
Ojos que aprisionan el placer de huir de sus encantos.
El hombre de mis quincenas envuelve sus promesas en su boca, les coloca un atractivo moño y me las regala cuando lo considera más apropiado. Sabe derretirme con una sonrisa honesta, jurándome que sus días están hechos para mí, tan sólo con la mirada. Abraza tierna y cruelmente, con un dolor suavecito, de esos que trasmiten un calor real, a la realidad.
El hombre que está a mi lado adereza mis mañanas acompañándome en la cocina, preguntándome que en qué me ayuda. Le gusta el hielo y me presume que puede morderlo. Ama las travesuras y le tiene miedo a lo desconocido. Sabe hacer que cada día de la semana se convierta en sábado. Escribe esplendorosos poemas eróticos que me rechinan de deseo. Camina lentamente, sin prisas, disfrutando cada paso.
Me presume quedamente, paseándome en sus manos. Le gusta susurrar palabras bonitas a mi cuello. Es cuerpólogo. Reconoce mis estados intermitentes de aburrición, enojo y fastidio; y sabe cómo quitármelos. Tiene las pestañas más bonitas del mundo. Sus dedos susurran frases indolentemente tristes, y me invade con su azul melancolía. Le gustan las estrellas. Dice que yo soy una de ellas. Perdón, todas. Mueve sus yemas sigilosamente por los más pequeños espacios que se encuentra en mí. Atina en mi consuelo. Cuando llora es tremendamente tierno. Tiene mi nombre acompañando a un corazón en su móvil. Me amenaza con quererme toda la vida, si no le doy un beso.
El hombre al que quiero mira rudamente cuando se esfuerza en hacerme feliz. Y eso me gusta. Tamborilea sus muslos al compás de la música clásica en el teatro. Tiene habilidad para los regalos inesperados. Podría ser el mejor amigo de cualquiera, pero es el mío. Cuando estoy enojada, me arroja al agua fría de una fuente dizque para ponerme alegre. Y lo logra. Me susurra que todo está bien cuando me tiemblan las piernas. Sus cómo estás carecen de retórica. Le gusta tejer sueños y luego me los cuenta. Cuando se despierta huele a rocío verde. Tiene el cabello más precioso del mundo. Jamás se ha perdido un evento importante de mi vida, ni ha cancelado ni acostumbra ser puntual. Pero lo intenta. Sabe cuando tengo ganas de jugar Scrabble y no deja que me quede con las ganas, aunque siempre me gana. Le gusta la soda italiana. Es conservador, liberal, abierto, cauto, tímido, alegre, jovial, impasible y siempre se le antoja lo que yo pedí en el restaurant. Roba papelitos de notas para dibujarme en ellas. Levanta la ceja, sonríe de lado y entrecierra los ojos cuando le hago alguna propuesta indecorosa. Es excelente en las artes amatorias. Seduce sin flores ni chocolates, sólo con las palabras justas en el momento exacto.
Ha logrado que me duerma y me levante pensando en su nombre. Ha logrado despertarme de un largo letargo.
Ha hecho que mi vida haya comenzado a los diecinueve años.
"Con frecuencia, algunos buscan la felicidad como se buscan los lentes cuando se tienen sobre la nariz" - Gustavo Dorz
13 comentarios:
Si seremos mensos! ...
Saludos!
jeje Cierto! Muy cierto. Me encantó leerte, me pasaré más seguido :).
Te espero por mi nuevo blog, y que te gusten las paranoicas superhistorias.
Saludos, nos seguimos leyendo.
Dos preguntas: ¿Porqué caraxo? ¿Porqué presumida?
Yo y mis porqués.
@Ato ¡Volviste! Estaré checando tus publicaciones con frecuencia, hacía mucho que no sabía de ti.
Gracias por pasarte por aquí, cuando gustes eres bienvenido de nuevo :)
Saludillos de vuelta :)
Egocéntrico.
Ayer, después de escuela, me fui a un café del centro. Compré unos nachos y me regalaron una taza con café muy cargado pero realmente bueno. En frente vi a una chava, bonita de verdad, pidió lo mismo que yo. Después de un rato se me acercó y justamente jugamos scrabble (o como se escriba). Nos la pasamos bien, pero ni su nombre supe. A ver cuándo la vuelvo a ver, y entonces yo te presumiré.
/
Tienes una historia de amor igual de bonita que la mía.
Pero si ni siquiera su nombre sabes, dudo que puedas presumírmela.
Aunque en realidad no lo ocupas. Yo no mencioné nombre alguno.
Por cierto, ¿ocupas la taza que te regalaron? Ya te tomaste el café... es que... ¡yo quiero una taza!
I <3 tazas.
Y lámparas.
¬¬
Me regalaron la bebida, mas no la taza. Lamento decepcionarte. Para la otra, como buen mapache, la escondo debajo del saco. Obviamente para regalártela.
He cambiado mucho, pero sigo Amándote...
Y lo bonito de la entrada es que al hombre de mis quincenas le gustaba demostrármelo.
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