
La vida es como una escalera: vas a tientas por el miedo a caer, pero no puedes contener la emoción que te produce ver la cima. Y es precisamente esa emoción la que te mantiene constante, luchando y subiendo, aunque a veces te encuentres sostenido con una sola mano, o incluso, con un sólo cabello.
Mi escalera se había enchuecado antes de conocerte. Tímida y frágil, mi escalera se sostenía con unas pequeñas astillas que brotaban de su interior. Yo deprimida y triste por ello, me había olvidado de lo bonito que se siente disfrutar tu alrededor como una gente normal. Algunos cuentan con ayudantes que les tomen de la mano para subir mejor su escalera, a otros incluso se les implementa un arnés en caso de caer; yo no contaba con ninguno de esos artefactos misteriosos que pudieran ablandar mi inminente caída.
Mi escalera seguía chueca cuando te conocí. Me bajé de la nube que me dirigiría a ti, y aún ahí tropecé y caí. Me raspé la región tenar e hipotenar de ambas manos. Me dolían las rodillas y sudé gotas de líquido frío. Pero cuando te divisé a lo lejos me engañé a mí misma haciéndome creer que nada había pasado, y aparantemente también conseguí engañarte a ti.
Te vi, me viste, nos vimos. Un momento incómodo, a decir verdad. Cuando nos encontramos de lado a lado, yo me asusté y preferí cerrar los ojos y disfrutar del ambiente. No me quedaba de otra. Entonces me aventuré a hacer algo que ahora de sólo pensarlo, me sonroja: me recosté en tu hombro. Tú ni te inmutaste, no te moviste, no hiciste ni un sólo movimiento para corresponderme o siquiera me volteaste a ver con cara de indignación o enojo. Noté tu nerviosismo y éste relajó al mío. Decidí no mortificarte más y volví a enclaustrarme en mis pensamientos musicales.
Caminamos eternamente. Las nimiedades abundaban y lo mundano se nos hacía cada vez más interesante. Las conversaciones con muchas sonrisas tensas pero honestas eran las protagonistas de la noche. Sé que creíste que te sumergí en la oscuridad forestal para intentar conseguir algo de ti. Te equivocaste. Mis pies no tenían rumbo, mucho menos mi mente.
El retorno, la vuelta, el regreso. No conseguimos más de lo que ya teníamos, salvo tiempo gastado. Olías bien. Muy bien, de hecho. Yo no, supongo. Andaba post examen y post caída y aún con mi escalera chueca.
Nos paramos en seco.
-¿Y mi abrazo?
Tu cara de sorpresa me decepcionó al mostrarme que no tenías la mínima intención de consolarme. No tenías porqué. Quién era yo. Ni que qué.
Extendí mis brazos, y me correspondiste. Una conexión bastante dura, tensa y rígida. Como por compromiso. Como si nunca lo hubiésemos hecho antes con nadie. Pero poco a poco fuimos moldeándonos, ablandándonos, aflojándonos, hasta quedar entrelazados como una hiedra sobre un árbol. He de decir que tú eras el árbol. A mí me gusta ser la hiedra.
Lentamente recosté mi cabeza en tu hombro, para saborear tu aroma y tocar tu saco de pana con mi mejilla. Mis fresas salieron a relucir cuando no te contuviste y me pediste una. ¡Eso no se pide, se arrebata, se roba! Mi sonrisa te aseveró la afirmación:
-¿Quieres?
Cerrar los ojos estaba previsto. El suave carmesí se fundió con el corazón de carne chapado. Las falanges del uno se intercalaron con las del otro. Los pechos se asfixiaron al quedarse sin aire, pues el aliento alimentaba la parte superior del encuentro. Los fuertes músculos se escondían, temerosos de considerarlo muy pronto. Las respiraciones se entrecortaban de vez en vez, pues el nerviosismo no parecía ceder. Un dolor que despacito se alejaba, para darle paso a un nuevo renacer. Había una sonrisa interna que abrigaba el frío de los vasitos que se dilataban. Un agradecimiento eterno por ese día, por esa noche, por ese suceso, por tu presencia.
Y poco a poco, fuiste enderezando mi escalera...
Mi camino.
Mi vida.
"Nada está construido en la piedra. Todo está construido en la arena. Pero debemos construirlo como si la arena fuese piedra" - Jorge Luis Borges
5 comentarios:
Precioso y una certera frase de Borges
Solo un cimiento es inmovible y es en las rocas... la vida es complicada (o sea precisa dediccion,tiempo y persistencia) para que alcanzar lo que esta lejos.
Tal vez no siempre encontremos apoyo en otras personas, pero siempre podemos contar con Dios quien esta dispuesto asostenernos cunado trasbillamos
qu estes muy bien, un Abrazo.
Au revoir.
Se me eriza la piel cada que lo leo (y es en serio).
Me encantó, muy bueno :D
Seria un hipócrita si dijese que no he colocado alguna vez mi corazón en un escaparate.
Me parece una buena catarsis.
Las personas sensibles son las que mas sufren, pero añadido a eso también son las que viven mas.
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