinión por lo que nos fuimos al bar del hotel a tomarnos unos tragos. Mi hermana sí se quedó con mi primo (dos razones primordiales: sí le gustan los antros y no puede tomar, ja!). Me tomé un par de Rusos Blancos con mi prima teniendo al mar enfrente, acompañándonos. Me la pasé endemoniadamente bien, pues me gustan esas compañías, disfrutándose en una noche amena. Volvimos a la habitación cerca de las 3 am, mi hermana y mi primo ya estaban ahí, viendo televisión cuando se nos ocurrió la idea de que hacía hambre: ¡Pizza! Pedimos una al cuarto pensando que había que aprovechar que no todos los días se está en un hotel de lujo donde puedes pedir comida por teléfono y casi te ponen babero y te hacen avioncito para que te la comas.

Desvelada segura, diversión total. Pijamada, como niños.

Ese día, todo crudos y desvelados -bueno, nomás lo último-, desayunamos rápido porque era el día del regreso. Ya dormiría en el camino.

Volví. Sana y salva. Me divertí. Ni me bronceé, pues siempre quedo roja. Pero fui muy feliz.


Fuistes a Acapulco y no me dijiste, que conste que yo sí les avisé.



¿Muy largo el post? Se los debía. Además, es lo que pude recordar.





"La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días" - Benjamin Franklin

22 de octubre de 2008

¡Porque quiero una vida sabrosa!


Como en el mar la vida es más sabrosa, yo me voy de aquí.

Así es, echo la cortinilla de este blog y me largo unos días a Acapulco a mostrar piel, carne, bikini y pudor.



Hagan cositas malas en mi ausencia (ya saben de cuales).



See ya el lunes.





"La rebeldía es la virtud original del hombre"
- Arthur Shopenhauer




Listening to:
"I started a joke" - The Bee Gees

27 de marzo de 2008

Un viaje de recuerdos


Ya tenía días queriendo escribir, pero siempre lo postergaba, me ponía frente al monitor o frente a una libreta junto con una pluma, pero parecía que encontraba mejores cosas que hacer, como andar linkeando si estaba en la computadora, o garabateando tonterías si estaba frente al papel. ¿Porqué? No sé, tal vez miedo, flojera, cansancio, rutina, no sé... y no me interesa saberlo...

Venía ya de regreso de aquel lejano lugar, con un cansancio que me pesaba hasta al alma, con unas inmensas ganas de sumergir a mi mente en un profundo sueño. Cada vez que cerraba los ojos, me venían a la mente imágenes bellas, como si fuesen un película malhecha, tal vez por mí. Aquellas imágenes que posiblemente jamás olvidaré, por el simple hecho de que en ellas te encuentras.

Sólo un par de días lejos y mi yo interior se sentía ajena a todo. Venía de un lugar extraño, internamente feliz por haber hecho lo que siempre había deseado, ser lo que siempre he querido ser, y riéndome con la vida debido a que siempre me ha puesto todo en el camino para que yo encontrase mi felicidad. Y por más ridículo que se escuche, o en su defecto, se lea, parte de ella se llama tú...

Tristemente comenzaba a recordar cosas tan nítidas que venían y se iban. Recuerdos dolorosos pero que permanecen ahí, quietos y constantes, como para recordarme que yo he venido a este mundo a sufrir, a tratar de ser feliz en medio de un vacío inmenso que me absorbe cada vez más. Donde, tal vez ansiaba una mano, unas pocas veces lograba detenerme de caer encajando mis uñas en el borde de ese precipicio, luchando con todas las fuerzas que mi ser posee para asirme de algo, no de alguien.

Había creído comprender que nunca ha existido ni existirá ese alguien a quien puedas aferrarte para no caer, no olerás un perfume llamado sinceridad sin ser lastimado, no reirás sin antes haber llorado, no morirás sin antes haber vivido.

Pero sucedió algo tan repentino: Llegaste tú.

Parecía que todo debía ser visto a través de un velo translúcido, que precisamente por ser tan claro podías ver con una muy cerca exactitud la propia realidad, para evitar sufrir, caer, ver todo tal y cual es. Pero no es más que un velo, y ese velo nunca te dejará ver la realidad como debe de ser. Y llegaste a quitarme esa venda de los ojos, has corrido ese velo translúcido que opacaba mi vista, has abierto una pequeña puerta en mí que deja a la intemperie un manojo de dudas y preguntas, pero también con sus debidas y correctas respuestas.

A veces corría, no para huir, sino para encontrarme conmigo misma. A veces me encerraba, no para esconderme, sino para darme cuenta de mis errores. A veces lloraba, no para ser más débil, sino para sensibilizarme.

Cuando venía en el autobús de mi fugaz viaje, estaba un poco enfadada de todo. Decidí escuchar alguna estación de radio que la capital pudiera ofrecerme. La escogí al azar. Resultó ser un programa donde la conductora recitaba poemas, versos y reflexiones, para después amenizar con alguna canción suave, bohemia, tranquilizante.

Hubo uno especialmente que hizo acordarme de ti. Hablaba de como el amor era ingenuo, al igual que los propios seres humanos. Creemos que todo nos pasa a nosotros, que somos los más infelices sobre la Tierra, que nunca encontraremos a alguien que nos comprenda, nos escuche, nos ame tal y cual somos. Que la vida da muchas vueltas, y que en alguna de ellas no se le ocurre toparnos con alguien especial, alguien con quien platicar horas y horas, ser escuchado vehementemente y sonreír siempre a su lado.

Que creemos que el amor es un regalo al mes, un te amo temprano, un felices para siempre, tener sexo. Que probablemente veas a esa persona como la más perfecta del mundo, que nunca se equivocará, que siempre te dará lo que gustes, y que jamás la verás errar. Que muchas veces, después de un tiempo el amor se acaba, pues ya no están esos pequeños detalles que comenzaron la relación, el flechazo, la pasión. Que ya no sientes las ganas de arreglarte para él o para ella, que todo muere, como una rosa eventualmente se marchita.

Y la dulce voz de la declamadora corrigió, eso no es amor, es enamoramiento.

Estar enamorado es todo eso de arriba, el amor no. El amor es darse cuenta que el otro no es perfecto, pero que lo quieres con todo y sus defectos. Es comprenderlo y ayudarlo a crecer, para tú crecer junto con él. Es mirar juntos a una misma dirección, es besarlo y con ese beso entregarle el alma, es compartir risas juntos aunque sea en una tarde nublada y no en una cama, es rozar la piel del otro y estremecerlo con una simple mirada, es volver a la vida cada vez que te escucha, te ama. No es tener sexo, es hacer el amor, aunque muchas veces hacer el amor no signifique estar en una cama. Es saber pues, que el amor no se acaba, sino que uno mismo lo termina. Son esos pequeños detalles que hacen que uno quiera amar toda la vida...

Y terminó diciendo: "Tal vez no le toque vivir en el mismo siglo que a ti, tal vez es muy difícil que exista, pero si tú ya lo has encontrado... no lo dejes ir".



Y en ese momento derramé una lágrima...






"El amor y la tos no pueden ocultarse" - Proverbio italiano





Listening to: "Goodbye my Love" - Demis Roussos

25 de marzo de 2008

Cuando a veces 5 horas bastan


Pese a que son vacaciones, y a que ya tengo varios días que regresé de mi viaje, no había tenido ni las ganas ni la inspiración para sentarme a escribir algo decente aquí.

No, a pesar de que viví un sinfín de cosas lejos de aquí, y de que han pasado cosas maravillosas en estas vacaciones, simplemente no tenía deseos de escribir... aquí.

Pero parece que esas ganas, esos deseos están regresando y ahora sí puedo sentarme a escribir la sarta de tonterías a las que los tengo acostumbrados.

¿Que qué hecho en estas vacaciones? No mucho, pero tampoco no poco. Me fui unos cuantos días a la Ciudad de México, pues acompañé a mi padre a tramitar el odioso papeleo que requiere para su operación. Pero claro, también iba a aprovechar a conocer unos cuantos lugares, y a oler una contaminación nueva y distinta que no puede ofrecerme Tepic (cada vez que salía de algún recinto, me lloraban los ojos, pese a que traía lentes).

Es un poco cansado el recorrido, pues son entre 10 y 12 horas, pero en lo personal, me agrada este lapso de tiempo que utilizo para expresar el ocio, pues no me queda otra alternativa que utilizarlo en vagos placeres. Por tanto me pongo a leer un libro, a escuchar música, a pensar y observar los árboles y montañas que pasan y pasan.

He de confesar que la Cd. de México me inspira un poco de... miedo. Aunque suene ridículo, esa fama que tiene ser insegura, sucia e insegura, es cierta. Pero es muy bella también. Además de que teníamos que transportarnos todo el tiempo en taxi, cosa que no era muy alentadora.

En fin, primero fuimos al hospital a hacer todo lo que se requería, y como siempre nos enfrascaron horas y horas ahí, sólo para que mi padre firmase un papel, fue realmente frustrante. La cita era a las 8 am, y terminamos saliendo de allí a las 12 pm. Estaba asqueda, odio esperar, me desespero, leí como 5 capítulos del libro que estaba leyendo, escuché música, hasta que me quedé dormida, y ahí estaba mi pobre padre esperando a que lo atendieran, fue terrible. Cuando finalmente el doctor le atendió, quiso dárselas de importante, sólo dándole la hoja del consentimiento informado, y que mi padre la leyera (por supuesto, sin entender mucho de ella, pues tenía lenguaje técnico/médico), mas yo le ayudé a interpretarla, explicándole en qué consistían los riesgos y dándole así mi opinión acerca de su operación. Al final el médico le pidió la hoja, le dijo que ya se podía retirar, que era todo. Yo estaba furiosa, esperar horas y horas para qué sólo nos diera una hoja, la firmáramos y nos mandara a volar; por lo que yo le pedí "amablemente" que le explicara a mí papá en qué consistía la operación, que por favor le explicara los riesgos y que nos expresara su opinión en cuanto a si debía llevarse o no a cabo la operación. El hombre se sorprendió, pero pareció comprender e hizo todo lo que le pedí.

Al final salimos asqueados del hospital y por supuesto, muertos de hambre. Yo no quería comer por ahí, ningún lugar me parecía antojable, me llegaba la oscura sensación de que no iba a comer verdadera comida, pero tuve que resignarme.

Y ahora sí, saqué mi hojita con mi itinerario, le dije a mi padre a que lugares quería ir y tomamos un taxi. La primera parada fue el Zócalo.

Iba primeramente al Zócalo con la mera intención de disfrutar de la exposición de fotografía "Ashes and Snow" de Gregory Colbert. ¡Pero! Estaba cerrada por mantenimiento. ¡Me moría de coraje! ¡Casi prácticamente a eso fui! Resulta que el buen hombre de López Obrador iba a hacer una manifestación de no sé que rayos acerca del petróleo, y tuvieron que cerrar las calles y por tanto, también la exposición.

De todos modos vislumbré la Catedral, Palacio Nacional y otros bonitos edificios, me divertí tomando fotografías, y al final agradecí que no estuviese abierta la exposición, puesto que me dejó tiempo para invertirlo en visitar otros lugares.

Como ya había visto un plano de la Cd. de México, sabía como llegar a mis destinos. Le dije a mi padre que ansiaba conocer el Palacio Nacional de Bellas Artes. Aceptó y le dije por donde debíamos dirigirnos, y mientras llegábamos observamos enormes estructuras aquitectónicas bellísimas.

Y ahí estaba, el majestuosos Palacio de Bellas Artes. Su fino mármol blanco me enloqueció. Y hundido como su fama lo gritaba. Entramos y todo nos resultó ser gratis, presentando yo mi credencial de estudiante, él de profesor. Y para allá y para acá íbamos, resultó una exposición de Gabriel Figueroa, un reconocido fotógrafo de la época del cine de oro. Y esos maravillosos murales de Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco y Jorge González Camarena me dejaron boquiabierta.

Apuré a mi padre, porque sólo contábamos con 3 horas para visitar lo que quisiéramos ver, puesto que para las 5.30 - 6 teníamos que tomar el transporte de regreso.

A un lado de Bellas Artes están la Torre Latinoamericana y la Alameda Central. Fuimos un rato a cada uno, nos paseamos y después llegamos al Hemiciclo a Bénito Juárez, en mármol blanco también, que está a un costado del parque.

Posteriormente terminamos el parque y nos dirigimos al Bosque de Chapultpec. En nuestro camino, nos topamos con el Monumento a la Revolución y nos quedamos un rato observando la vista.

Al final llegamos al Bosque de Chapultepec (en transporte colectivo urbano por cierto, era demasiado recorrer el Paseo de Reforma entero caminando). Enorme y bello, ahí se presentaba frente a nosotros, con una escultura enorme que daba paso al Castillo de Chapultepec, o el actualmente Museo Nacional de Historia. Subimos una pequeña colina, nos apuramos porque cerraban el acceso al público a las 4.30 y ¡ya eran las 4! Otra vez nos resultó gratis debido a nuestras grandiosas y valiosísimas credenciales y entré a ese lugar que me encantó (quienes me conocen saben que amo los museos).

Sí, vi todas esas pinturas y murales que sólo llegué a ver en mis libros de historia. Observé esas grandiosas maravillas de Juan O'Gorman, y al terminar el recorrido por el museo, salimos al jardín que deja una vista maravillosa de todo el bosque y de una gran parte de la ciudad.

Ya no alcanzábamos a visitar el Museo Nacional de Antropología, pues no queríamos recorrer la ciudad en taxi por la noche, así que debíamos regresar a la central para regresar de nuevo a nuestra pequeña y añorada ciudad.

¡Me encantó este viaje! Todo fue tan fugaz, se unieron mis gustos por el arte, la historia, la arquitectura y el simple hecho de recorrer nuevos lugares. ¡Y todo este recorrido fue en 5 horas, y caminando!

Parece que sí sirven mis itinerarios, andar apurando a mi padre para que no se embelesara observando alguna pintura para así alcanzar a llegar al próximo destino, y por supuesto, echarle una hojeada a un mapa antes de viajar.


¡Felices lo que resta de vacaciones!






"Estamos rodeados de artilugios destinados a ahorrar trabajo y, sin embargo, disponemos de muy escaso ocio auténtico" - Laurence Johnson Peter





Listening to: "Resurrection" - Apocalyptica

10 de marzo de 2008

Vivas Esperanzas


No hay nada más relajante que ir en la camioneta de mi padre, con él al volante, el viento golpeando nuestros rostros, cantando melodías de Demis Roussos, recordando anécdotas y planeando nuestro próximo viaje juntos a la Cd. de México.

Y más cuando previamente, hubo una comida familiar con un invitado agregado.


Sencillamente, no se compara, no tiene precio.





"El acento es el alma del discurso"
- Barón de Holbarch




Listening to: "Velvet Mornings" - Demis Roussos

16 de diciembre de 2007

Una buena disolución


Y hoy comienza oficialmente mi período vacacional.

Después de todo el ajetreo escolar, todos los sucesos sentimentales del semestre, las metamorfosis confundidas y las pérdidas emocionales; por fin ha llegado mi tan ansiada "libertad".

¿Que cómo cerré el semestre escolar? En términos generales supongo que 'bien', pero consciente de que podía haberme ido mejor. En fin, ya procuraré mejorar el siguiente ciclo; hoy, por lo pronto, quiero hacer todo lo que en el transcurso del semestre invariablemente no pude hacer.

Comencé por asistir a una reunión con mis amigos más cercanos de la facultad. El plan era pasar un par de días en unas cabañas ubicadas a una hora aproximadamente de la ciudad. Era estar solos, ajenos al ajetreo y rutina diarios y convivir como lo merecíamos.

Pero siempre hay un pero.

Y cuando hay un pero, siempre hay una anécdota.

¿La cuento? Perfecto, aquí va:

Ya he contado el plan para nuestra "posada" y cierre de semestre. Éramos 5 los que nos reuniríamos; nos dispusimos a planear el viaje, la estancia, la comida, las actividades. Hasta ahí todo iba bien.

Inicialmente se había quedado en salir a las 3 pm, mas por contratiempos de uno de nosotros, la salida se demoró hasta las 7 pm. Nos preguntábamos si alcanzaríamos a reservar un cuarto para dormir, y con la incertidumbre nos dirigimos al destino en medio de la noche.

Finalmente llegamos, y sí, ahí estaban las cabañas, estaba lo bonito del bosque, se olían los árboles, se sentía el viento helado, se veía el cielo claro y estrellado. Mas no había ni un alma en ese lugar, no parecía haber recepción, todo estaba a oscuras y escasamente iluminado, casi toda la luz la proporcionaba la propia luna. Nos preguntábamos si estaban en servicio, pero yo recordé que había llamado previamente en la mañana para verificar.

Y ahí estábamos, vestidos y alborotados, con comida, con frío y ganas de divertirnos. Llamamos a lo que un letro mencionaba como "Reservaciones", nos contestó una mujer afirmando que había un admnistrador más adentro del lugar, que teníamos que verificar. Así lo hicimos, nos dirigimos al "cerrito" que ella nos describió, encontramos una casa, pero ésta estaba totalmente a oscuras, tocabamos el claxon, llamabamos a la puerta y nunca nadie atendió.

Así llamamos 4 veces a las "Reservaciones" y nos decían cada vez lo mismo. Al final claudicamos, estaba todo fantasmal, pues no había nadie ahí. Pero supimos disfrutar nuestra corta estancia, pues nos quedamos un rato contemplando el cielo tapizado de estrellas, la sonrisa de gato de la luna y el hermoso espectáculo de una lluvia de estrellas. Mientras tanto jugábamos futbol a tientas en la oscuridad, nos divertíamos, decíamos y hacíamos mil tonterías. Ahí cenamos nuestra comida y sentimos cosas raras, pero al menos yo no vi/escuché nada (aunque he de decir que no soy muy buena percibiendo cosas 'paranormales').

Pero era momento de regresar. No podíamos quedarnos en un lugar completamente solo, en medio de la noche, pero sobre todo, en medio del frío. Mas no queríamos que quedara todo así, no habíamos conseguido permisos para dormir fuera en vano. Dedicimos que iríamos a casa de alguno de nosotros y continuaríamos nuestra fiesta mafufa allí.

La casa de Polvo fue la elegida. Llegamos, nos instalamos, y comenzamos un maratón de películas que no parecíamos saciarnos de ellas. Comimos todo lo que nos sobró de lo destinado para el viaje, hicimos nuestro propio campamento, y sin tanto frío como el que haría en el pleno cerro. La primer película se acabó a las 4 am, después de esto algunos durmieron, otros como yo no, y a las 6 am era hora de poner la siguiente película. Así que no dormimos en toda la noche, y una anterior a esta yo sólo había dormido 2 horas gracias a mi examen final de Biología Celular y Molecular. Estaba cansada, pero no lo suficiente como para perderme de las tonterías que todos estábamos haciendo con tal de compensar el viaje frustrado.

Desayunamos a mediodía, dormimos un par de horas esporádicas, vimos muchas películas, nos la pasamos encerrados en un cuarto por más de 12 horas, con pijamas, cobijas, películas, comida y una que otra bebida, y en total llevábamos 25 horas juntos, sin separarnos y hastiándonos unos de otros.
Y pasaron cosas... Pasaron algunas cosas...

Fue sencillamente genial, ¿quién tuvo una despedida como la nuestra? Nadie.

No sé cómo estoy escribiendo en estos momentos, pues he dormido sólo 4 horas en estas 2 últimas noches...

Ya sé, son vacaciones... Donde puedo hacer lo que quiera, a la hora que quiera sin pensar que mañana tendré que levantarme a las 5 am.

Oh sí, ansiadas vacaciones. ¿Merecidas? Eso no lo sé, pero sí que muy esperadas.


Disfrútenlas, yo definitivamente lo haré...





"No te tomes demasiado en serio la vida, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella" - Les Luthiers




Listening to: "Never forgive me, never forget me" - Akira Yamaoka



24 de octubre de 2007

Mi viaje al pasado...


Comienzo con la reseña de los 4 días que pasé fuera de la ciudad, disfrutando de nuevos lares, nuevas caras, nuevas emociones...

Jueves 18 de octubre.- Fue el día de nuestra partida. A pesar de que Polvo y yo teníamos clases, nos llevamos la maleta a la escuela, comimos allá y nos dirigimos a la central para tomar el primer autobús a Guadajalara (sí, debíamos transbordar allá, pues no hay autobuses directos a León). Tomamos nuestro transporte alrededor de la 1:30 pm y aproveché el viaje para enviar algunas despedidas que no alcancé en presentar y sobre todo, a disfrutarlo.

Llegamos a Guadajalara a las 5:30 pm, hora de allá. Tomamos rápidamente el primer autobús a León, siendo éste a las 6:15 pm, no contábamos con que llegaríamos así de tarde a Guadalajara, por lo que llegaríamos también tarde a León (el tiempo de recorrido de una ciudad a la otra es prácticamente el mismo que de Tepic a Guadalajara).

Terminamos llegando a las 9: 30 pm. El amigo de Polvo fue a recibirnos y a recogernos. Nos presentamos, De la O es su nombre, y es una persona sencillamente genial, carismático, simpático, sencillo y muy amable, además de que nos regaló una muy calurosa bienvenida. Nos llevó a su casa, donde vive solo, nos presentó a su hogar y le propusimos preparar una cena casera para que él disfrutara de comer en casa, puesto que él vive solo y no tiene mucho tiempo para cocinar (además de que los hombres no suelen cocinar mucho que digamos). Y terminé preparando la cena yo, Polvo y yo sabíamos quien la haría, pero me alegra mucho que la hayan disfrutado. ¡De la O dice que se enamoró de mis quesadillas!

La cena fue sin luz, con lluvia, con cuentos macabros y recordando cosas entre ellos, conociendo nuevas entre nosotros.


Viernes 19 de octubre.- Debíamos levantarnos temprano, De la O tenía una clase y podíamos acompañarlo si así lo deseábamos. Por supuesto que lo deseamos, no hicimos 8 horas de viaje para quedarnos encerradas en una casa con el fantasma de una viejita [recordé al Fantasma de Canterville]. Entonces nos dispusimos a ir a la Universidad Iberoamericana de León, donde él estudia Ingeniería en Mecatrónica. Nos mencionó que la clase era de antiestrés, de cuerpo-persona y que le encantaría que entráramos a checar (sabe que nos gustan ese tipo de cosas a las dos) y que por favor opináramos para que hubiera más dinámica en la clase y no fuera tediosa.

Antes de eso, recorrimos el campus, visitamos la biblioteca (está con mucho mejor la Biblioteca Magna), nos tomamos algunas fotografías con la luz tenue de los faroles y el sol queriendo salir y desayunamos en la cafetería de la universidad.

Posteriormente, nos presentamos ante la profesora, tomamos unos asientos atrás y nos dispusimos a escuchar la clase. El tema era tratar un debate/reflexión acerca de un texto que habían leído previamente los estudiantes "Ética para Errantes". Toda la clase fue sumamente interesante, Polvo y yo la disfrutamos muchísimo, pero algunos estudiantes estaban más metidos en su mundo y en su rollo que fue triste ver como un profesor con tanto jugo se desgasta por personas que no valoran esos conocimientos.

Al final le agradecimos a la profesora, le dimos nuestras reacciones con respecto a la clase y ella nos sonrió de tal manera, como cuando uno se siente satisfecho con su trabajo, con lo que hace, que nos dijo que deberíamos viajar... Con esa frase se despidió.

Terminado todo ésto nos fuimos a la central de Léon para tomar un transporte para Guanajuato, que son aproximadamente 45 minutos de recorrido. Estaba relativamente barato y era mediodía cuando nos dirigíamos a la sede oficial del Festival Internacional Cervantino.

Guanajuato... ¿qué decir de esta ciudad? Es simplemente bella, hermosa, colonial, antigua y sin toques de modernidad; es como retroceder en el tiempo y disfrutar de un mundo completamente distinto. Pero estaba el contraste de lo antiguo, con lo contemporáneo de la muchedumbre. Estaba infestado de gente, no se podía ni caminar entre las de por sí, pequeñas calles. Encontrabas desde alemanes, españoles y franceses hasta chinos. Había teatros ambulantes, vendimias de cosas inimaginables, gente ebria por las calles, vendían besos a $1 y todo mundo te sonreía. Parecía todo un encuentro psicodélico.

Decidimos que este día sería para comprar todas las cosas que se deseáramos llevar (recuerditos, cosas personales, cosas específicas del Cervantino) y que el sábado sería para disfrutar los eventos ambulantes, y los eventos en los teatros por los que pagamos una módica cantidad (Dios, sufrí pero valió la pena). Recorrimos las calles de Guanajuato, conocimos a mucha gente, tomamos una que otra bebida y deambulamos por el corazón del festival.

A las 8 pm nos dirigimos al Teatro del Estado para disfrutar de la presencia del Ballet de Danza Moderna Brasileña de Deborah Colker. Y no puedo decir más que ¡estuvo genialsísimo! Fue bello, imponente, carismático, deleitaba la vista y sorprendía, además de que la música de Mozart, Strauss y algunas otras canciones mafufas prendieron al público, que al final, el ballet se llevó una ovación de pie por varios minutos.

Cuando terminó, nos quedamos un rato afuera del teatro, y como era una especie de mirador, contemplamos la ciudad desde otra perspectiva y aprovechamos para tomar ¿unas cuantas? fotografías.

Nos regresamos al centro histórico, disfrutamos de un café a la luz de la luna, disfruté de un cheesecake y nos hicieron de nuevo una caricatura, por lo que Polvo y yo decidimos un trato que consiste en que cada viaje deberíamos realizarnos una caricatura como recuerdo.

Y lo restante es algo que no detallaré.


Sábado 20 de octubre.- Como llegamos a las 5 am a Léon, nos levantamos bastante tarde ese día y se nos fue toda la mañana en la cama. Posteriormente comimos, y nos largamos de nuevo a Guanajuato. Este día fue mucho mejor, llegamos a los teatros y presentaciones ambulantes, practicamos cosas, saludamos gente, besamos a extraños, gozamos. Nos quedamos enfrascados en la presentación de un mimo (ah, ¡amo a los mimos y arlequines!) que me tenía destornillándome de la risa, cuando al final nos dimos cuenta que faltaba un minuto para que comenzara otra presentanción en el Teatro Principal por la que habíamos pagado.

Se trataba de una obra de teatro china (este fue el país invitado de honor del festival, así que casi todo giraba en torno a él), que por cierto estuvo taaan fumada, no tenía hilación ni sentido. No llevaba una secuencia y era gracioso escuchar los sonidos que emitian, pero más gracioso ver que el público ponía cara de "what?" porque no entendía nada, hasta que comprendieron que arriba había una pantallita que traducía todo... Por Dios.

Pero lo que tenía de rara y fumada en la secuencia y en los actos, lo tenía de genial, sutil y filosófico en las palabras y diálogos. Hubo frases que me encantaron, describieron cosas tan banales justo como me gusta escucharlas:

"¿De quién o qué es sombra la noche?"

"El viento es el eterno movimiento del tiempo..."

"Sólo lo que tiene sombra es un objeto, es lo que existe. El mar no tiene sombra, el mar es sólo una ilusión".

Salimos del teatro con una sensación extraña, por lo que fuimos a disfrutar un café que fue sumamente delicioso con un cheesecake aun más delicioso que el anterior. Ahí De la O se deleitaba la pupila con unas mujeres polacas, alemanas y mexicanas. ¡Se le hacía agua la boca!

Al devorar los cafés, los aromas y el pastel, fuimos ahora al evento cumbre del Festival. En el Teatro Juárez, un hermosísimo teatro con acabados elegantes y delicados, se presentaba la Compañía de Danza Moderna de Beijing, el mejor evento del Festival por muchos, y tenía la suerte, el privilegio y la oportunidad de estar ahí, con los mejores asientos (que algo me costaron), disfrutando de la belleza de la música oriental y sus bailes extraños, pero deliciosos. Fue hermoso.

Cuando terminó la presentación, nos quedamos un rato tomando fotografías al teatro, cuando salió un bailarín de la obra, nos miró entre sorprendido y curioso, y nosotros en un gracioso inglés le preguntamos que si podíamos fotografiarnos con él. Él con un medio acento francés contesto "Of course!".

Deambulamos aún mas por el teatro (me enamoré de él, por cierto) hasta que un guardia terminó corriéndonos. Salimos y la comparación de la muchedumbre ebria, drogada y mafufa de afuera con la tranquilidad de adentro era graciosa. Pero salimos a disfrutar.


Domingo 21 de octubre.- Llegamos a las 4 am a León. Teníamos contemplado llegar directamente a la casa a recoger maletas y regresar a Tepic para alcanzar a estudiar un poco porque teníamos examen el 23. Nos topamos con la sorpresa de que el autobús salía hasta las 5:40 am, por lo que optamos por regresar, dormir un poco e irnos.

Mas falló el plan. Dormíamos, sonó la alarma, nos miramos y nos dijimos una a la otra "nos vamos en el de las 6:20". Caímos de nuevo a la cama, cuando al moverme sólo escuche decir a Polvo "mira la hora". Volteo al celular y veo que era la 1:30 pm, ¡nos quedamos dormidas! Rápidamente nos bañamos, vestimos, acomodamos cosas, comimos algo y nos fuimos a la central de León, a despedirnos de la ciudad y a despedirnos de De la O.

El viaje de León a Guadalajara, y el de Guadajalara a Tepic fue sin contratiempos. En este último sufrí por el maldito aire acondicionado y mi alergia a él, me sentí mal, pero fue irrelevante. Y en el primero, una niñita atrás de nosotras nos hacía preguntas indecorosas, nos regaló su almohadita y nos dio muchas sonrisas. Incluso nos tomamos una foto con ella.


Hoy.- Hago el recuento de lo vivido. Disfruto con alegría mis recuerdos, contesto que me fue excelentemente bien allá, y pregunto a quien me encuentro si me parezco a Polvo, pues exactamente 10 personas en el viaje nos preguntaron si éramos hermanas. Además de que en Guanajuato conocí al hombre más guapo (aclaro, guapo, no interesante ni nada más, sólo de un plano físico) que mis ojos han visto y además, me tomé una fotografía con él :P. ¡Y De la O terminó enamorándose de mi comida!



Viví tantas cosas... y las que dejé vivir.


Aprendí tantas cosas... que no las puedo enlistar aquí.



Bastante largo este relato, pero fue lo más corto que lo pude hacer... ameritaba más, suficiente con menos.




"Hay que tener una buena cama y unos buenos zapatos: cuando no se está en la primera, se está en los segundos" - Gloria Hunniford



Listening to: "It's Oh So Quiet" - Björk






22 de octubre de 2007

Regresos, retornos y vueltas


He vuelto...

¡Y estoy más que emocionada aún!

Viví tantas cosas... y las que dejé vivir.

Posteriormente relataré algunas cosas que pasaron, y subiré algunas fotografías para eso de la evidencia y las pruebas.



Las cosas pasan por una razón, agradezco a esa razón que me llevó a tan fantástica experiencia.



"He aprendido que el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada" - Gabriel García Márquez



Listening to: "La Barcola de los Cuentos de Hoffman" - Offenbach

28 de agosto de 2007

Recuento de una aventura


He regresado a la vida. Nunca me fui, pero tampoco estuve aquí... Algo pasaba y yo lo sabía muy bien, pero personas, cosas, pensamientos y deseos se encargaron de que al menos me olvidara de lo innecesario.

Comencé por irme de viaje otra vez, a la misma ciudad pero con una persona distinta; hoy fue el turno de Polvo... ¡Fue secillamente genial! Hicimos una visita fugaz pero un maratónico itinerario cubrió por completo nuestro tiempo. La idea (supuestamente principal, pero ambas sabíamos que era mentira) era ir para surtirnos de la bibliografía necesaria en la facultad, pues lo "maravilloso" de la carrera de medicina es lo barato que te salen los libros. En fin, busqué allá mis dichosos libros y me encontré con dos noticias paradójicas, una buena y otra mala. ¿Cuál primero? Bah! La buena era que mi preciado y anhelado libro costaba un 50% más económico que aquí, pero la mala como supondrán, es que no había ya más ediciones.

Pero no regresé con las manos vacías. Por algo no compré el libro y me quedó el dinero para ir a la Expo y vagabundear por la masiva Convención de Anime. Esa era realmente la idea principial que tuvimos Polvo..., Ad y yo para ir. Ahí me encontré con personas graciosas, amables, extravagantes y desinhibidas. Además de montones de cosas que comprar, que ver y que disfrutar; terminé comprándome un par de ellas. Pero lo más genial de esa visita a la Expo fue mi retrato en caricatura junto a Polvo... ¡Me sentí toda una japonesa con mi kimono imaginario!

Eran las 7:30 pm. cuando salimos de la convención, ésta fue priorizada pues preferimos ir a ella que comer, por lo tanto, la inanición estaba dejando sus consecuencias en mi cuerpo. Llegamos a devorar algo de comida rápida (¿qué podíamos hacer? Era lo más al alcance, rápido pero no tan económico que pudimos encontrar) y después nos dirigimos al hotel. Ahí estábamos más que listos para descansar después de tan cansado día, pero resultó una visita a un show cómico nocturno. Ya estaba pensando lo que se avecinaba: Polvo... disfrutaría muchísimo el show. Y así pasó, su risa aparte de estruendosa, incontenible y bella, fue alentadora para el presentador (que se dirigó 3 veces a nuestra mesa para besarla sutilmente en la mejilla) y para el público, pues a veces se reían más de su risa que del propio show.

Todo esto terminó a las 3 am. y estábamos extremadamente fatigados, por lo que llegamos al hotel, ni nos desvestimos y dormimos. El resultado fue que nos avisaran al mediodía que el cuarto ya se había vencido y nosotros seguíamos dormidos. Así que rápidamente nos bañamos, nos vestimos y volvimos a salir para continuar con nuestra travesía. Posteriormente pasaron cosas irrelevantes, pero divertidas que prefiero no detallar. Al final, nos dirigíamos a nuestra ya añorada ciudad con un montón de cosas, un montón de recuerdos y un montón de sonrisas.

He descubierto que los viajes son una especie de terapia/medicamento/rehabilitación/droga/remedio o como quieran llamarle para mí, pues siempre terminan ayudándome.


Los extrañé, extrañé este espacio pero la facultad no me ha regalado mucho tiempo libre para invertirlo aquí.

Pero para su desgracia o fortuna, aquí sigo.



*Por cierto, ¿a qué no adivinan cuál de las dos de la imagen de arriba soy yo?





"La verdadera filosofía es reaprender a ver el mundo"
- Merleau-Ponty



Listening to: "The Reason" - Hoobastank



12 de agosto de 2007

Retorno -in-esperado


Ya aquí estoy de nuevo, de regreso. Me han preguntado tantas personas qué tal me fue y no he sabido responder...

El viaje me hizo mucho bien, pero precisamente el viaje. El sentir la delicia del aire golpear mi rostro, el ver imágenes intermitentes a lo largo de todo el recorrido, el vislumbrar distintos escenarios cada segundo y el ir escuchando alguna buena canción no se comparan con nada. Todo esto fue lo más tranquilizante, relajador y desestresante que pude haber encontrado. Son momentos de silencio, momentos de encuentro conmigo misma, de análisis de pensamientos y sucesos. Mientras todos los demás dormían (a excepción del chofer, claro) yo iba mirando la noche profundizarse ante mí, mis manos galopaban en mis rodillas, mi espalda se adormilaba y mi mente hacía tantas cosas..., cosas que ni siquiera quiero expresar aquí. Aunque he llegado con una infección de garganta y oído por lo que ando medio (o mucho) sorda a causa de ese bendito aire.

La estancia fue placentera, mi anfitriona amable y la ciudad llena de cosas que mis ojos ansiaban ver. Anduve vagando cual mendigo busca un lecho donde dormir, compré cosas innecesarias y hasta caballos monté. Fue sencillamente genial.

Hoy me siento más relajada, más independiente de lo que siempre alardeaba ser, más yo y más suya...

Pero no puedo evitar decir que por primera vez (o tal vez no primera, pero una sí muy marcada) sentí lo que es extrañar. Mi cama y la comida encabezan la lista, seguido por todo lo demás (no sean sensibles, pero no puedo vivir sin la primera cosa ni la otra), así que en cuanto llegué me preparé una cena que jamás olvidaré. Además, recibí llamadas y mensajes de bienvenida, algunas personas que me provocaron una sonrisa y una que otra conmoción, pero me siento feliz... y agradecida. Agradecida con todo, con la vida que me tocó (o yo me forjé) vivir, con las oportunidades presentadas, por los amigos que tengo y me tienen, por saber empalagarme de la belleza en su mínima expresión, por darme cuenta de mi extremada sensibilidad y de mi extremada fortaleza.


Los Quiero... Gracias por la bienvenida.




"Me gustaría emplear toda mi vida en viajar, si alguien me pudiera prestar una segunda vida para pasarla en casa" - William Hazlitt



Listening to: "The Man Who Sold The World" - Nirvana



8 de agosto de 2007

Bon Voyage!


Ella estaba ahí, sola, imaginando cosas...

Sintió una descarga de conmoción al sentir su cuerpo desnudo y húmedo bajo la ducha... Era un agua deliciosa: tibia pero fresca a la vez. Arreciaba el agua salada sobre sus mejillas, confundidas con las gotas de ese líquido proveniente de la regadera. La música de fondo no ayudaba en lo absoluto...

Recordaba que un día antes estaba feliz, contenta al descubrir que se situó en el 9no lugar de su generación. Ni podía contener tal sentimiento, se sintió orgulla de sí misma, se sintió un poco avergonzada también pues a veces le llegaban esos pensamientos de no estar haciendo bien las cosas, cuando al final, los resultados demuestran lo contrario; ¡cuán equivocada estaba!

Recordaba también como ayer aprendió a decir "te quiero", a atemorizarser de cosas irrelevantes y a enorgullecerse de ser la primera "causante" de una risa diabólica. Excluyendo las fastidiosas e inútiles horas en el hospital, ayer ella se sintió contenta después de algunas semanas.

Detestaba estar mucho tiempo bajo la regadera, su actitud ecologista le asqueaba el estar tirando el agua innecesariamente, incluso aunque lo estuviese viendo en una caricatura por TV. Pero esta vez se sintió tan diferente, que deseaba seguir empapándose más y más con ese agua cálida y fría a la vez, relajando los músculos de su frágil cuerpo, mojando sus delgados cabellos y enrojeciéndo su delicada piel. Era un éxtasis.


Cerró los ojos, y siguió pensando, imaginando. Ahora cayó en la cuenta de que debía elegir los atuendos que tenía que llevarse para un ligero pero necesario viaje. Seguía estando contenta, y eso le provocó una distorsionada sonrisa en el rostro, pero había algo que turbaba su felicidad. Pensó como siempre volvía a cometer el mismo craso error: el esperar algo más de las personas; ella siempre solía creer que corresponderían con algo mutuo, pero también sabía que todas las personas eran diferentes en su ser.

Comprendió que estaba gastando demasiada agua y demasiado tiempo, por lo que renunció a la exquisitez que el baño le ofrecía, se enredó una ligera y clara toalla sobre su cuerpo y subió escaleras arriba en busca de algún atuendo cómodo para el viaje, terminó escogiendo lo de siempre: unos jeans, una blusa y sus tenis; nada más cómodo, se dijo.

Ya vestida se dispuso a empacar, encontró una enorme maleta raída de algún lugar de su clóset, era demasiado grande para el pequeño viaje que iba a realizar, pero tuvo que resignarse ya que era la única que tenía. Acomodaba ropa, unos pares de tenis y zapatos, junto con sus objetos personales. Pero también empacaba recuerdos, sonrisas, personas, palabras y despedidas. Se sintió emocionada, esperanzada y contenta de nuevo porque llegaría revitalizada un día antes para entrar a la escuela.

Ahora está ella sentada, esperando a que llegue, aguzando el oído por si llega a escuchar el sonido de algún claxon por lo lejos, para comenzar a emprender una nueva y deliciosa aventura...





"Imposible es sólo una declaración que usan los hombres débiles para vivir fácilmente en el mundo que se les dio, sin atreverse a explorar el poder que tienen para cambiarlo. Imposible NO es un hecho, es una opinión. Imposible no es una declaración, es un reto" - Anónimo



Listening to: "Tears of..." - Akira Yamaoka and Rika Muranaka