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Había música hecha por violines de fondo cuando hace algunos pocos días iba caminando en medio de un bosque púrpura. De pronto escuché un sonido estremecedor, volteé a todos lados para tratar de encontrar aquello que me había sobresaltado y no encontré nada, por lo que asustada decidí continuar mi camino. Mis vestidos rojos veteados de negro me hacían sentir ligera, mis pies descalzos sentían la grama bajo ellos y por un breve momento decidí pararme a descansar.
Ahí, recostada observaba a la luna, esa pelota roja que en esos momentos me miraba y que con muecas me decía muchas cosas, me guiñaba el ojo y me sonría pícaramente. Más de repente comprendí que ese sonido que había escuchado previamente venía de mi interior, fue un grito de auxilio, de ayuda, de labor. Volví a escucharlo, giré en mí misma y observé unas sombras a lo lejos, todos los árboles estaban difuminados, como si fuesen una pintura vieja hecha por van Gogh. -¿Qué les había pasado?- Me preguntaba. Mis cabellos se ondeaban al compás del viento helado, mi piel se ponía chinita a causa de un revuelo que estaba segura, yo había comenzado. Esas sombras comenzaban a acercarse a mí, y yo no podía identificarlas...
Por un breve momento divisé un rostro, un espectral rostro que yo conocía; intenté correr, pero mis pies quedaron convertidos en raíces, mis manos parecían alas, pero el contraste de mi entierro en la soledad y el ansío de querer volar se oponían entre sí y me quebraban a la mitad, me hacía añicos, me hacía pedazitos, en donde había uno en el que se encontraba mi corazón, esa pequeña cosita entre roja y entre negra estaba latiendo, estaba muy débil y cansado, todo lo que tenía que haber soportado estos 19 años, y yo que nunca me preocupé por él.
Pero ahora ya nada importaba, yo estaba destruida y él aún seguía vivo, que mejor se salvara él y yo me despidiera del mundo por entero. Cerré mis pequeños ojos muy fuertemente, hasta que me dolieron y sentí líquidos fríos en mi rostro, corriendo a través de mis mejillas... Cuando intenté abrirlos, mi vista estaba totalmente empañada, la lluvia arreciaba, estaba completamente mojada en la grama en la que me había dejado caer y el lodo cubría mi blanca y gélida piel.
Ahí estaba yo, inspeccionándome, dándome cuenta de que todo fue un sueño, y que todo había sido tan irreal como lo son todos esos libros de cuentos que a diario me hago leer. Pero cuando decidí levantarme para continuar mi camino, allá estaban esas sombras espectrales, detrás de los árboles difuminados queriendo escapar de mí. Él miedo se los infundía yo, no ellos a mí...
"Cuando quiero leer una novela la escribo" - Benjamin Disraeli
Listening to: "Of A Might Divine" - Haggard
3 comentarios:
Megusta el primer párrafo.
Muy chido.
el escrito completo también.
Pero más eso.
lo bueno que te ecnontraste otra ves a ti sigue con esa corazon tan grande que te rodea y como hace tiempo te dije simpre estare hai para protegerte y cuidarte aunque tu no lo veas simpre estare hai
atte
jundo
Muchas gracias Aztlán.
=]
Anónimo: Muchas gracias.
[¿Atentamente Jundo? Tú no eres Jundo.]
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