27 de marzo de 2008

Un viaje de recuerdos


Ya tenía días queriendo escribir, pero siempre lo postergaba, me ponía frente al monitor o frente a una libreta junto con una pluma, pero parecía que encontraba mejores cosas que hacer, como andar linkeando si estaba en la computadora, o garabateando tonterías si estaba frente al papel. ¿Porqué? No sé, tal vez miedo, flojera, cansancio, rutina, no sé... y no me interesa saberlo...

Venía ya de regreso de aquel lejano lugar, con un cansancio que me pesaba hasta al alma, con unas inmensas ganas de sumergir a mi mente en un profundo sueño. Cada vez que cerraba los ojos, me venían a la mente imágenes bellas, como si fuesen un película malhecha, tal vez por mí. Aquellas imágenes que posiblemente jamás olvidaré, por el simple hecho de que en ellas te encuentras.

Sólo un par de días lejos y mi yo interior se sentía ajena a todo. Venía de un lugar extraño, internamente feliz por haber hecho lo que siempre había deseado, ser lo que siempre he querido ser, y riéndome con la vida debido a que siempre me ha puesto todo en el camino para que yo encontrase mi felicidad. Y por más ridículo que se escuche, o en su defecto, se lea, parte de ella se llama tú...

Tristemente comenzaba a recordar cosas tan nítidas que venían y se iban. Recuerdos dolorosos pero que permanecen ahí, quietos y constantes, como para recordarme que yo he venido a este mundo a sufrir, a tratar de ser feliz en medio de un vacío inmenso que me absorbe cada vez más. Donde, tal vez ansiaba una mano, unas pocas veces lograba detenerme de caer encajando mis uñas en el borde de ese precipicio, luchando con todas las fuerzas que mi ser posee para asirme de algo, no de alguien.

Había creído comprender que nunca ha existido ni existirá ese alguien a quien puedas aferrarte para no caer, no olerás un perfume llamado sinceridad sin ser lastimado, no reirás sin antes haber llorado, no morirás sin antes haber vivido.

Pero sucedió algo tan repentino: Llegaste tú.

Parecía que todo debía ser visto a través de un velo translúcido, que precisamente por ser tan claro podías ver con una muy cerca exactitud la propia realidad, para evitar sufrir, caer, ver todo tal y cual es. Pero no es más que un velo, y ese velo nunca te dejará ver la realidad como debe de ser. Y llegaste a quitarme esa venda de los ojos, has corrido ese velo translúcido que opacaba mi vista, has abierto una pequeña puerta en mí que deja a la intemperie un manojo de dudas y preguntas, pero también con sus debidas y correctas respuestas.

A veces corría, no para huir, sino para encontrarme conmigo misma. A veces me encerraba, no para esconderme, sino para darme cuenta de mis errores. A veces lloraba, no para ser más débil, sino para sensibilizarme.

Cuando venía en el autobús de mi fugaz viaje, estaba un poco enfadada de todo. Decidí escuchar alguna estación de radio que la capital pudiera ofrecerme. La escogí al azar. Resultó ser un programa donde la conductora recitaba poemas, versos y reflexiones, para después amenizar con alguna canción suave, bohemia, tranquilizante.

Hubo uno especialmente que hizo acordarme de ti. Hablaba de como el amor era ingenuo, al igual que los propios seres humanos. Creemos que todo nos pasa a nosotros, que somos los más infelices sobre la Tierra, que nunca encontraremos a alguien que nos comprenda, nos escuche, nos ame tal y cual somos. Que la vida da muchas vueltas, y que en alguna de ellas no se le ocurre toparnos con alguien especial, alguien con quien platicar horas y horas, ser escuchado vehementemente y sonreír siempre a su lado.

Que creemos que el amor es un regalo al mes, un te amo temprano, un felices para siempre, tener sexo. Que probablemente veas a esa persona como la más perfecta del mundo, que nunca se equivocará, que siempre te dará lo que gustes, y que jamás la verás errar. Que muchas veces, después de un tiempo el amor se acaba, pues ya no están esos pequeños detalles que comenzaron la relación, el flechazo, la pasión. Que ya no sientes las ganas de arreglarte para él o para ella, que todo muere, como una rosa eventualmente se marchita.

Y la dulce voz de la declamadora corrigió, eso no es amor, es enamoramiento.

Estar enamorado es todo eso de arriba, el amor no. El amor es darse cuenta que el otro no es perfecto, pero que lo quieres con todo y sus defectos. Es comprenderlo y ayudarlo a crecer, para tú crecer junto con él. Es mirar juntos a una misma dirección, es besarlo y con ese beso entregarle el alma, es compartir risas juntos aunque sea en una tarde nublada y no en una cama, es rozar la piel del otro y estremecerlo con una simple mirada, es volver a la vida cada vez que te escucha, te ama. No es tener sexo, es hacer el amor, aunque muchas veces hacer el amor no signifique estar en una cama. Es saber pues, que el amor no se acaba, sino que uno mismo lo termina. Son esos pequeños detalles que hacen que uno quiera amar toda la vida...

Y terminó diciendo: "Tal vez no le toque vivir en el mismo siglo que a ti, tal vez es muy difícil que exista, pero si tú ya lo has encontrado... no lo dejes ir".



Y en ese momento derramé una lágrima...






"El amor y la tos no pueden ocultarse" - Proverbio italiano





Listening to: "Goodbye my Love" - Demis Roussos

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola!!! T_T me encanta tu escrito T_T ya voy a chillar...ultimamente he andado muy chillona jajaja pero sabe, bueno paso a saludar =) que estes bien,saludos!!

.: Vakita :. dijo...

Gracias por pasar =)

saludos...

Sophia dijo...

¡¡Ahh...!! Me alegra que te haya gustado. Y te es permitido llorar, no te preocupes =). Últimamente yo también he estado muy sensible, ¿será una epidemia? Bueno, espero que estés bien, gracias por pasar a saludarme y a comentar. Y sabes que siempre puedes contar conmigo. Es en serio =D. [Por cierto, ¡no has actualizado tu blog!]

Sophia dijo...

Fue un placer.

Parece que esa película nos hizo sentir casi exactamente lo mismo.

Muchos saludos para ti también =)

Gracias también a ti, por pasar por acá =D.