16 de agosto de 2009

Mi primer concierto de reggaeton


En mi casa se escucha de casi todo tipo de música. Empezando por mi madre con sus gustos de banda y similares, pasando por la guitarra imaginaria que se pone a tocar mi padre cuando escucha a Scorpions, Kiss y todas esas bandas de aquella época, junto con Los Bitles, Creedence Clearwater Revival, Bee Gees y blablá, así como las baladonas en español y en inglés -de aquellos tiempos, claro está-.

Mis gustos han elegido mayormente el camino de los de mi padre, agregándose algunos más; la banda la tolero, pues no me queda de otra cuando mi madre la pone a un volumen considerable o la escucho en fiestas elegantes. Incluso me gusta bailarla -lo poco que sé y sólo si me traen como trapeador-, pero de a ratos, no se emocionen.

No hablaré de la música que me gusta ni sus géneros, ya que no podría, pues desconozco esas etiquetas y repruebo esa tonta manera de clasificarla. Mucha gente dice que si escucho a Mozart y a Beethoven es inaceptable escuchar a Los Terrícolas, que si escucho a John Lennon cómo puedo siquiera osar el poner una canción de Alejandra Guzmán, y etcétera, etcétera, etcétera.

Sólo hay, básicamente, tres tipos -si vamos a catalogar pues- de música que no es precisamente la de mi mayor agrado: la música duranguense, la electrónica punchis-punchis-enfadosa-larga-y-repetitiva, y el reguetón.

Pues resulta que mi única hermana escucha precisamente eso la mayor parte del tiempo, usando el 90% de éste en escuchar exclusivamente reguetón. Como no me quedó de otra que aguantarme, comencé a tolerar los tres como lo hice con la banda.

Y yo, que tengo la fortuna -en este caso, desventaja- de poseer una habilidad muy desarrollada de memorizar textos con sólo darles un repaso, y de aprenderme fechas de nacimiento, direcciones, números telefónicos y correos electrónicos con tan sólo hacer mención de ellos una vez, llegué al punto de aprenderme las canciones reguetoneras que mi querida hermana ponía a diario en su reproductor.

Y ya con este preludio fastidioso pero necesario, podrán entender lo que significó para mí que un buen día mi hermanucha llegara gritando a mi cuarto para decirme que sus artistas favoritos -los únicos que más me agradan- del mundo del reguetón venían a hacer una gira por nuestro país. Obviamente, como respuesta yo sólo le dije un "felicidades" sarcástico y una mirada de indiferencia continuada, como buena hermana mayor.

Pero resulta que siguió insistiendo en su drama de que su felicidad pendía de asistir a uno de los conciertos, me fastidió -y me conmovió, como siempre lo hace- tanto que la ayudé a convencer a mi padre de que la dejara ir. Y para ello tuve que ofrecerme a acompañarla. Oh sí.

No contaba con que mi padre aceptara, pero la dejó y nos pagó los boletos a las dos.

Nos fuimos hasta Guadalajara a ver sus dichosos reguetoneros, el concierto iniciaba a las diez pero las puertas se abrían a las siete, por lo que cuando llegamos a las 4.30 hora de allá, ya había una fila de unas 300 personas esperando. Y yo que creí que ni se iban a vender tantos boletos (ingenua yo, el mundo del reguetón es más poderoso de lo que mi inocente mente creía).

Así que esperamos 3 horas y media para que por fin pudiéramos pasar y correrle para agarrar nuestras mejores localidades. El lugar estaba a reventar, lleno de chiquillas estilo putitas y de chavitos que se sentían grandes porque cargaban gruesas cadenas y vestían una gorra de lado. Algunos me dieron lástima. Mi hermana al menos tiene sentido común y no se viste así.

Pero en fin, sinceramente, ya me estaba emocionando. Odio esperar -por eso siempre llego tarde a cualquier lado, tomen nota- y ya me estaba desesperando. Eran las diez con cinco minutos y no salían, ¡eso era reprobable! ¿qué se creen esos artistillas que salen hasta con una hora de retraso? Ni que qué. Pero bueno, eran las 10 con veinte y que sale un video en una pantallota al fondo del escenario. Eso daba inicio al concierto, salieron los tipos y a mi hermana casi le daba el infarto, por lo que me reí de ella.

He de decir que dieron un muy buen espectáculo, cantan muy bien en vivo -mínimo- y saben como prender al público. Yo estaba requete emocionada. Saltaba y me dejaba empujar por los chamaquitos de mi alrededor. Y como pilón, al final se quitaron la playera y me dejaron echarme mi taquito de ojo a modo de consolación, supongo que para esos a los que no les gusta el reguetón pero que estaban ahí para acompañar a sus hermanos, justo como me sucedía a mí.

Así que, ahora puedo decir que he asistido oficialmente a un concierto de reguetón. Wisin y Yandel fueron los afortunados en tenerme como parte de su público.


Changos, hasta se merecieron una entrada en este blog, ni el de Apocalyptica publiqué. ¿Y saben qué fue lo peor -cof, cof, para salvar mi orgullo-? ¡Qué todas las canciones las canté!



Cielos, estoy en crisis.



"Sólo se educa la cabeza. Si se permitiera a las emociones ser verdaderamente libres, el intelecto se cuidaría a sí mismo" - Alexander S. Neill

4 comentarios:

knightwiserider dijo...

Me has perdido...

Sophia dijo...

Lástima.

Roberto Aztlán dijo...

Bailando y moviendo el bote con W&Y enfrente pero bien dormida ayer en el concierto de jazz.















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Mister009 dijo...

Lero lero