17 de marzo de 2009

Amaurosis fugax


Cerré los ojos y ahí estabas,
tan cruelmente despiadado, invitándome a bailar contigo.
Abrí los ojos y ahí permanecías,
tan dulcemente abrigable, incitándome a morir de frío.

Di un paso y ahí estabas,
tan brutalmente transparente, como el tibio cristal del espejo de mi habitación.
Volteé al cielo y ahí continuabas,
tan puerilmente humano, ofreciéndome de tu cuerpo, la divinidad de cada rincón.

Morí un instante y ahí estabas,
tan tristemente afligido por mi ausencia, que me provocabas evitar mi propia muerte para no verte llorar.
Reviví entonces, y de nuevo te encontraba,
tan ingenuamente feliz, con esa mirada tuya tan inmensamente natural.


Ahora aquí estoy y sigues aquí,
tan puramente y simplemente tú,
tan compleja e inocente yo,
tan nosotros,



sinónimos de unanimidad.





"En la naturaleza nada hay superflúo" - Averroes

1 comentario:

Anónimo dijo...

=P

jeje

te masquequiero!