
A veces pasa que uno se pregunta si el amor es algo que realmente existe o es sólo una ilusión. Un asunto mercadotécnico sólo con fines lucrativos. Una máquina generadora de dinero, de placer, de sexo. Palabras bonitas, películas domingueras, sexo conciliador, nada más.
Y es que vemos el mundo infestado de sentimientos negativos que lo más común es adaptarse para sobrevivir de acuerdo a la maraña de gente que te rodea. Y que, cuando crees tener un crush no sabes a ciencia cierta si es algo real y presente, o algo ficticio y una necesidad de tu propio subconsciente de la compañía de alguien, de amarle, de tener un objeto por el cual vivir, un algo que te impulse a hacer cosas nuevas, a llegar más allá.
Sin embargo, nadie está exento de caer en ese estado de miseria mental, como lo llamó José Ortega y Gasset. Y aún después de subir y revolotear con maripositas a los lados, caer y darte el golpazo de tu vida. Muchos no suelen -ni saben- reponerse a un fracaso amoroso.
En mi opinión muy particular, el amor y el enamoramiento son dos perspectivas diferentes, que si bien pueden ir aunadas, también son independientes una de la otra. A mi corta vida ignoro por cual de las dos facetas -o por ambas, o ninguna- he pasado, sólo sé que he sentido cosas, pero ninguna como la que me embarga hoy.
Sólo puedo limitarme a sonreír, a gritar a los cuatros vientos que algo existe dentro de mí, positivo y agradable, fantástico y maravilloso; que renueva dichas escondidas y me muestra el panorama de este planeta de otra manera.
Esas ilusiones dejaron de convertirse en sueños para adoptar el nombre de metas. Creo que estoy avanzando, creo que estoy adoptando nuevos sueños, más difíciles pero más saboreables. Es delicioso sentir el disfrute de lo desconocido en otra persona, ir acompañada ahora y sin temores personales que sólo te arrinconan y no te dejan salir a la avenida, para irte a pasear junto a los botes de basura.
Es grandioso el calor que despiden las tardes lluviosas, con el ambiente fresco de la brisa aromática propia del verano, con palabras dulces embriagando mi ser, con respuestas positivas dibujadas en una sonrisa. Alguien tocó la puerta, pero ahora ya no me pregunto quién.
Ojalá todos los días fueran 21.
No importa, todos los días son y serán ochos dormidos.
"La vida comienza cuando la fantasía muere" - Anónimo

