13 de junio de 2008

La sombrilla con gabardina


El recinto estaba vaciándose a cada minuto que pasaba. Los cristales semitransparentes de ese lugar no dejaban que nos cercioráramos de lo que pasaba afuera, así que sólo podíamos especular: llovía.

No nos preocupábamos, no era tarde e íbamos preparados para situaciones como esas. Los demás, cada uno y poco a poco se iban despidiendo con el pretexto de aquellas gotas que no cesaban de caer.

El frío se colaba por dentro del inmueble, pero nuestro calor era más puro e intenso. La conciencia de que allí había más seres humanos era lo que tal vez nos mantenía a la temperatura normal. Estruendosos sonidos se escuchaban en aquel techo de algún material extraño, o tal vez no tanto, ese que nos daba la alerta de cuando podríamos aprovechar que el monzón se calmara y se nos abriera la puerta de esas tantas paredes que tanto nos encerraban.

Y llegó el momento. Al fin nuestro tic-tac en el techo nos avisaba que Tláloc se había tomado un breve receso y nos daba permiso de salir para dirigirnos a una dirección totalmente opuesta a la que estábamos. Entonces me recogí el cabello, saqué mi sombrilla y él se colocó su gabardina, larga y negra...

Y ahí íbamos, 2 seres estúpidos que creían que un paraguas y una gabardina les resguardarían de aquel aguacero. Dos seres que lo que más los hacía estúpidos es que eran felices uno con el otro, aunque no se lo dijeran, aunque permanecieran en silencio.

Sólo sonreímos al ver nuestros atuendos y salimos a la intemperie de la noche, a platicar con algunos árboles y a adentrarnos en la oscuridad. La luna no existió, no fue nuestra cómplice de siempre, nadie nos miró. Nuestras cargas extras corrían el riesgo de empaparse, y por ende, de deteriorarse, pero era algo que para aquel momento no había diferencia. El caminar bajo la lluvia, juntos, era algo que no sucedía a diario, no sucedía muy a menudo.

Aún nuestros pies rozaban el sucio y húmedo suelo cuando él me detuvo en seco. Su cara mojada confundía el brillo que había en sus ojos, me preguntaba si quería decirme algo más cuando, precisamente, en ese exacto momento, no pasó nada más que la unión de sus labios con los míos.

Algo sucedió, algo que no comprendía, pero que en realidad ni quería comprender. La lluvia era nuestro escenario, nuestra escenografía y nosotros, los protagonistas de alguna obra romántica de Shakespeare, pero esa gabardina lo hizo girarlo todo. No podía ser Shakespeare, tal vez podía aventurarme con Hesse, quien no impregnaba el romanticismo, pero sí el amor y la locura aunada a la curiosidad.

No lo sé, no sé si éramos un cuento o una obra, de un novelista o de un dramaturgo, sólo sé que vivíamos nuestra propia historia. La historia de dos estúpidos que creían ser felices bajo la lluvia.

Pero lo peor de todo es que lo éramos.

Hay calores que se perciben, se guardan o se tiran, se quedan o se van, se transmiten o se repelen, pero hay algunos, sólo unos cuantos, que se perciben, se guardan, se quedan y se transmiten, todo a la vez, y yo podría asegurar que esa noche no tuve ni una pizca de frío. Él tal vez se quedó con mi aliento, saboreándolo un poco, estrujando mis prendas mojadas y siendo tapado por aquella sombrilla que resultaba irónica porque lo menos necesitábamos era una sombra.

Los faroles nos acompañaron, la luna era excluida, los árboles nos ceñían entre sus ramas y una que otra ráfaga de aire nos atormentaba.


El paraguas cayó, lo abracé por debajo de esa sensual gabardina, él sujetó mis cabellos y dejamos que nuestros alientos hablaran nuestro último sueño...




Y lo mejor de todo es que tristemente, fue real.





"La esperanza de una felicidad eterna e incomprensible en otro mundo, es cosa que también lleva consigo el placer constante" - John Locke



Listening to: "Psicosis" - Hocico

5 comentarios:

knightwiserider dijo...

:O

Yeah!

Hardcore :)

Anónimo dijo...

=) imagino que si fue real jeje

Anónimo dijo...

que felicidad!

que bello!

en mi mundo, el agua es como un acido, como un veneno mortal que nunca bajo ningun pretexto debe tocarnos...

y como a mi tanto me encanta que me bañe Tlaloc, la he forzado...
jaja

.: Vakita :. dijo...

Bendita Lluvia =D!

Pero se fue, ya que nadie la ha recibido como se merece =(, esperemos regrese pronto.

Saludos :)

Sophia dijo...

Oh sí, Baltazar. Es en estos momentos lo que me motiva para continuar xD.

Karla: Estás en lo cierto =)

Anónimo: Feliz, bello, así fue realmente. Siento por ti que últimamente a diario estén cayendo gotitas de ácido, pero parece que Tláloc ha respondido a tus súplicas, pues la lluvia ha cesado... por el momento ja!

Va-kita: Pues yo ya me he dado un par de bañadas, ya la he disfrutado. Aunque yo también espero que vuelva pronto, la extraño =(


¡Saludos a todos!