12 de septiembre de 2009

Lista de reproducción No. 365


Azulando el destino, contraley de sucesos, has decidido presentarte a esa chica para que te resuelva el misterio de las cosas, de tu vida. Antes no pasaba nada, ahora gritas "yo la amo" cuando a tu lado no está. No reprimes tus sentires e incitas a los sueños a soñarla, pues "cuando me miraba a los ojos, era reflejarme en el vicio de necesitarla" dijiste en una noche de insomnio. No lo consientes y has tomado la iniciativa de amarla sin reparos, de pedirle que sea tuya, de romper todas las promesas que te haya hecho prometer, pues quieres llegar hasta donde estabas tú, pero ahora junto a ella.

La conga de un fuego nuevo crece en ti, te quema, estalla en tu ser, no sabes lo que es, pero te gusta como se siente. Al lado de tu cama se encuentra su fotografía, en medio de tus textos, de tus pensamientos; le das cada noche un beso de ginebra alcohólico para recordarte que ella está viva y es alcanzable. Tienes su nombre muy vivo, impregnado en tus dedos, manchados de placer líquido; lo recuerdas, lo intentas, María no es, Lorena no es, Michelle tampoco, Rosario menos aún. Juegas con tus sentimientos, les pides que ella sea mujer, esa para ti, la única; pero en tu vida te habías enamorado, no sabes qué hacer ni como reaccionar. Te estás acostumbrando a su compañía, a verla todos los días, a saber qué siente y qué sueña, la imaginas como aquella canción típica de la música que te gusta, tu nena y dulce Caroline. Es que a ella la quieres nada más.

Pero tu corazón no cabe en alegría cuando te confiesa que no tuvo que atravesar el universo para encontrarte. Que también ella está bañanda en el azul de tus mañanas, pues siempre te recuerda. Que desea estar contigo bailando eternamente, al compás de uno, dos danzones, un millón. Que el blues nocturno que la desnuda es el mismo que sustituye por tus dedos y tus caricias. Siéntase mujer sucia al amarte pecando en la soledad, pero tú la consuelas diciéndole que caminar tabaleándose sobre el alambre no es nada malo, sino la inexperiencia queriendo aprender empíricamente.

Has encontrado por fin la medicina a tus males, esos que te hacen quejarte todas las mañanas al despertarte, poniendo música que amenice el ambiente matutino y pensando únicamente en que podrías pagar tu renta con un poco de blues, ya que es lo único que necesitas para sobrevivir. Pero ¡oh sorpresa!, tu vida ha dado un giro de 180 grados, ahora ya puedes pintar en las paredes de tu cuarto corazones con tu nombre y el de ella, ya puedes agregar un tú y yo a los personajes de tu diario, ya no eres uno nada más, ya puede sentarse alguien más en tu mesa.

Algo vino a cambiarlo todo, y eso se llama Ella. La vida cotidiana te aburría, ahora la adoras, ¿porqué? Porque a ella le encanta. Sí, has derrumbado toda tu casita de cartas y naipes para construir una nueva de concreto, firme, fuerte y con buenos cimientos, para vivir juntos, para que tal vez algún día lleguen a ser tres, y se vayan juntos a la playa a disfrutar de un día soleado, jugando con la arena, construyendo castillos, volando papalotes, evitando las disputas y recordando que la vida y el amor son tan cambiantes, tormentosos pero terriblemente hermosos como el mismo mar Azul.




"El hombre de alma virtuosa ni manda ni obedece" - Shelley

8 comentarios:

Roberto Aztlán dijo...

Mujer de azul: ¡Se mueven mucho!
Aguafiestas.















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Sophia dijo...

¿Eh? ¿Drogado? ¿O será que mi percepción ultrasensorial es un fracaso?

Sophia dijo...

Traducción: No te entendí.

Roberto Aztlán dijo...

Es obvio. No entendiste porque está en portugués.

Sophia dijo...

¡Ah!

Sigue sin tener sentido tu comentario.

Roberto Aztlán dijo...

¿Qué dijo la mujer policia con la linterna en mano?

Sophia dijo...

¡Ahh!

Ya le entendí.

Sophia dijo...

Pero... ¿a qué viene ese comentario?