
Cerré los ojos y ahí estabas,
tan cruelmente despiadado, invitándome a bailar contigo.
Abrí los ojos y ahí permanecías,
tan dulcemente abrigable, incitándome a morir de frío.
Di un paso y ahí estabas,
tan brutalmente transparente, como el tibio cristal del espejo de mi habitación.
Volteé al cielo y ahí continuabas,
tan puerilmente humano, ofreciéndome de tu cuerpo, la divinidad de cada rincón.
Morí un instante y ahí estabas,
tan tristemente afligido por mi ausencia, que me provocabas evitar mi propia muerte para no verte llorar.
Reviví entonces, y de nuevo te encontraba,
tan ingenuamente feliz, con esa mirada tuya tan inmensamente natural.
Ahora aquí estoy y sigues aquí,
tan puramente y simplemente tú,
tan compleja e inocente yo,
tan nosotros,
sinónimos de unanimidad.
"En la naturaleza nada hay superflúo" - Averroes
1 comentario:
=P
jeje
te masquequiero!
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