
El viernes fue mi último día de clases, que en realidad lo constituyó un examen. Y desde entonces:
- Me fui a ver actuar al chiquito de aztlán en una obra de teatro ambulante. Aunque en realidad, anduve haciéndola de niñera (y no lo digo por ti, aztlán).
- Empecé (de nuevo) a leer Drácula de Stoker porque... porque... porque ya es hora de volver a leer algo que no sea referente a la medicina.
- Me ganó la vanidad y preferí usar un vestido y tener las piernas congeladas en la dichosa boda del sábado.
- Los intentos de mis primos por enseñarme a bailar banda han rendido escasos frutos (peor es nada, según ellos).
- Maratón de películas de acción en domingo.
- Empecé a dar clases de cocina con mi nuevo proyecto, Cocinando con Sophia. El tema número 1 es: "Cómo no quemar tu cocina sin morir en el intento". A mi primer cliente le di un nueve, bueno bueno, porque hizo otros méritos (ejem), el diez.
- Mañana me voy a unas cabañas fuera de la ciudad a pasar unos días jodidamente fríos y a acurrucarme en cobijas y en brazos blancos, esperando que ahora sí resulte el asunto, no como hace dos años.
Y ahora sí:
Felices vacaciones pingüinos.
"Los sabios cambian de opinión, los tontos nunca. Es de sabios cambiar de opinión, mas no de valores" - Anónimo
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