17 de noviembre de 2008

Buscando Bos




-¡Aquí hay un bo tía! ¡Yo quiero echarle sal! ¡Acá, bajo la maceta!

No me costó recordar que me gustaba matar babosos en el jardín de mi abuela. Ni que siempre le gritaba a mi tía que viniera corriendo con un puñito de sal para atarantarlos. De lo que no me acordaba era de que no les llamaba babosos, sino bos.

Ayer hice una de esas pocas cosas que me dan una inmensa tranquilidad: visité a mi abuela. Pero eso no es lo raro, ya que casi a diario lo hago. Lo inusual fue que levanté un poco la mirada para ver ese ahora pequeño jardín que hace muchos años fuera mi lugar preferido para divertirme.

Recuerdo el inmenso corral en el que jugaba a atrapar conejos con la típica trampa de la caja y el palito que jalas. Como me acercaba al fogón y dizque cocinaba mis tortillas de tierra, preparaba taquitos con hojas y los servía en platitos de juguete para que comieran las hormigas.

Me encantaba correr allí. Perseguía a mis primos y ellos a mí. Seguíamos a los patos que iban y venían y me encantaba escuchar a mi abuela gritarles a sus animales por lo que eran: -Pato, ven; pollo, hazte de aquí-. Me gustaba sentarme en lo que era un tronco largo puesto por encima de piedras enormes que sostenían mi peso para observar los mediodías.

Adoraba ponerme bajo los árboles a recibir las naranjas que iban cayendo. Me trepaba en ellos, cuidadosa de no lastimarlos. También estaba ese clásico rinconcito tenebroso al que todo niño teme adentrarse, y ahora me doy cuenta que no era más que la bodeguita donde se iba guardando todo lo que no se usaba.

Recuerdo como la perra que supuestamente era mía, pero a la que temía porque mordió a mi primo en un ojo estaba encerrada tras una baranda, y también, como cada cierto día, tempranito en la mañana me avisaban "no vayas a salir, vamos a dejar fuera a la Miga". Y yo me quedaba encerradita en mi casa, viendo por la ventana como corría libremente por el corral de mi abuela. Me imaginaba que la pobre era feliz. Qué tenía la culpa ella de los miedos infantiles, pero era brava, como los perros de su raza.

Y hablando de ella, como olvidar que me ocultaron su muerte. Preguntaba, "¿y la Miga? Ya no la escucho". Silencio. O desviaban el tema. Ahora sé que está enterrada bajo el árbol de limones que está a un lado de lo que era su baranda. Ah que la Miga negra. ¿Porqué Miga? Quesque porque es la contracción de Amiga. Porque era Amiga de todos.

Pero lo que más disfrutaba de estar allí eran las flores. Adoro su olor, su imponencia, su belleza. No se inmutan a la hora de prender, ni se avergüenzan de sus radiantes colores. Son preciosas todas, ni qué negarlo. Los árboles les hacen buena compañía, dan sombra y son sabios. Me gustan sus colores en otoño y eran buenos para que yo pendiera la hamaca de ellos y cerrara los ojos para disfrutar del viento.

Ayer que fui vi a todas esas yerbitas que mi abuela colecciona para curar toda una sarta de enfermedades. Que si la ruda, que si el guayabo, que si esto, que si lo otro. ¡Pero huelen riquísimo! Son hermosas. Observé los chiles belenes -según mi tía así se llaman-, las flores que marcaron mi infancia ya que en todos lados las veía; las rosas que nunca faltan en ese jardín, los girasoles ya secos y la planta de chiles piquines que han servido para alimentar los gustos pícaros de mi madre.

Me encantan los jardínes. Me vuelven loca. Lástima que mi casa esté llena de cemento y si acaso tenga una planta en una maceta que por poco moría. Quisiera tener un suelo mágico donde pudiera crecer un árbol, y colgar mi hamaca para descansar percibiendo el aroma que emana de mis flores.

Me gustaría tener un jardín. Si no se puede en esta vida, lo tendré en la próxima.

Me encantan las flores, lástima que tenga cara de que no le gusten y nadie me regale nada de eso. Pero no una, sino un ramo. Una se percibe más, tiene un significado, algo específico. El ramo no. El ramo me invita a dejar que vuele mi imaginación. Me enmaraña la mente tratando de descifrar los olores de todas la flores que porta y sobre todo, el colorido sazón de los tulipanes, esas flores que tanto me gustan.


Gracias a mi abuela, que cada cumpleaños me regala uno. Parece que es la única que me conoce del todo bien.



Besillos a mi adorada mujer preciosa.





"Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es ser" - Jean Paul Sartre




Listening to: "#1 Crush" - Garbage

13 comentarios:

Anónimo dijo...

XD
eso es definitivamente felicidad!

maldicion, somos unos niños
por que maldicion? por que siendo unos niños tenemos obligaciones de adulto...

es genial no?

Roberto Aztlán dijo...

¿Ves?
Dos años
y medio es toda
una vida.



Ya buscabas Bos,
huías de aquel
perro,
corrías, te acostabas, etcétera.

¿yo?
Recibía una nalgada ensangrentada de un doctor...

KM dijo...

=S Los babosos son mi fobia...
Bueno dejando de lado los bos, los patios grandes son geniales =) yo tuve uno T_T donde habia patos,gallinas,conejos,gallos, árboles de ciruelas,limones,guayabas etc...ahh que infancia mas maravillosa tuve ahí jeje =P y al parecer la tuya también jeje. Nos vemos!

Roberto Aztlán dijo...

¿Doctora,eh?


.OJILLO x 2





"Hasta no verte Jesús mío" es un libro de Elena Poniatowska. En realidad jamás lo he leído, pero el titúlo lo uso de frase para decir "hasta no ver no creer" o algo parecido. En este caso, "hasta que no traigan las sabritas, dulces y refrescos no entran".




Si lo pones de ese modo, yo soy el viejo por usar de frase algo que se publicó hace añooooos.

Roberto Aztlán dijo...

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[ah, pero a tí te gusta la avena. Es verdad, es verdad]
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Roberto Aztlán dijo...

Bien, bien. Ganas.




[aunque al autonombrate vieja no sé que ganas...]








...



Ya pues, síguele. Yo apenas empiezo [escribía, hiciste que recordara algo de ajedrez : )]







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Roberto Aztlán dijo...

Ya sabes el remedio para el sueño.



¡un momento! Tienes sueño por viejita...













...

Roberto Aztlán dijo...

Tomar avena para hacerte más vie...





ya pues, sigo. Sigo.

Roberto Aztlán dijo...

Por cierto: ya sé qué regalarte en tu cumpleaños lejano...






















...no, pues.











[ya acabé :)]

Anónimo dijo...

hasta no verte jesus mio
significa mas bien, hasta no ver el final o el fondo o algo asi

las copas solian traer una cruz en el fondo, asi, cuando se tomaban un buen caballito de tequila, desian, "hasta no verte jesus mio"

hasta ver el fondo.

Sophia dijo...

¡Ahora entiendo!

Ahora todo cobra sentido...

¡Gracias!

Anónimo dijo...

no se que cobre sentido pero enfin

de nada

Sophia dijo...

¿Todo bien señorito?