25 de marzo de 2008

Cuando a veces 5 horas bastan


Pese a que son vacaciones, y a que ya tengo varios días que regresé de mi viaje, no había tenido ni las ganas ni la inspiración para sentarme a escribir algo decente aquí.

No, a pesar de que viví un sinfín de cosas lejos de aquí, y de que han pasado cosas maravillosas en estas vacaciones, simplemente no tenía deseos de escribir... aquí.

Pero parece que esas ganas, esos deseos están regresando y ahora sí puedo sentarme a escribir la sarta de tonterías a las que los tengo acostumbrados.

¿Que qué hecho en estas vacaciones? No mucho, pero tampoco no poco. Me fui unos cuantos días a la Ciudad de México, pues acompañé a mi padre a tramitar el odioso papeleo que requiere para su operación. Pero claro, también iba a aprovechar a conocer unos cuantos lugares, y a oler una contaminación nueva y distinta que no puede ofrecerme Tepic (cada vez que salía de algún recinto, me lloraban los ojos, pese a que traía lentes).

Es un poco cansado el recorrido, pues son entre 10 y 12 horas, pero en lo personal, me agrada este lapso de tiempo que utilizo para expresar el ocio, pues no me queda otra alternativa que utilizarlo en vagos placeres. Por tanto me pongo a leer un libro, a escuchar música, a pensar y observar los árboles y montañas que pasan y pasan.

He de confesar que la Cd. de México me inspira un poco de... miedo. Aunque suene ridículo, esa fama que tiene ser insegura, sucia e insegura, es cierta. Pero es muy bella también. Además de que teníamos que transportarnos todo el tiempo en taxi, cosa que no era muy alentadora.

En fin, primero fuimos al hospital a hacer todo lo que se requería, y como siempre nos enfrascaron horas y horas ahí, sólo para que mi padre firmase un papel, fue realmente frustrante. La cita era a las 8 am, y terminamos saliendo de allí a las 12 pm. Estaba asqueda, odio esperar, me desespero, leí como 5 capítulos del libro que estaba leyendo, escuché música, hasta que me quedé dormida, y ahí estaba mi pobre padre esperando a que lo atendieran, fue terrible. Cuando finalmente el doctor le atendió, quiso dárselas de importante, sólo dándole la hoja del consentimiento informado, y que mi padre la leyera (por supuesto, sin entender mucho de ella, pues tenía lenguaje técnico/médico), mas yo le ayudé a interpretarla, explicándole en qué consistían los riesgos y dándole así mi opinión acerca de su operación. Al final el médico le pidió la hoja, le dijo que ya se podía retirar, que era todo. Yo estaba furiosa, esperar horas y horas para qué sólo nos diera una hoja, la firmáramos y nos mandara a volar; por lo que yo le pedí "amablemente" que le explicara a mí papá en qué consistía la operación, que por favor le explicara los riesgos y que nos expresara su opinión en cuanto a si debía llevarse o no a cabo la operación. El hombre se sorprendió, pero pareció comprender e hizo todo lo que le pedí.

Al final salimos asqueados del hospital y por supuesto, muertos de hambre. Yo no quería comer por ahí, ningún lugar me parecía antojable, me llegaba la oscura sensación de que no iba a comer verdadera comida, pero tuve que resignarme.

Y ahora sí, saqué mi hojita con mi itinerario, le dije a mi padre a que lugares quería ir y tomamos un taxi. La primera parada fue el Zócalo.

Iba primeramente al Zócalo con la mera intención de disfrutar de la exposición de fotografía "Ashes and Snow" de Gregory Colbert. ¡Pero! Estaba cerrada por mantenimiento. ¡Me moría de coraje! ¡Casi prácticamente a eso fui! Resulta que el buen hombre de López Obrador iba a hacer una manifestación de no sé que rayos acerca del petróleo, y tuvieron que cerrar las calles y por tanto, también la exposición.

De todos modos vislumbré la Catedral, Palacio Nacional y otros bonitos edificios, me divertí tomando fotografías, y al final agradecí que no estuviese abierta la exposición, puesto que me dejó tiempo para invertirlo en visitar otros lugares.

Como ya había visto un plano de la Cd. de México, sabía como llegar a mis destinos. Le dije a mi padre que ansiaba conocer el Palacio Nacional de Bellas Artes. Aceptó y le dije por donde debíamos dirigirnos, y mientras llegábamos observamos enormes estructuras aquitectónicas bellísimas.

Y ahí estaba, el majestuosos Palacio de Bellas Artes. Su fino mármol blanco me enloqueció. Y hundido como su fama lo gritaba. Entramos y todo nos resultó ser gratis, presentando yo mi credencial de estudiante, él de profesor. Y para allá y para acá íbamos, resultó una exposición de Gabriel Figueroa, un reconocido fotógrafo de la época del cine de oro. Y esos maravillosos murales de Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco y Jorge González Camarena me dejaron boquiabierta.

Apuré a mi padre, porque sólo contábamos con 3 horas para visitar lo que quisiéramos ver, puesto que para las 5.30 - 6 teníamos que tomar el transporte de regreso.

A un lado de Bellas Artes están la Torre Latinoamericana y la Alameda Central. Fuimos un rato a cada uno, nos paseamos y después llegamos al Hemiciclo a Bénito Juárez, en mármol blanco también, que está a un costado del parque.

Posteriormente terminamos el parque y nos dirigimos al Bosque de Chapultpec. En nuestro camino, nos topamos con el Monumento a la Revolución y nos quedamos un rato observando la vista.

Al final llegamos al Bosque de Chapultepec (en transporte colectivo urbano por cierto, era demasiado recorrer el Paseo de Reforma entero caminando). Enorme y bello, ahí se presentaba frente a nosotros, con una escultura enorme que daba paso al Castillo de Chapultepec, o el actualmente Museo Nacional de Historia. Subimos una pequeña colina, nos apuramos porque cerraban el acceso al público a las 4.30 y ¡ya eran las 4! Otra vez nos resultó gratis debido a nuestras grandiosas y valiosísimas credenciales y entré a ese lugar que me encantó (quienes me conocen saben que amo los museos).

Sí, vi todas esas pinturas y murales que sólo llegué a ver en mis libros de historia. Observé esas grandiosas maravillas de Juan O'Gorman, y al terminar el recorrido por el museo, salimos al jardín que deja una vista maravillosa de todo el bosque y de una gran parte de la ciudad.

Ya no alcanzábamos a visitar el Museo Nacional de Antropología, pues no queríamos recorrer la ciudad en taxi por la noche, así que debíamos regresar a la central para regresar de nuevo a nuestra pequeña y añorada ciudad.

¡Me encantó este viaje! Todo fue tan fugaz, se unieron mis gustos por el arte, la historia, la arquitectura y el simple hecho de recorrer nuevos lugares. ¡Y todo este recorrido fue en 5 horas, y caminando!

Parece que sí sirven mis itinerarios, andar apurando a mi padre para que no se embelesara observando alguna pintura para así alcanzar a llegar al próximo destino, y por supuesto, echarle una hojeada a un mapa antes de viajar.


¡Felices lo que resta de vacaciones!






"Estamos rodeados de artilugios destinados a ahorrar trabajo y, sin embargo, disponemos de muy escaso ocio auténtico" - Laurence Johnson Peter





Listening to: "Resurrection" - Apocalyptica

3 comentarios:

zyrian dijo...

Un bello viaje.
:D

Anónimo dijo...

Luego me enseñas las fotos va =), que bueno que te divertiste,conociste,exploraste nuevos lugares =) me gustaria ir a México,algun dia jajaja bueno pues nos vemos,que estes bien y despues te doy tus peliculas =), que por cierto la de Amelie me encanto o.O si que cambio mi vida jajaja.En fin que estes bien

Sophia dijo...

Sí que fue un hermoso viaje =)

Claro que te enseñaré la fotos, ya había quedado :). Y cuando vuelva a viajar, con gusto estás invitada, ya lo sabes ;).
Tú no te preocupes por las películas, disfrútalas, que yo también adoro Amélie, ¡es genial!

Tú también que estés bien, y sabes que siempre estoy para apoyarte =).