
Hoy amanecí con los ojos verdes-miel. Me acerqué al espejo y vi mi greña desgreñada, mis ojeras ojerosas y a mis ojos del color de los ojos de mi madre.
Me asombré. Sólo había notado que esto pasara cuando a mis ojos se les ocurre derramar lágrimas (y no siempre). Tal vez éstas tienen algún poder sobrenatural hacen cambiar la cromada superficie de mi iris. Mas esta vez no hubieron lágrimas que hicieran cambiar su color ni nada por el estilo. Simplemente amanecieron como se les dio la gana amanecer.
Me fui del espejo con los ojos del color del pasto otoñal y llegué muy lejos de donde estaba. La mujer se me quedó viendo fijamente mientras hablaba con ella. Se embelesó en mi rostro y sólo dijo:
-Tus ojos se ven preciosos hoy.
Pero no dejó de mirarme. Irónicamente, no me molestó. Me ruboricé. No a diario se tienen los ojos del color del tallo de algún joven árbol. Sólo le sonreí y le agradecí. Me sentí bonita.
Todo terminó. Pero no mis ojos. Mis ojos seguían ahí, con todo y su variado color. Así que decidí irme de ahí y llegar a casa a descansar. ¿Descansar de qué? De hacer nada. De eso. Quería llegar a ocuparme. A hacer algo.
Mis ojos tenían hambre, pero no había que comer. Fui a buscar bonitos paisajes, tubos alargados, superficies planas, carne, raras verduras. Todo lo encontré, menos los paisajes bonitos. -Me los debes-, me advirtieron mis ojos. -Sí, sí, lo prometo-, les contesté.
Ya no me sentía tan bonita.
Llegó la amargura. ¿De dónde? Claro que no lo sé. No tengo idea de donde vengan las amarguras, aunque no estaría mal descifrarlo. Tendría más cultura si supiera adonde se van las amarguras a vacacionar cuando uno se está des-amargado, osease, feliz. "Pero son cosas que a ningún adulto le parecen verdaderamente importantes", ¿verdad muchacho?
Yo no soy una adulta [sonrío cuando escribo esto].
Soy una niña inmadura, irresponsable, iorganizada, i-etc. y todo lo que empiece con i, pero que me guste. Siempre hay que pedir permiso, menos para robar besos.
Hablando de esto último recordé que perdí ya el hilo del cuento.
-¿Cuento? ¿Cuál cuento? ¿Estabas contando alguno?
-No, la verdad no. Pero sí estaba contando algo.
-Ah, bien, sigue pues.
... Entonces después que descubro letras tecnológicas, y que les cuento que me hacen sonreír. Sí, así como lo leen. Y que me vuelvo a sentir bonita.
(De mis ojos ya ni me acordaba).
Pero decido aventarme a soñar. Para olvidar. Pero no pude. No pude y no pude. Ahí en sueños me lo encontraba. Rondando castillos de paja, dando abrazos de sapo y viendo camas de grama. No descansé pero me levanté feliz cuando sonó la alarma.
Era hora de irme a entregar el fruto de mi trabajo matutino a un lugar triste e interesante.
Sola. Quería andar sola, viajar sola, cantar sola, cerrar los ojos sola, sonreír sola, ser feliz sola. Pero de nuevo, no pude -seguro ya enfadé con esos 'no pude', pero ¿qué creen?, no me importa-. Siempre estoy acompañada. No me deja en paz. Y detesto las prisiones. Detesto las cadenas, los eslabones.
Ahora me gustan (pero sólo las de ese tipo).
Versatilidad pues. Hay que aprender cosas nuevas cada día. Ya aprendí a caminar con alguien a un lado, aunque no pueda verle.
Bien bien, sigo. Me adentré al recinto. Esperé casi una hora. Mientras lo hacía, escuchaba música loca, para contrastar con la tranquilidad del lugar. Mi cabello se movía un poco frenéticamente y para disimularle a la gente que me miraba saqué un libro. Tu libro.
Como imaginarás, fue peor. Me carcajeaba, sonreía abiertamente, te recordaba. Las personas ni se inmutaron cuando las miré inquisitivamente. Se creían superiores a mí. Jódanse. Yo me río, yo soy feliz. -Ustedes vienen porque lo necesitan. Yo también, pero no me ando muriendo.
Fui cruel, pero no me importó. Les sonreí de despedida. Bye bye.
Salí de ahí. Una policía regañaba a una mozalbete con café. Café. Café. Me gusta el café, lástima que me ponga como me pone. Debo reservarlo para casos especiales, como una invitación. O una desvelada con una muerte pronta. Ahí sí.
En fin. Me largué de allí. Caminé, caminé mucho. De Noche, muy de Noche. Con Luna, una gran Luna. Pasé por todos esos lugares que creo, sabes cuáles son. Sí, los recorrí. Tenía cosas que hacer, pero había tiempo. "Hay mejores cosas que...".
Me senté en una banca a contemplar la brisa nocturna. Me equivoqué. Era agua de una fuente. Pero aún así era nocturna, pues era de noche. Seguía escuchando música, ahora el reproductor se estaba poniendo romántico. Cerré los ojos y saqué de nuevo el libro. Ahora no reí, porque no lo abrí. Quise leerlo como ciega, a tientas pero sin esfuerzo. No me costó nada: lo sentí, te sentí.
La gente -otra gente- continuaba viéndome, supongo que porque estaba cantando en voz alta. Ya confesé que no me importan muchas cosas, y ésta, es una de ellas. ¿Para qué? Pobres, no pueden sentarse y cerrar los ojos viendo el cielo tapizado de estrellas mientras escuchan una silenciosa melodía. Eso es relajarse. Eso es vida. Eso es...
Tantas cosas.
Bebí un poco de agua que me había encontrado al fondo y en un rincón de mi morral de ropavejero. Sólo pude recordar una cosa que hasta el momento no he podido olvidar:
Me encanta saborear tus labios mojados de rocío embotellado.
Y mis ojos siguen aún verdes-miel, como los de mi madre. Ojalá pudieses verlos. Quien sabe cuando se repita. Tal vez nunca.
Tal vez siempre.
"Siempre hay algo que brilla en el silencio" - Antoine de Saint-Exupèry
Listening to: "The Mirror Water" - The Gathering
9 comentarios:
La amargura viene de la boca del estómago.
Me alegro por tí.
Pero, no sé, me alegro más por él. Que tú lo quieras es grandioso.
¿Esas no son las agruras?
:)
Era muy niño en ese tiempo. Arrojarles chile y dulces en su cara no figuraba en mis pensamientos.
¿La amargura viene del hígado, no?
¡Andi pues! ¡Saquemos los apuntes de anatomía!
En el hígado está el enojo y la bilis y esas cosas, ¿qué no?
Entonces, ¿y la amargura?
yo creo que la amargura debe estar muy cerca del corazon, de la parte donde crece el amor, porque mire, cuando hay mucho amor, la amargura no se nota, y conforme el amor se aleja, el corazon pierde inflamacion, la amargura se deja ver...
ah, y el paisaje... pues no era paisaje pero a la hora que tu caminabas, la luna no le pedia nada al mejor paisaje, enormemente roja.
a veces soy demasiado menso, pierdo la nocion del alcance de mis palabras y la recupero solo cuando han salido de mi...
ah vieras que maravillosa noche pase yo el viernes, de esas noches memorables, de las que (como en alguna entrada de algun diciembre decias) jamas olvidare...
y a mi no me pasará lo que a ti, me lo prometo!
luego te cuento
Te mas que quiero!
Que rico leerla, como siempre. Es bueno tenerla de vuelta.
Saludos otoñal (casi invernal) Sophia!
=) ¿Cuando podemos ir a ver películas,mini golf,ir a comer, o simplemente platicar? jeje me informas cuando puedes jojo. Cuidate mujer!
¡Cuando tú quieras muchacha!
Nada más déjame paso esta semana mortal de exámenes... u_u
¡Por cierto! ¡Tu regalo se oxida conmigo! Ahora lo cargo a diario para cuando te vea.
Espero no sea en tu próximo cumpleaños.
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