
If I gave you my heart,
would you give yours to me?
If I made a proper start,
would you take me seriously?
If I wait for the right moment,
would you say yes to me?
If all my friends desert me,
would you be there for me?
Will you please be there for me?
Sonó el despertador, o al menos eso creí. Y efectivamente, no era la alarma de mi celular, sino éste titilando de vibraciones en el suelo junto a mi cama. Eran las 12 de la madrugada en punto cuando abrí la tapita de mi móvil para visualizar lo que era un mensaje que dibujó una sonrisa en la sonrisa que ya estaba dibujada en mi rostro al leer el remitente.
Cuando volví a dormir, soñé que el autor de ese mensaje se difuminaba paulatinamente hasta finalmente, convertirse en polvo.
Cuando desperté decidí que me tomaría el día en cuanto a responsabilidades laborales. Era dedicado a mí y a construir mi felicidad. Eso incluía el levantarme con la mayor parsimonia del mundo, ducharme y vestirme como usualmente no lo hago. Había una mujer escondida en algún recóndito espacio de mi ser, y era hora de que la sacara a pasear un rato.
El mundo me daba la bienvenida: hacía un hermoso día primaveral: radiante, cálido, el sol cumbre y con maravillosas nubes queriendo jugar con él; los árboles desprendían delicioso oxígeno que alimentaba mis pulmones, eran tan verdes y frondosos como para dibujarles manzanitas en su copa y sacudirlos hasta que cayeran las ficticias frutas de papel.
Aunque el ambiente era perfecto, había algo que no encajaba bien. Me sentí frustrada por planes frustrados, renegaba interiormente por aquello que no podía evitar pero que realmente deseaba mandar al carajo. No me sirvió de nada, pues nada pude remediar.
Entonces me senté en una banca a esperar.
No esperaba a que llegara la solución al problema, ni que me cayeran hojas del cielo con las respuestas a las incógnitas de mi vida. No esperaba eso, más sin embargo, pasó.
Llegó y me recostó en su regazo. Me cerró los ojos con una mirada y comenzó a leerme una bella historia en la que la protagonista era yo. Yo de niña, yo infante, mi yo actual. Yo.
Sonreía exteriormente de vez en vez, pero en realidad mi cerebro no dejaba de hacerlo, mi corazón se apaciguaba a cada momento con pequeños alfileres de felicidad que lo hacían sangrar de alegría, mis ojos se bañaban en lágrimas radiantes de felicidad que escribían en agua las gracias infinitas por haberme creado un mundo en el que yo era yo misma. Su protagonista sin villano, con el decorado perfecto y sin necesidad de ardonos sobrepuestos. Era tan simple que era tan hermoso.
Cuando le abracé para agradecerle me encontré con que nos encontrábamos en un lugar ajeno y desconocido pero no por mí. Era un paradisiaco lugar lleno de pasto verde que flotaba por encima de la tierra sucia que sembraba a las palmeras y árboles que lo habitaban. Habían pequeños montecitos por los que se podía rodar y frutitas frescas que cubrían gran parte de su superficie. Se veían veredas que te marcaban el camino, pero nunca limitándote como para no perderte en tu propio destino. Tú podías elegir: si lo habitual o el cambio. Era una zanja mágica, que desprendía aromas capaces de contagiar de emoción hasta al más amargado tejón que se atreviese a explorarla.
Una tanda de caricias y alientos compartidos y sellamos el trato con nosotros y el lugar mágico. Ya era parte del encanto de nuestra relación. Indiscutiblemente.
Pero era momento de partir. Y nos fuimos. Y me harté de no hacer nada. Veía en sus ojos la tristeza/desesperación por no poder cambiar el modo en el que mi cerebro se había colocado: apático. Sólo quería tomarle de las manos y salir a recorrer el mundo, mi ciudad; aventurarme a la dicha de lo nuevo, de lo creativo: pero nada se me ocurría. Y mi desesperación aumentaba, comenzaba a molestarme. Es molesto estar desesperado en un día radiante y cálido.
Entonces recurrimos al método de emergencia más típico pero efectivo: ya veremos que encontramos. El azar. No deseché la idea, puesto que cualquier cosa era mejor que estar ahí esperando a que me bañara en las necesidades de una paloma, otra vez.
Y llegamos. Y apareció el momento cumbre.
Una fila de pequeñas bolitas dispuestas en círculo lanzaban grandes chorros de agua a una mayor, en el centro. Además de pequeños palitos en medio de las bolitas les acompañaban, arrojando agua también. ¡Hasta ese pequeño ser impotente que alguna vez juzgué se esforzaba por no quedarse atrás y ser parte de este grandioso día! Me tomó de las manos y me condujo al hidroespectáculo que se presentaba sólo para nosotros. Y gratis. Privilegiados.
Aún continuaba con la desesperación recorriendo las venas de mi ser. Pero nunca se detuvo, nunca se cansó: me incitaba a cambiar el humor. Gracias por eso, gracias de verdad. Me tomó de la mano de nuevo y sin decir nada (aunque yo ya lo sospechaba) me colocó en medio de uno de los lados del cuadrado que tenían por tarima las bolitas y palitos arrojadores de agua. Y cuando el viento se aprovechó de nuestra gentil inocencia ¡zaz! Se puso de acuerdo con la brisa para darnos el más tremendo chapuzón de agua fría que he tenido en mi vida. Sí, en mi corta vida.
Y ahí estábamos, bañándonos para el mundo, para la gente insulsa que pasaba y se maravillaba de ver algo que coloreara sus grises vidas, para nosotros. Era vida, era placer, era frescura, era la perfecta demostración de la locura que en conjunto llegamos a ser. Nos miraban entre recelosos, sorprendidos y con la envidia a flor de piel. ¿Porqué? No tengo idea, tan fácil que es hacer lo que te plazca sin importarte lo que el de al lado pueda decir de ti.
Y empapada quedé. Y mojado quedó. Y bañados quedamos. Pero no era agua lo que nos cubría, era la demencia de nuestras ideas infantiles que nos obligaban a demostrarnos a nosotros mismos que las ataduras y los miedos no están en nuestro vocabulario. Era la manera de dibujarnos una sonrisa sincera, un cálido abrazo y un beso honesto no ante nuestros sentires, porque estos por sí solos ya lo son, sino ante la carátula de nuestro ego, ante la capa exterior que todos ven, ante la coraza que nos cubre, ante lo que tú y tú se dicen ver.
Éramos felices. Pura e inocentemente felices. En toda la extensión de la palabra.
Y al final, después de secarnos al sol como iguanas, decidimos correr y conversar con las estrellas que llegaban de invitadas. Cuando nos despedimos de éstas, no sin antes pedirles nuestro eterno deseo, volvimos a la escena del crimen:
Tres buques con dos nombres y una insignia marcaron el final del día.
La Noche y la Luna les guiaban el camino, porque recuerdan que el destino ayuda, pero que no es lo único ni mejor que construir tu propio futuro.
Gracias.
20 años tuve que esperar para esto.
No son nada, no son nada.
Eso es todo...
"He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño" - Joseph Heller
7 comentarios:
No obtuve respuesta.
La excusa: no te había respondido por la discreción que pides en tu página, J. Pero me gustó ese comentario que hiciste: "No obtuve respuesta"; pues si, J. ya lo sabes, estaré ahí por ti, contigo y seremos felices mojándonos donde nos plazca e ignorando comentarios bañados de hiel.
Anónimo 1: Ya te he contestado a esa pregunta.
Anónimo 2: ¿Porqué te gustó mi comentario "No obtuve respuesta"?
entonces yo soy el tres???
no he leido, no tengo compu, secuestre una dos minutos
cuando la lea vuelvo a escribir.
A T E N T A M E N T E
J O E A
QBSM
ah, y felicidades
again
te la debo en persona aun
Aquí el único anónimo que se merece ese título es el amigo de J. El que siempre termina con un "Te Odio". Los demás somos unos colados que ni número merecemos.
Y me gustó el comentario de "no obtuve respuesta" porque fue una puerta para que pudiera comentarte en el blog. Sé que no me lo prohíbes, pero sabes que no me gusta llamar la atención como otros lo hacen.
muchas gracias 2
jajaja me senti un KND autentico
decia y me moria por decir: Felicidades Bombon, mi sophie, J.
pero tambien decia que no leí, solo escribí. ahorita ya leí y en verdad me maravillé.
sabes que pensé como en el 8° o 9° parrafo? "nada es verdad y nada es mentira, todo depende del cristal con que se mira" mi mentada "percepcion ultrasensorial" es a veces puro mendigo celo.
me encantan tus palabras y adoro con todo mi ser el cristal con el que Tú miras las cosas.
pues bien, disfruta tu vida y disfruta al que esté a tu lado. te debo un abrazo.
quiza en la semana vaya yo a preguntarte que tal te sientan los veinte.
y sepalo todo el mundo que yo amo a esa chikilla tan adorable!!!
y tu respuesta esperada... no se si te sirva la mia:
dar tu corazon, que tus amigos te abandonen o cualquier otra cosa no es necesaria para que yo te de mi corazon, mi si o esté ahi para ti.
nadamas falta que tu siempre estés para mi por que mientras yo pueda estaré siempre para ti.
ya pues, fin de la novela.
caramba, de verdad te he querio mucho siempre...
extraño en verdad aquellos dos wiskys con soda de hace dos años!!
y los pinguinos!!!
pero como lo dije; cuando y mientras he podido he estado ahi con tú, porque eso me gusta, pero ya hay mas cosas en mi vida que tu bien comprendes...
esa tocayita tuya me trae sin vida.
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