20 de septiembre de 2009

I'll be there for you, 'cause you'll be there for me too


He tenido unas ¿merecidas? vacaciones desde el 11 de septiembre hasta hoy, 20 (el lunes vuelvo a retoque). ¿Porqué? Porque me agarré más días que el puente concedido. ¿Que porqué? Por que se me dio mi reverenda gana.

Sí, he tenido 9 días libres para hacer lo que me plazca y no sé en qué se me han ido. No he ido a clases, no he ido al hospital, sólo he tocado un par de libros y las tareas están tratando de ser terminadas apuradamente para que no me pase lo que me pasa cada puente: el día final es reservado para atascarme de asuntos escolares.

Esta vez no habría querido que pasara así. No soy tan floja, o al menos, eso intento. Planeaba hacer un poco cada día, y rematar los últimos estudiando, ya que tengo tres exámenes la próxima semana (cardio, neumo y hemato). Pero a veces las cosas se salen de control y uno se encuentra demasiado feliz como para pensar en nimiedades como las cuestiones académicas.

O a veces te dan ganas de irte a tomar un par de margaritas, cruzadas con un ruso blanco final, consolando caras tristes en noche de fiesta, cantando canciones agresivas a todo pulmón y celebrando que tu país es medianamente libre en un bar del centro de la ciudad.

Iba a decir en esta entrada que el puente se me fue como siempre, como todos: en nada. Pero me arrepiento, pues las celebraciones de aniversario están a la orden del día (por lo visto no festejaré una semana como lo suelo hacer, sino todo un mes), así como los viejos reencuentros con viejas y puras amistades; las cuales me han hecho remodelar un poco mi visión de las personas, que ni todas son tan buenas, ni todas son tan malas ni todas son como yo creía.

Con esto me di cuenta que, pese a que evidentemente he perdido mis habilidades sociales, mi sentido de la escucha, el apoyo, la solidaridad y el verdadero aprecio por la gente que estimo y quiero jamás será mermado, y saldrá más a flote cuando sea necesaria una mano, una que tal vez jamás les pasó por la mente que sería la mía.

Me gustó saber que soy considerada una amiga especial, única sería decir mucho, aunque me lo hayan dicho. Pero disfruté más el abofetear la zozobra de las vidas ajenas a las que últimamente he tocado, haciéndome feliz con su propia felicidad, que aunque todos los días me lo niegue, no soy tan mala hablando, escuchando y reconfortando. Es como si se me revelara la inercia que la vida debe seguir con personas que no necesitan explicaciones del porqué estoy ahí, y que ni ellas necesitan tocar la puerta para adentrarse a los sitios en los que me encuentro yo.

Han sido 9 días libres de tedio escolar, lejos de los olores del hospital y de los de aquí para allá de mis momentos vespertinos. Han sido unas pequeñas vacaciones que han sido totalmente disfrutadas, y que, me atrevo a decir, pueden equipararse con la veraniegas anteriores.



Y descubrí que cuando todo ha terminado, todo cobra un nuevo significado.


Hasta rezar se añade a tu vocabulario...



"Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu alma con ganchos de acero" - William Shakespeare

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