
Nunca he sido buena para recordar este tipo de fechas. En casa no somos tan afectos a darle exagerada importancia a celebraciones específicas como el 10 de mayo o el primer domingo de junio. Terminamos felicitando al festejado, tal vez una comida agradable familiar, si alguien gusta dar un regalo (para nada necesario), lo hace y tan tan.
Pues este año no fue la excepción. Felicité a mi madre, y le di un regalo que me parece fue más para mí:
¡Un pez!
Yo nunca he tenido una mascota propiamente dicha. Mi casa es muy pequeña para albergar a seres tan grandes como perros o gatos, además de que no habría quien los atendiera debidamente (no me gustan que los animales se queden solos, encerrados y sin compañía), pero la principal razón es que no me gusta encerrar a un animal que no tiene necesidad de estar en mi casa.
¿Acaso ellos no preferirían estar en su habitat, queriendo jugar con sus semejantes, reproduciéndose y no acompañando a una ser patético que no es capaz de conseguirse un amigo? No. Por eso no me ha gustado mucho tener mascotas. Además, claro está, que no estoy acostumbrada.
En fin, ese no es el punto. Hace un par de días, una amiga me comentó que compraría un pez más para su pecera. A partir de esto, me llegó el fugaz recuerdo que tuve en mi infancia: siempre soñé con tener un pez nadando en su pequeña pecerita semiesférica. ¿Porqué? Quien sabe. Creo que por que son seres curiosos, tranquilos, no implican tanto cuidado (relativamente), ni tanta inversión monetaria, además de que me parecen muy estéticos (claro, no todos). Pero mi problema fue, de nuevo, el no querer encerrar a un animal en casa.
Acompañé a mi amiga al acuario a que escogiera sus benditos peces, y ahí estaba yo, viendo cada colita moverse, me emocioné, pero también me entristecí de ver a unos pequeños peces en un bote del tamaño de ¡mi puño! Sentí tanta pena y coraje, y me preguntaba si en mi casa no estarían mejor, ya que allí les daría comida, en una pecera más grande y sobre todo, mucho cariño: Recordé que a mi madre le gustan los animales.
Sí. Ya he comentado que no tengo mascotas, pero en realidad sí tengo, pero no las considero así. Hay cierto par de periquitos australianos en mi casa, que están allí porque uno fue rescatado del hocico de un perro por mi madre. Lo cuidó, le dio de comer, le dijo cursilerías y lo adoptó, ya que el perro le dañó un ala y no puede volar más. El otro fue regalado por un tercero con la intención de que acompañara al enfermo, pero no quise y pedí que lo dejaran libre. Se fue pero a los pocos días volvió y se quedó para siempre (así como suena, bien dramático).
Entonces no las considero mascotas, sino como invitados, huéspedes, cuasihermanos, ya que ellos decidieron estar aquí, o en su defecto, no tienen más remedio que hacerlo.
Y yo sabía que ese pez sería sumamente mimado por mi madre, pero especialmente por mí. Mi deseo de hacer realidad ese sueño no se vería truncado esta vez.
Y lo compré.
Le compré su famosa pecerita semiesférica, con piedras amarillas fosforescentes al fondo para que contrastara con el color púrpura azulado de sus escamas, además de unas ramillas naturales para que no se sintiera tan encerrado y al menos hacerle creer (sí, claro) que está en un muy pequeño estanque natural. Además, le compré su comida, y la doña del acuario me recomendó una solución anticloro, que disque servía para humectar las mucosas del pez, era antiestrés, limpiaba el agua y no sé que tantas cosas más.
El caso es que ahí llevaba yo al animal, con la mera intención de dárselo a mi mamá con el pretexto de su día, pero la verdad, se lo iba a dar sin esta intención.
¡Le encantó! Ahí estaba yo persuadiéndola de que le pusiera un nombre, y resultó uno muy peculiar: Galileo.
Así que tengo un nuevo hermano. Sí, le regalé a mi madre en su día un hijo, nuevecito y de paquete. Irónico.
Ahora déjenme ser feliz, disfrutando de mi sueño que se vio frustrado por muchos años, déjenme quedarme horas y horas observando al pequeño Galileo mover su colita y sus aletitas al compás de una tierna canción...
Por cierto, mi hermana me ha regalado un ajedrez. ¡Yey! ¿Alguien quiere jugar conmigo? Si hay algún interesado, favor de contactarme, me encantaría estrenarlo.
"El día de las madres es cuando todo el mundo visita a su mamá y ella hace como que no le importa el trabajo extra" - Anónimo
Listening to: "La chispa adecuada" - Héroes del Silencio
6 comentarios:
No soy muy bueno jugando ajedrez, pero con gusto jugaré contra ti.
Hola!! jaja quiero conocer a Galileo me encantan los peces! son tan relajantes ohh si jaja y claro que jugaria contigo el ajedrez ya sabes xD aún recuerdo las reglas y pues mucho mejor jugar en uno real xD saludos!!
:O un pequeño cambio en tú página principal =) jaja que metiche verdad jajaja xD saludos!!
Los peces son la onda =).
Si no los alimentas ni los quieres, no reclaman U_U.
Espero que tu si lo hagas n_n.
Y en realidad he jugado muy pocas veces ajedrez, pero sería un gusto =}.
Saludos a Galileo♥ y a ti =).
Me llevaré el ajedrez a la universidad, para a ver a quien me encuentro y nos ponemos a jugar. No se preocupen, yo tampoco sé jugar bien.
Oh, y ya conocerán a Galileo, ¡es hermoso! Claro, tiene que ser, es mi hermano =)
Y sí, un pequeño cambio, ¿se ve mal? Si es sí, no me importa xD.
Lo mimaré, ni lo dudes.
Saludos de vuelta n.n
¡Cumplirá ya un año!
Fiesta, fiesta, fiesta.
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