28 de junio de 2011

¿Te conté que ayer vi a Naty?

Recordé la primera vez que fui a la biblioteca de tu escuela. Un mundo pasado era el que pisaba de nuevo. Entré tímida pero firmemente en medio de pequeños estantes cubiertos de libros empolvados. Te vi a lo lejos, me viste. Tu sonrisa de sorpresa pero llena de coquetería me recibió. Sentí los chapetes de rubor que adornaban mis mejillas cuando me saludaste con un hola silencioso y el movimiento horizontal de tu mano. Fue el día en el que me di cuenta que me había enamorado de un niño.

Tu mirada perdida, austera y vacía en el teatro. Yo nerviosa aún, pero ensimismada con Los Bitles de fondo. Te veía de a ratos, de reojo, disimulando que no me interesabas y que me causaba indiferencia nuestra primera cita. Al fin y al cabo te dignaste en llevar a una segunda acompañante. Pero perdida yo, fue el día en que te diste cuenta que te habías enamorado de una loca como yo.

La diferencia de tu sonrisa en la mágica banca de siempre. Se veía anhelo en tu mirada. Nos saludamos como dos desconocidos que se acababan de encontrar después de haberse enseñado a amar hacía apenas una semana. Me tomaste agresivamente para besarme con música oaxaqueña de fondo. Segundos, minutos, eternos minutos duró el encuentro. ¿Vamos a ir? No me importa, yo sólo vine por ti.

¿Y que porqué mencioné a Naty? Porque es un amigo no reconocido. Y me dio gusto verlo, y con él, recordarte. Y vi su sonrisa soñada cuando me contaba que planeaba irse a Inglaterra a estudiar criminalística,

entonces me imaginé mis propios sueños. Ya los sabes, ya los conoces. Algún día, andaré cerquita de ahí, contigo de la mano, vistiendo un gorrito y una bufanda a causa del frío, analizando gente, con nuestros hijos jugando en los charquitos y tú con tu gigante chamarra que me acurrucará en esa fría tarde de invierno.


No puedo creer lo que ha pasado en estos casi 3 años.


Y menos puedo creer, que aún sigas en mi vida tan diáfanamente como desde aquel 11 de septiembre del 2008...


2 comentarios:

Roberto Aztlán dijo...

Y ahora estoy aquí, sentado en tu sillón, esperando a que salgas de bañarte para cenar un fresco cereal.

y ahora estoy aquí, a un lado de tu padre que ve cómodamente la televisión, pero que en cualquier momento me pregunta sobre política.

Tú te vas también y yo me voy. Pero dentro de poco nos juntaremos de nuevo. Y será el inicio para llegar a aquel día frío de hijitos y chamarras gigantes. Pero mientras,empezaremos con Octavio y Lorenzo.

Anónimo dijo...

carajo, que chingoneria, yo quiero uno asi!!!

los felicito!!!

me encanta leerlos asi.