
Mi familia es como cualquier otra familia mexicana. Pequeña, compuesta de 4 integrantes, con sus respectivos padre y madre con 2 hijas muy diferentes.
No tenemos excentricidades locas, somos lo que se dice, convencionales. Peleamos, nos enojamos, nos burlamos entre sí, bromeamos, lloramos, pero he de confesar que somos bastante unidos.
Al finalizar la primer semana de vacaciones emprendimos un viaje como pocos. De hecho, son contadas las escapadas que nos damos a algún lugar ajeno a nuestra ciudad. Y cuando lo hacemos, no pasan de 3 días fuera. Somos de esos que nos encanta el calor hogareño, disfrutamos los desayunos sabatinos y domingueros donde nos actualizamos de los eventos que ocurrieron en la semana, nos gusta sentarnos a ver una película juntos aún cuando nuestros gustos sean realmente divergentes. Somos casi una familia ermitaña, por eso es un poco extraño el decidirnos a aventurarnos a algún viaje en algún lugar desconocido.
El viaje que realizamos estas vacaciones fue con el objeto de visitar a mi abuelo. Él vive en un pueblo lejano y no tan arrinconado de Amatlán de Cañas. Tenía bastantes años sin verlo, y por ende, sin visitar a su familia y su casa. Quedamos en que ya habrá otra ocasión para visitar a mi abuela, quien fue la privilegiada en tenernos en nuestro viaje pasado. No podíamos negarlo, era turno del varón.
Enfilamos la partida muy temprano en la mañana. El frío es un gran amigo, pero cuando se enoja suele ser fastidioso. Me acuchillaba colándose por entre mis poros disminuyendo mi temperatura corporal. Sufrí bastante pero no dejaba de ser rico, simplemente por que era la única que sufría.
Cuando llegamos, el jardín un poco descuidado ya, nos saludó. He de decir que me gusta mucho, como todos los jardínes, pero éste tiene un poco de especial: es natural (aunque se lea redundate), es decir, no está impregnado del aire urbanizado con el que te topas en una ciudad. Olía a pueblo, a gente simple y sin tantas preocupaciones, a señores con experiencia y con enormes cosas que contar, a tierra suelta, a un cielo soleado y sin nubes grises. Todo era claro. Además, ya había olvidado el enorme reloj que está sobre una torre que está a 3 ¿cuadras? de la casa que anuncia la hora cada 15 minutos. Tampoco recordaba que tiene luces neón adornando su circunferencia en la mitad nocturna. Se puede ver desde cualquier azotea, desde cualquier lugar del pueblo.
Las paredes de piedra me recordaron cuanto me gusta la arquitectura de esa casa. Es extraño, casi no voy por lo tanto me siento un tanto incómoda. Pero esa vez me sentí realmente bien, la madrastra de mi madre nos atendió muy amablemente; y mi tía de 15 años nos saludó jovialmente. Era extraño, me pareció que había crecido muchísimo todos estos años: la última vez que la ví era una puberta de 12 años.
Es un pueblo, hay mucho y nada que ver. Todo depende a lo que estés acostumbrado. Si eres un ser atado a la tecnología, que gusta de ver carros de aquí para allá y de visitar antros cada fin de semana, este lugar no es para ti. Pero el atractivo principal y por lo que primordialmente íbamos a causa de las ansias de mi padre, era visitar un balneario de aguas termales que estaban a 10 minutos en automóvil.
Y cumpliendo el capricho de mi padre llegamos allí. Confieso que no son muy de mi agrado: el sol estaba en su máximo esplendor e introducirme en un caldero de agua hirviendo no sonaba una idea muy tentadora. Disfruté poco realmente, el agua caliente me dio sueño y casi quedo dormida en la mesa, lo bueno es que me llevé a Demian de Hesse, aunque si acaso alcancé a leer unas cuantas páginas. Patético.
Se hacía tarde, era hora de volver. Mi madre propuso una visita rápida al centro del municipio (no del pueblo en el que nos hospedábamos). En el trayecto, mi madre nos iba contando de los lugares que visitaba cuando era adolescente, pues creo no he mencionado que ella es originaria de allá.
El centro consta de una plaza mediana, con un kiosko en el centro y muchas bancas regadas por doquier; además de tiendas, una neveria, la presidencia municipal, puestos de comida, restaurantes de comida variada y casas y más casas viejas, con calles empedradas estilo Guanajuato. Cuando nos dirígamos del auto a la plaza, me encontré con una fuente de aguas cristalinas, por lo que ya sabía que debía hacer: los 3 buques que simbolizan mi felicidad ya navegaban en medio de un lejano atardecer.
Primero rondamos un rato por las tiendas. Como siempre, no compré nada. Luego propuse ir a la plaza y sentarnos para ver el ocaso. Mi petición fue aprobada y ahí estábamos los 4 aplastados en una banca, yo recostando la cabeza en el regazo de mi padre, mientras la jefa de la casa nos contaba anécdotas pasadas, viejos recuerdos, antiguas experiencias. Fue una tarde realmente exquisita, convivimos puramente como una familia que no tiene nada mejor que hacer.
Cuando íbamos de regreso a la casa de mi abuelo, visualicé todo el panorama de tierras diferentes a mi residencia original. El cielo parecía un lago lejano y las nubes sus límites, incluso habían algunas que asemejaban árboles reflejados en el agua falsa. O tal vez tengo mucha imaginación, o tal vez no.
No he contado mucho sobre el padre de mi madre. Es un hombre hiperactivo y con claras tendencias a la locura. No puede estar quieto ni un sólo momento, ni siquiera cuando come. No se está más de 1 hora en un sólo lugar porque ya tiene sabe cuantas cosas qué hacer. Es médico y aunque tiene su consultorio, no suele estar ahí porque como ya he dicho, le encanta vagar por aquí y por allá. Realmente, por mi falta de convivencia con él, desconocía muchas cosas, pero gracias a este viaje le he preguntado unas cuantas y esto es lo que pude obtener:
- En septiembre cumplirá 70 años.
- Es graduado de la UNAM.
- Presiente que tiene más hijos (y yo por lo tanto más tíos), pero realmente no lo sabe.
- Era propietario de varios restaurantes de la zona.
- Tuvo el Síndrome de Guillain-Barré hace como 2 años, y la única secuela que le quedó fue una disminución permanente de la fuerza.
- Está más loco de lo que creí.
La herencia.
Ahora sí ya no me preocuparé al preguntarme de dónde demonios viene mi nata locura.
"La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo" - Jean-Louis Barrault


9 comentarios:
WOW, impresionante la cronica, no tengo ni idea de cuestiones literarias, pero debo decir desde mi ignorancia que el texto me atrapo
saludos =)
leido, comprendido y recordado.
sí, es lo que me contaste pero de una extraña dulce forma.
completamente J.
sophie anda perdida. bien
hey, ya eres mamá!
que chido!
http://www.youtube.com/watch?v=dSFP4XfE8jI
: susan boyle
de admirarse!
te odio!!!
Oh my Dear God, ando muy nena y sentimental hoy que eso casi me saca una lagrimilla por ahí.
Tienes razón acerca de esa mujer, dejó a todos boquiabiertos. La verdad cuando me la describiste yo me imaginaba una rubia descerebrada con cara de '¿cómo demonios muevo el otro pie para dar el siguiente paso?'.
Me sorprendí desde el principio, hasta el fin.
Qué pinches prejuiciosos somos. Ya me empezamos a caer mal.
(P.D. Aún sigo borracha).
WTF!? :P ke significa? por cierto me gusto lo ultimo que escribiste lo del abuelo :P fue lo unico que leei la verdad
oh, entonces podemos hecharle la culpa al alcohol de lo dulce y tierno de tus palabras tambien?
oye mendiga gente, escuché que le ofrecieron como un millon de dolares si perdia su virginidad frente a las camaras... al que se le ocurrio eso si está dañadon!
en fin...
pero que vos tiene.
¿Qué Susan Boyle perdiera su virginidad frente a las cámaras!?
si, me impactó cuando lo oí.
la unica duda que me queda es: será verdad?
jajajajajajajajajaj
¡Jajaja!
¡Wow! ¡Qué aguante!
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